Hugo Garavito Amézaga | 19-08-2007
"Me desplazaba en mi coche por el centro histórico de Lima. ConducÃa con cuidado, porque era hora punta, con gran cantidad de vehÃculos y gente por las calles. La noche se apoderaba de la ciudad y comenzaba el retorno al hogar."
"HabÃa sido un dÃa excepcional, ligeramente soleado, después de casi una semana de soportar un cielo gris y un clima húmedo y frÃo. Pero no sabÃa hasta que punto iba a ser excepcional ese miércoles 15 de agosto.
Las 18.41
A las 18.41 horas, mi coche pareció cobrar vida. Brincaba como si algo lo levantara violentamente del pavimento. Miré por la ventana vi como se sacudÃan con fuerza los postes del alumbrado público, mientras estallaban los vidrios de algunas ventanas y el asfalto subÃa y bajaba. La gente corrÃa despavorida, buscando lugares abiertos. Algunos de rodillas, con los brazos abiertos, clamaban al cielo:
-¡Señor, aplaca tu ira?!
Vino el segundo intenso remezón. No me cabÃa ya ninguna duda, porque no era el primer sismo que vivÃa, y murmuré las palabras tan temidas: ¡Terremoto?!.
A las 18.43 todo habÃa terminado. La costa central del Perú habÃa sido golpeada. No sabÃa en ese momento que, en los dos minutos de terror, a unos 300 kilómetros al sur de Lima, la ciudad de Ica, estaba devastada y las de Cañete y Chincha, más cercanas, sufrÃan una gran destrucción; y que el puerto Pisco, prácticamente no existÃa, convertido en un montón de escombros. Todos los servicios, como agua o luz, estaban colapsados. Los hospitales derruidos; y las carreteras de acceso arruinadas.
Tampoco conocÃa que en esos 60 segundos de pánico, que parecieron eternos, habÃan muerto más de 500 personas y los heridos sobrepasaban los mil 500. Y eran noventa mil los damnificados.
En Lima el balance no era tan destructivo: algunas casa desplomadas, sobre todo antiguas, un incendio en el barrio del RÃmac y aproximadamente unos 5 muertos; aunque ciertas zonas de la capital peruana estaban sin luz ni agua.
Pero existÃa un problema adicional. La capital peruana mira el océano desde unos acantilados. Debajo de ellos, corre una avenida costera, llamada Costa Verde. El sismo hizo que se desprendieran rocas sobre la avenida al pie del mar. Por la televisión se advirtió que no se usara, por el grave peligro que representaba. Otro sitio donde se desprendieron los cerros fue en la carretera central.
Incomunicados
Lo que aumentaba nuestra desesperación, era que todo el sistema telefónico del Perú habÃa colapsado, tanto fijo como móvil. El paÃs estaba incomunicado. Era imposible saber como estaba la familia o llamar por una emergencia. Lo único que nos mantenÃa enlazados era la televisión. Por la información que iba dando, nos comenzábamos a dar cuenta de la magnitud de la tragedia.
Pronto supimos por las redes televisivas, que el epicentro del terremoto estaba ubicado en el mar, a 148 kilómetros al sur-suroeste de Lima y a 110 kilómetros al noroeste de la ciudad de Ica, a unos 40 kilómetros de profundidad y a 60 del puerto de Pisco. Y que el terremoto habÃa tenido una intensidad entre 7.9 y 8 grados de la escala de Richter.
Pasado el sismo, Lima seguÃa aterrada, sobre todo por las replicas o temblores que se producen a continuación de un terremoto. No se nos habÃa quitado el susto, cuando sonó la alarma preventiva de tsunami.
Vivo a una media manzana del acantilado. Me acerqué hasta el malecón. El mar, efectivamente, estaba embravecido ?rugÃa de manera atemorizante- y se habÃa alejado de la orilla. Calculé que los maremotos más grandes de la historia del paÃs habÃan llegado a 21 metros, y el farallón, tenÃa más de 30. Por tanto, decidà quedarme en mi casa.
Algunos distritos, como La Punta ?asentado en un brazo de tierra que penetra en el mar- fueron evacuados. Sin embargo, el tsunami no se produjo; aunque si hubo un maretazo. En Lima el mar invadió las avenidas costeras; y en Pisco el fenómeno fue especialmente fuerte, el océano penetró hasta la destruida ciudad, arrojando en sus calles los barcos de pesca.
Terremotos y maremotos
Los terremotos y maremotos han inflingido graves daños al litoral central del Perú en 43 oportunidades en el los últimos cinco siglos. El terremoto de 1604 generó un maremoto con olas de 15 metros de altura.
Lo que sucedió en 1746 ha sido el fenómeno más devastador en la historia del paÃs, destruyó Lima y otras ciudades, La ola marÃtima originada alcanzó los 21 metros de altitud, arrasó el puerto limeño del Callao, en donde sobrevivieron sólo 200 de sus 5 mil habitantes.
El terremoto que afectó el sur del Perú y norte de Chile en 1868, destruyó varias ciudades y generó un maremoto con olas de 14 metros de altura.
Finalmente, el terremoto que se produjo el 31 de mayo de 1970 en la costa y sierra norte peruanas, está entre los 20 más devastadores del siglo XX en el mundo, pues causó la muerte de más de 70 mil personas y dejó160 mil heridos.
En ese sismo fue borrada del mapa Yungay, una ciudad en la zona andina del Callejón de Huaylas, totalmente sepultada por una gigantesca ola de barro, que sobrevino como consecuencia del terremoto, al caerse un pedazo de cerro sobre una laguna de la cordillera. Sólo se salvaron los niños, que estaban en un cerro vecino esperando el inicio de una función de circo; y terminaron presenciando impotentes, como desaparecÃan, para siempre, su familia y su ciudad.
Hoy donde estuvo la ciudad, hay un parque nacional. Debajo de él descansa Yungay y sus habitantes. Nunca se ha permitido excavar, en lo que es tal vez la más grande tumba del Perú. Una versión de Pompeya en el siglo XX .
CÃrculo de fuego
Al horror vivido en 1970 ?que recuerdo como si fuera ayer- sumaremos ahora esa hora fatÃdica de las 18.41, de un 15 de agosto de 2007, y el saber que es inevitable nuevos terremotos o maremotos. Desde chicos nos han enseñado en las escuelas, que el Perú se encuentra localizado en la región conocida como "Cinturón de Fuego del PacÃfico", donde se producen aproximadamente el 85% de los terremotos que ocurren en el mundo, además de importante actividad volcánica.
Todo este proceso sucede por la interacción de las placas tectónicas. En el caso del Perú vivimos sobre la placa sudamericana, la misma que se desplaza lentamente hacia el oeste a razón de 3 a 5 cm. cada año. Pero frente a nuestras costas se localiza otra placa: la de Nazca, más densa, la misma que conforma el fondo del océano. Esta placa se mueve de oeste a este (en sentido contrario a la placa sobre la que nos asentamos).
Estas placas colisionan entre sà desde hace millones de años, a una velocidad relativa de 10 cm/año, siendo la placa de Nazca la que se introduce por debajo de la sudamericana dando origen al proceso conocido como subducción, generando gran actividad sÃsmica. El 80% de la actividad telúrica que afecta al territorio peruano, se origina por el choque de estas placas.
Lo sucedido a las 18.41 del 15 de agosto, dirán los cientÃficos, fue un choque más de esas placas. Pero más allá de la frialdad de la ciencia, está el drama humano que vivimos en el Perú. Restañaremos las heridas?hasta el próximo sismo? "
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