Hugo Garavito Amézaga | 24-11-2007
En el siglo pasado la consigna de la izquierda y los nacionalismos latinoamericanos era ?¡Yanquis go home!. La presencia económica de Estados Unidos en el continente, y sus intervenciones militares, eran caldo de cultivo para los radicalismos marxistas y de toda especie.
Hoy hay una nueva presencia: las empresas españolas que desde mediados de los noventa, se han convertido en las principales inversores en la región, después de EEUU. En total, la inversión bruta española asciende a más de 129.000 millones de euros entre 1993 y junio de 2007, según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, tomando el control de las principales compañÃas de la región. El ?imperialismo? cambió de rostro.
Veamos algunos ejemplos: BBVA y Santander tienen las mayores franquicias bancarias de la región; Repsol posee YPF, la mayor petrolera argentina; Telefónica controla los principales grupos de telefonÃa de Brasil, Venezuela, Chile y Perú; y Endesa es el operador eléctrico privado más relevante del conjunto de Latinoamérica. Los problemas que antes tenÃan los gobiernos con la Standard Oil o la United Fruit, hoy los tienen con Repsol, Endesa o Telefónica.
Todo esto se complica por la existencia de un bloque populista izquierdizante en América Latina, cuyos ejemplos más claros son Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Chávez y sus aliados critican a menudo a las empresas españolas, acusándolas de buscar sólo ganar dinero sin importarles la situación social y económica de los paÃses
Pero las dificultades también se dan con Argentina: por un lado Repsol, que está negociando la venta del 25% de YPF a un empresario amigo personal del presidente argentino y, por otro, el Grupo Marsans, propietario de AerolÃneas Argentinas, compañÃa con un altÃsimo nivel de conflictividad laboral donde el Estado argentino quiere aumentar su participación.
Todo este clima, que se produce no sólo a nivel de los gobiernos, hizo crisis en la última Cumbre Iberoamericana. Hugo Chávez lo supo aprovechar y sus crÃticas a las empresas españolas, fueron secundadas por Nestor Kirchner y Daniel Ortega. "Los empresarios españoles me corrÃan por todos lados y yo no tuve más remedio que pelear", destacó el presidente argentino en un discurso que suponÃa su despedida oficial de sus homólogos.
Por eso, la reacción Latinoamericana de apoyo a la intervención del Rey Juan Carlos, y la condena las impertinencias de Chávez, ha sido tenue. Y el presidente venezolano ha seguido con un discurso, que le permite presentarse como el nuevo BolÃvar luchando por la independencia frente al colonialismo español.
En la XII Cumbre, Chávez y sus aliados pusieron la agenda, haciendo aparecer al Rey Juan Carlos y al presidente del gobierno, José Luis RodrÃguez Zapatero, como defensores de las empresas españolas ante los cuestionamientos latinoamericanos. Sobre todo porque Chávez se cuidó de atacar a España o a su gobierno, y sólo dirigió sus dardos contra las empresas y José MarÃa Aznar. El Rey Juan Carlos retirándose ante la crÃtica por parte de Danuiel Ortega, a una empresa española, pesa mucho más que sus palabras a Chávez en el imaginario colectivo latinoamericano.
Cuando Chávez denuncia que José MarÃa Aznar y empresas españolas estuvieron involucrados en el golpe contra él en el 2002, asocia la imagen de los marines interviniendo en Nicaragua o en San Domingo, para proteger las inversiones estadounidenses
Tampoco ayudó que la reunión fuera precedida por las declaraciones del presidente de la CEOE, Gerardo DÃaz Ferrán, quien esta manifestó su preocupación por la inseguridad jurÃdica que existe en Venezuela, Bolivia y Ecuador
Todo esto explica la prudente y moderada actitud de los paÃses no chavistas, a quienes tampoco les interesa ser señalados como portavoces de intereses económicos hispanos. No olvidemos, para citar algunos casos, las crÃticas en el Perú al contrato con Telefónica que firmó el ex presidente Alberto Fujimori; o en Nicaragua donde se culpa a Endesa por los fallos en la red eléctrica.
Mezclados con intereses económicos y comerciales las Cumbres Iberoamericanos, están condenadas a desaparecer. Estos eventos se desvirtúan no sólo con intervenciones como la de Chávez; sino también, cuando Zapatero, por ejemplo, plantea ?más allá de que sea justificado o no- en la cita al presidente de Ecuador Rafael Correa su inquietud luego que desde el mes pasado entró en vigencia un nuevo reparto de los beneficios extraordinarios del petróleo. Según el nuevo reparto definido a través de un Decreto Ejecutivo, el Estado ecuatoriano recibe el 99% de los ingresos por el alto precio del crudo, mientras que el 1% restante queda en manos de las petroleras extranjeras que explotan en los campos ecuatorianos.
España debe comprender el cambio que se ha generado en la percepción que tiene América Latina de la penÃnsula, con el crecimiento de sus inversiones en la región. Y el buen provecho que sacan de ello, personas como Chávez. Es necesario desarrollar nuevos mecanismos de diálogo y entendimiento, porque las Cumbres Iberoamericanas quedaron desfasadas. Asimismo, las empresas españolas deben comprender las susceptibilidades ?con cierta carga histórica- que existen en la región.
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