Miguel Platón | 08-03-2008
A cuarenta y ocho horas de las elecciones generales sólo es posible disponer de algunas evidencias: la primera es que todas las encuestas pronostican una ventaja del Partido Socialista, situada entre dos y cuatro puntos porcentuales; la segunda es que los dirigentes del Partido Popular, tanto en declaraciones públicas como en privado, aseguran que sus estudios reducen o incluso anulan esa ventaja de sus rivales, y que han percibido un apoyo de los ciudadanos más intenso que el de cualquier campaña anterior; la tercera es que el PSOE ha centrado sus últimos esfuerzos en conseguir una alta participación, lo que significa que perciben a la abstención de sus antiguos electores como un factor más peligroso incluso que el PP.
Este último dato muestra una de las contradicciones que desde hace meses preocupa a los sociólogos electorales y que no se resolverá hasta conocer los resultados. La contradicción es que el PP mantiene una mayor fidelidad de voto de sus electores de 2004 ?en torno al 90 por 100-, mientras que sólo el 80 por 100 de quienes votaron socialista aseguran que repetirán. Si el domingo 9 su actitud fuera exactamente la que dicen las encuestas, el resultado serÃa de empate, puesto que los trasvases de voto entre ambos grupos son muy limitados. La clave del pronóstico, en consecuencia, radica en dos colectivos: el de quienes ya no votarán porque han fallecido y el de quienes votan por vez primera, es decir, quienes tienen entre 18 y 22 años. Como el PP tiene más apoyo en los electores de más de 64 años y el PSOE gana entre los más jóvenes, la ?cocina? de las encuestas deduce la victoria de los segundos.
¿Será asà el 9 de marzo? Puede que sÃ. Sin embargo, la diferencia es tan pequeña que resulta difÃcil estar seguro. Ello explica que los socialistas pongan todo su empeño en promover una alta participación, puesto que sus electores están, en general, menos motivados que los del PP: el núcleo polÃtico más decidido los constituyen hoy unos diez millones de electores que no soportan la polÃtica de z.
Por otra parte y aunque no haya sido perfecta, la campaña del PP ha sido la mejor en mucho tiempo. El pronóstico general es que, incluso en el caso de perder, sus resultados serán algo mejores que los del 2004. El tiempo de la especulación, sin embargo, termina. La ruleta electoral ha empezado a girar, las campanadas de la medianoche del viernes equivalen al ?no va más? del croupier y las apuestas se amontonan sobre la mesa. Brinca ya la bolita sin que la vista pueda seguirla, pero está a punto de posarse en algún número que, de forma inevitable, será rojo o negro, par o impar, pasa o falta.
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