Pablo J. de Irazazabal | 10-05-2008
Phil Cowley, Profesor de Ciencia Política de la Universidad de Nottingham, decía así del Premier Gordon Brown dos días antes de celebrarse las recientes elecciones locales del Reino Unido: “La imagen que mejor refleja su estado es la del Coyote corriendo detrás del Correcaminos. Ha llegado un momento en el que no hay suelo bajo sus pies, pero él todavía no lo sabe. Si este jueves cosecha una severa derrota, será difícil que pueda remontar”.
Y, como dice el Profesor Cowley, ni siquiera se ha dado cuenta de que le falta la tierra. Ante los micrófonos de la BBC se ha atrevido a asegurar: “Desde luego que nos recuperaremos. Le diré cómo:
1º.- Solucionando el problema inmediato con la Economía y mostrando a la gente que podemos superar los tiempos difíciles como hicimos en el pasado.
2º.- Mostrando a la gente que tenemos la visión de futuro para llevar a este país de una forma optimista hasta la próxima etapa.
Estoy decidido a hacerlo y tengo convicciones e ideas, por eso unos titulares (de prensa) no me van a apartar del trabajo que estoy decidido a hacer por este país”.
Pero no se trata ahora de hacer discursos electorales. El analista político de “The Times”, Peter Riddle, ha presenta-do evidencias incontestables:
La de Harold Wilson, en 1968
La del Gobierno Callaghan, en 1977
La de John Major, en 1995
La comparación de estas situaciones con la actual de Gordon Brown le lleva a Riddle a una afirmación categórica: “No ha habido un solo Gobierno británico que haya logrado recuperarse de una derrota como la del Jueves”.
De modo que, ahora, Brown se enfrenta a dos políticos, prácticamente de la misma edad –apenas superada la cuarentena—que le van a clavar los dientes sin piedad. El uno procede del mismo partido laborista, es el titular de Exteriores, David Miliband, que pudo ser rival de Brown el año pasado, que se estaba preparando –como Delfín—en las circunstancias actuales y que no estuvo presente en las “condolencias” de la derrota electoral del jueves. Miliband no ha disimulado nunca ante su Jefe su simpatía por las ideas de Tony Blair.
El segundo hombre, claro, es el meteoro conservador David Cameron, quien se erigió líder de los tories en 2005 casi por casualidad, pero que se ha hecho con los mandos de la política nacional entre las filas de los profesionales y, lo que es más importante, de la opinión pública. Brown se encuentra en la encrucijada: o convoca pronto elecciones –y todo hace creer que las perdería—o pretende terminar su mandato. Y, entonces –todo hace pensar también-- que las perdería por mayor margen.
Pintan bastos en el Partido Laborista y no hay indicios de que cambie la mano.
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