Miguel Platón | 15-03-2008
La concentración del voto de la izquierda y una reacción de simpatÃa causada por el asesinato a manos de ETA del ex concejal socialista IsaÃas Carrasco, cuarenta y ocho horas antes de la jornada electoral, proporcionaron el pasado domingo al Partido Socialista una nueva victoria, esta vez sin las terribles connotaciones del 14 de marzo de 2004. El Partido Popular ganó espacio de centro al PSOE, subió casi medio millón de votos y media docena de escaños, pero ha vuelto a quedarse en la oposición.
Una exigente ley electoral y el afán del electorado por votar a los partidos con opciones de gobierno han terminado por conducir a una situación de fuerte bipartidismo, sin apenas espacio para nadie más. El PSOE y el PP suman el 84 por ciento del voto popular y el 92 por ciento de los escaños, porcentajes de los que no habÃa precedentes, pero que son el fruto de una lenta consolidación, sin trazas de cambiar en el futuro de manera significativa. Al comienzo del actual régimen democrático, Unión de Centro Democrático pudo formar gobierno con el 35 por ciento del voto popular. La concentración en los dos grandes partidos ha elevado hoy el listón bien por encima del 40.
Izquierda Unida es un partido amortizado, cuya recuperación no es imposible, pero sà muy problemática. Los nacionalistas, asimismo, han experimentado un fuerte retroceso, lo que clarifica para bien la polÃtica nacional. El caso del Partido Nacionalista Vasco ha sido más que notable, puesto que tuvo el peor resultado en treinta y un años de democracia. Los planes del presidente vasco, Ibarreche, para convocar un referéndum de autodeterminación, son hoy en términos polÃticos un chiste.
El lÃder del PP, Mariano Rajoy, no pensó en dimitir cuando advirtió el crecimiento de su partido, pero ha emprendido ya un proceso de renovación, que se completará en el congreso anunciado para junio. Con 169 escaños, el gobierno socialista no tiene tanta prisa, aunque ya se adelanta que en la nueva legislatura no habrá las ?aventuras? de la anterior.
Como siempre que hay unas elecciones, el contador ha vuelto a ponerse a cero. Unos y otros se preparan para aprovechar las nuevas oportunidades.
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