En el epílogo, una cita del Cantar de los cantares da la clave de esta excelente y dura novela: "El amor es fuerte como la muerte, implacables como el infierno los celos" Grossman en todas sus novelas desarrolla, más o menos, lo que es una clave de su pensamiento: solo a través del amor, podemos saber quienes somos; pero el proceso amoroso tiene mucho de imaginativo, mucho, -demasiado diría yo- de mí mismo, de egoísmo, construimos a quienes amamos y a quienes odiamos, haciéndolos nuestros. El lector puede estar totalmente en desacuerdo con esta visión, como yo mismo lo estoy, porque creo que es una forma pobre de convertir algo trascendente en tremendamente inmanente, de destruir toda su belleza y toda su riqueza; pero el autor intenta de un modo o de otro justificarla.
Siguiendo la cita bíblica, en esta novela se trata del infierno, de los celos. Shaul, con una pierna enferma se mete en un coche con su cuñada Esti a la que utiliza de chofer y de aliada de su delirio para descubrir la traición de su mujer Elisheva. El viaje tiene por objeto desenmascarar la supuesta infidelidad de su mujer. El juicio lo basa en que habitualmente se va de su casa por las tardes a nadar y vuelve con el pelo mojado y con una bolsa al hombro, que según Shaul es solo una manera de disimular el tiempo que pasa con otro hombre. Y aquí comienza lo sorprendente: va a inventar todo tipo de situaciones, historias que corroboren la supuesta verdad, con una minuciosidad enfermiza, parándose en detalles escabrosos, diálogos de una audacia tremenda, que cada vez se hacen más reales. Todo este mundo fantástico, pura elucubración, va produciendo en él un infierno de dolor. Los celos van llegando a su máxima fuerza psicológica, ya no son invenciones, son realidades palpables, ya no es un dolor tangencial, sino un dolor absoluto que llega a la médula del protagonista.
La cuñada, una mujer vulgar, va cebando con sus preguntas llenas de curiosidad el relato: "Cuéntamelo todo, Shaul" y a él no le cuesta nada ir relatando, porque ve a su esposa con su amante, oye sus palabras, nota en su propia piel su mano, la caricia, e intuye que con ese hombre hace todo lo que le gustaría que hiciera con él y que no ha tenido ocasión de experimentar. No solo su cuñada Esti, sino nosotros mismos, llegamos a pensar que el adulterio es real.
El relato es erótico frecuentemente y la maestría de Grossman no rebaja en nada su realismo, mas teniendo en cuenta que en esas descripciones aparece toda su sensibilidad oriental, sutil, sin reparo en caer en detalles físicos a los que una palabra bien conducida estremece al lector.
Inicialmente fue incluida en el volumen La memoria de la piel, pero ahora se edita, de forma independiente.
Delirio
David Grossman
Lumen, Barcelona, págs 232. TO: Trad Ana María Bejarano