Si yo hubiera tenido entonces un megáfono habría gritado, en democrática soledad: “No seáis plastas, iros ya”. “¡No quiero unirme, ni quiero mirar!”
A ver: es un primer tópico decir que el 15-M al principio recogía lo que millones pensaban. Y sea. Las cosas estaban tan mal en el zapaterismo que era para eso y más. Segundo tópico: han perdido fuelle, los de 15-M, porque no saben organizarse…
Un tópico, el segundo, verdadero: si solo saben tenernos despiertos hasta las tres de la madrugada, sonar el bombo, herir a algún policía, ser detenido para luego protestar por las detenciones, la cosa deja de tener chicha.
Lo de la asamblea está muy bien para jugar en un juego de rol o en una aldea primitiva. Pero en la sociedad compleja de hoy o uno se organiza, presenta un programa, lo somete a votación, nombra a unos representantes y se dispone a hacer algo o es mejor que se vaya con el bombo a otra parte.
Es la pesadez de siempre lo mismo. Es verdad que en política existe esa pesadez, pero no es imaginativo contestar con esa insistencia en eslóganes vacíos, sosos por obvios, mediocres y aptos solo para encefalogramas no demasiado picudos.
No basta que los demás lo hagan mal para que mi protesta sea buena. En estos últimos años la política española no ha destacado por su líderes. Pero, ¿a los del 15-M les gusta, por ejemplo, Toxo o el Cándido? ¿O Cayo Lara, el inefable Cayo?
¿Y qué os parecen los oráculos que os dan coba, como el Gabilondo? ¿Ahí está el futuro?
“¡Vamos, anda!”, que diría un castizo el 15 de Mayo que era San Isidro. “Anda y que ondulen con la permanén”.