Carlos Arroyo | 14-06-2008
El sistema político que nos hemos dado, presenta, conforme van pasando los años sus vicios, sus quiebros y dificultades y una de ellas es la falta de control que el poder político exhibe en el mismísimo momento en el que la oposición deja de ejercer su labor o el presidente de turno es mas vago de lo normal o no le gusta el trabajo para el que ha sido elegido.
Ese y no otro, es el problema que nos han descubierto los huelguistas a lo largo de la semana y del que hemos sido conscientes, pero que muy conscientes todos los ciudadanos, sufridores de unos problemas que un estado moderno, una España democrática y uno de los doce primeros países del mundo occidental, no puede sufrir. Pero para ello es necesario que el sistema funcione y funcione bien. Sin embargo, lo primero que se aprecia es que el Gobierno no e tal. El Gobierno que se ha montado don José Luis es un grupete de amigos cuya única misión es entretener al personal, para su jefe, don José Luis, no tenga porque preocuparse de nada y se pueda dedicar a las cosas que le gustan: la alianza de civilizaciones, la educación para la ciudadanía, la persecución de la Iglesia, la invención de un nuevo idioma lleno de un vocabulario machista que ni les cuento, gastarse nuestros dineros en programas de subvenciones para ONGs que nadie sabe a que se dedican, desplazarse a otros países para descanso y solaz de su familia, etc. Eso si, cada vez que tiene una sesión de control, sea en el Senado o en el Congreso, la cara se le avinagra, se le tuerce el gesto y la salida habitual es decir que la oposición no tiene ni idea, que cuando estaban en el Poder, hace ya cinco años, las cosas iban peor.
En sus contestaciones la oposición no es que esté brillante, ni el sistema permite u n buen careo, por lo tanto, salvo el “careto” que lleva don José Luis, pasan siun pena ni gloria. Dando un paso mas, sería exigible que su labor fuese algo mas dura, mas crítica. La situación económica es ya mucho mas que preocupante. La crisis una realidad, y por mucho que se empeñase en negarla un Gobierno, si enfrente tuviese a una autentica oposición la historia la estaríamos contando de otra manera muy distinta. Pero, para desgracia de los habitantes de este país, el uno y los otros están mas que adormecidos. El primero, lo dicho: Su problema es que no le gusta trabajar. Los segundos, sumidos en un sin fin de peleas internas no están para estos líos y se dedican a otras cosas.
Pero bueno, a falta de jefes, sería posible que los segundos tomasen las riendas del poder. Pero tampoco. La Vicepresidente primero, no vale para nada mas que, cual pájaro loco, anatemizar a todo aquel que critique al jefe. El Vicepresidente segundo, con inventarse disculpas para no utilizar la palabra crisis, tiene toda la jornada laboral ocupada. Mientras el responsable de Interior, responsable por tanto del tráfico, la seguridad, etc, pues se dedica a ocultar a la Policía, para que nadie pueda hacer una foto de un Gobierno socialista criticado por trabajadores y unos policías repartiendo estopa y poniendo orden. Pero al final, la foto se hace y el orden vuelve, peo el mal esta hecho.
Cuando las cosas se hacen tarde y mal, terminan como nuestra huelga, sin terminar, sin cerrar las heridas y con focos por terminar de curar.
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