Crónica Económica

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Hugo Chávez, el nuevo Bolivar

Hugo Garavito Amézaga  |  04-11-2007

Don Simón Bolívar en 1826, era dictador del Perú, con plenos poderes, y contaba un Congreso sumiso a sus deseos. Además, tenía en sus manos el país que había creado y llevaba su nombre: Bolivia. Pero nada de esto le bastaba y redactó la llamada constitución Vitalicia, que lo convertía en presidente vitalicio ?todopoderoso- de los dos países.


El artículo 80 decía que el presidente vitalicio era ?jefe de la administración del Estado, sin responsabilidades por los actos de dicha administración?. Es decir, podía hacer lo que le diera la gana y no respondía por ello. Pero eso no era todo, tenía la facultad de nombrar heredero, con la venia del Congreso, y destituirlo sin dar cuenta a nadie.
La Constitución Vitalicia fue sometida a aprobación de los Colegios Electorales, no al de un Congreso; y Bolívar ejerció todo tipo de coacciones y violencias, hasta fue torturado un obispo, para conseguir su ratificación. Como señaló Salvador de Madariaga su actitud era ilegal ?conforme a los plebiscitos de que los dictadores, desde Napoleón a Hitler (y podríamos añadir a Hugo Chávez), se han servido para asaltar el poder, eliminado las instituciones creadas por la evolución liberal?.
Por eso, con toda razón, Hugo Chávez reclama el sello bolivariano de su gobierno. Y ahora un Congreso totalmente controlado por él ha aprobado un paquete de reformas constitucionales para convertir el actual texto en una Constitución Vitalicia, que le va a permitir al presidente permanecer indefinidamente en el poder en Venezuela. Estos cambios se van a someter a plebiscito el 2 de diciembre.
Chávez ganó las elecciones en 1998 y, acto seguido, convocó una Asamblea Constituyente para promover un nuevo marco legal y fundar la República Bolivariana. La Carta Magna chavista de 1999, que sustituyó a la de 1961, aumentó de cuatro a seis años los periodos presidenciales, aunque sólo permitía una reelección.
En el año 2000, fue nombrado presidente -con la nueva Constitución- y reelegido en diciembre del pasado año. Ahora con la reforma constitucional, el período presidencial aumenta de 6 a 7 años -el más largo de América Latina- con reelección sin límites.
La oposición, encabezada por los estudiantes, ha salido masivamente a las calles, para pedir el no en el plebiscito. La respuesta chavista, como en su momento fue la de Bolivar, ha sido la violencia y la intimidación. Las manifestaciones pacíficas, han sido reprimidas con bombas lacrimógenas, perdigones, piedras y golpes de la policía no sólo en Caracas; sino en San Cristóbal, capital del estado Táchira, Ciudad Bolívar, Barquisimeto y Coro.
Por añadidura grupos chavistas se enfrentaron también a las manifestaciones y sabotearon sus marchas, lo que derivó en disturbios y provocó la intervención de los cuerpos de seguridad. Tras la manifestación de los estudiantes, un grupo de motoristas chavistas invadió la Universidad Central de Venezuela, para apedrear las ventanas del rectorado y lanzar bombas lacrimógenas.
El movimiento universitario, denominado «Manos Blancas» y encabezado entre otros por Stalin González, Yon Goicochea, Freddy Guevara y Ricardo Sánchez, ha señalado que no se siente desmoralizado a pesar de haber sufrido varias bajas en los enfrentamientos que tuvieron.
Con su proyecto, Chávez busca perpetuarse en el poder indefinidamente y cambiar la estructura jurídica, política, económica y social del país hacia un modelo socialista estatista, restringiendo la propiedad privada. Asimismo, se otorga potestad al Estado para ocupar previamente un bien sometido a proceso judicial de expropiación.
Las reformas, siguiendo el modleo cubano, crean un Poder Popular basado en comunas, destinada a quitar recursos y facultades, a los ayuntamientos y otras organizaciones, fruto del voto y de la democracia representativa.
Desde su reelección el pasado mes de diciembre, el Ejecutivo venezolano ha completado un amplio plan de nacionalizaciones de empresas estratégicas en telecomunicaciones, electricidad y petróleo. También ha amenazado al sector financiero, al minero, al de alimentos, a la sanidad y a la educación privada con correr la misma suerte si no aprenden a convivir con la revolución.
Entre las modificaciones destaca también la supresión de las garantías judiciales y del derecho a la información en tiempo de crisis. La norma permitiría al gobierno detener a personas sin orden judicial y mantenerlas en prisión, sin cumplir los requisitos establecidos en las leyes, siempre que se presenten "circunstancias que afecten gravemente la seguridad nacional". También se permitiría la instauración de mecanismos de censura previa.
Se elimina igualmente el límite de duración del Estado de Excepción; y se confiere únicamente al Ejecutivo la potestad de evaluar si cesaron las causas que en un principio dieron origen a la suspensión de garantías.
Por otro lado, la libertad de expresión está severamente restringida en Venezuela. El gobierno, después de cerrar la cadena opositora RCTV, controla la mayoría de los medios de comunicación electrónicos.
El abogado Héctor Faúndez, del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Central de Venezuela, advirtió que las modificaciones "son incompatibles con la Convención Americana de los Derechos Humanos, cuyo artículo 27 señala que no se pueden suspender las garantías judiciales indispensables para la defensa de los derechos".Aseguró que el nuevo artículo "es un retroceso respecto a lo que está vigente en materia de derechos humanos y de acuerdo con el principio de la progresividad, seria inadmisible".
Finalmente, el modelo chavista será el que influirá en sus satélites: Ecuador y Bolivia. Con ellos, Chávez, imitando una vez más a Bolívar, pretende una versión de la Federación de los Andes, hoy llamada Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), bajo su égida personal vitalicia y con el apoyo entusiasta de Cuba.
Correa y Morales, están siguiendo el mismo guión: restricción de las libertades, socialización y reforma de la Constitución, para poder perpetuarse en el poder y consolidar la dictadura. Todo manteniendo un formalismo legal, pero vaciando de contenido a las instituciones. ¿Hasta cuando permanecerán las naciones democráticas, pasivas frente a la desestabilización de la región y la opresión de sus pueblos?.