PabloJ. Irazazabal | 21-06-2008
Propongo que a la UE (Unión Europea) se le cambie de nombre para que pase a ser la DUE. ¿Qué significa la D?. Ponga cada uno lo que más le apetezca: Desconcierto, Desavenencias, Divergencias, Dudas, Dolores de cabeza… Pero creo que mejor que ninguna otra lo que cuadra a la situación que estamos viviendo los europeos es: Desunión. Así, la Unión Europea se convierte en la realidad de hoy: la Desunión Europea.
Ya alcanzábamos la semana pasada a recoger la noticia de que menos de 900.000 irlandeses paralizaban la integración de Europa al dar su no en referéndum al Tratado de Lisboa, que es un remedo de Constitución y que exige la unanimidad de los 27 socios de la supuesta Unión para que todo siga adelante.
Las reacciones a ese no han sido muy variadas:
• Ser estrictos en la interpretación del Tratado, aceptar la fatalidad, considerar que se han perdido casi diez años en la historia de la integración y pensar en otra cosa
• Considerar que aquí no ha pasado nada y seguir luchando para que los siete países que todavía no han dado su sí (España, República Checa, Bélgica, Países Bajos, Italia, Suecia y Chipre) lo hagan cuanto antes. Aunque sería absurdo aprobar una norma que estuviera en contradicción con lo que se ordena
• Minusvalorar el no de Irlanda y asegurar –al compararlo con el destrozo que causó en su momento la negativa de Holanda y de Francia—que una cosa es el no de Francia y otra el no de Irlanda. Mal camino cuando se viene demostrando que la sensibilidad está a flor de piel y que las apetencias de poder están en el fondo de todos los malentendidos.
Es curioso, cuando menos, que se produzcan situaciones que llaman la atención: que Bruselas, capital de la neoEuropa, no haya ratificado aún. O que la República Checa todavía no sabe si su legislación nacional permitirá dar el sí, a la espera de un referéndum que lo determine. Con lo cual, aunque se salvara el escollo presente de Irlanda, podríamos darnos de bruces con el no de los checos en el otoño.
Así, aprovechando que el Consejo pasaba por Bruselas, los 27, que estaban decididos a resolver dos cuestiones de primer orden:
1) El obstáculo institucional
2) La situación –sobre todo económica-- creada por la subida incesante y desenfrenada del petróleo
se han conformado con aplazar los problemas hasta el próximo Consejo que se celebrará el 15 de octubre y pensar en las vacaciones. Avestrucismo puro y duro.
Antes de esas vacaciones –al menos las oficiales—el Congreso de los Diputados de España debatirá, el próximo 26 de junio, la ratificación que llegará después de que la haya aceptado el Senado y todo antes de ese 15 de octubre emblemático.
Es de destacar que la personalidad política más interesada es la Canciller alemana Anjela Merkel. Pero las condiciones que pone son utópicas: Quiero que vaya deprisa y que vayamos todos (los 27) juntos.
¡Qué ilusiones se concentraron el 25 de marzo de 1957 a las 13.00 h. en el Salón de los Horacios y Curacios de Roma cuando se firmó el Tratado que lleva el nombre de la capital italiana y que fue, de verdad, la primera piedra para la construcción de Europa!.
Pero luego han venido todos los obstáculos: la intransigencia de De Gaulle, las reticencias de Londres, las rebeldías frente al euro, el fracaso de la Constitución a manos de los mismos que la crearon, Niza, Lisboa…
Su Majestad el Rey, D. Juan Carlos, ha dicho –al entregar en Yuste, en la 7ª edición el Premio Carlos V a la francesa Simone Veil-- : “…los ideales de una Europa, más unida, más justa, más próspera, solidaria y resuelta a desterrar para siempre la intolerancia, la barbarie, las guerras y las divisiones”.
Pero este lenguaje recuerda más al que utilizó S.S. Juan Pablo II en Santiago de Compostela, al despedirse de su primer viaje a España, que al que se habla hoy en Bruselas.
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