Pedro Chamorro | 19-04-2008
Alguien dijo muy acertadamente que Mariano Rajoy es un hombre que no mancha, pero tampoco limpia. Es decir su bondad, extrema honradez y falta de “ calle y mundología” le hacen ser el verdadero Bambi de nuestra política y prueba de ello es que tras perder las elecciones, cosa que todo el mundo daba por hecho menos él, desapareció de la escena pública durante sus buenos quince días de vacaciones o de reflexión, pues no le cabía en su honrada cabeza razonamiento alguno sobre lo que había pasado.
Todos sabemos, al menos los que nos movemos en ese medio y adyacentes, que el Registrador de la Propiedad es un ser un tanto atípico. Sabe de memoria cientos o miles de artículo, normas administrativas, hipotecarias, etc que nadie usa e incluso desconoce su existencia, aunque sí es cierto que tiene su importancia para determinadas cosas. Para aprenderse eso de memoria, emplean años, durante los cuales estudian 14 o 15 horas sin más y de ahí a opositar. Una vez obtenida plaza le envían a un Registro y a vegetar. Para justificar su insulsa y muchos creen que innecesaria, costosísima para el ciudadano y paralizante labor, se dedican a corregir a los Notarios, a los Jueces, etc. a los cuales menosprecian, pues al ser ellos el último escalafón administrativo, tanto para toda actividad societaria como para lo relativo a la vivienda e inmuebles en general, se sienten en el paraíso, al amparo de los dioses. Del Registro al cielo……o a política.
Tener a un individuo de estos en política al frente del mayor partido de la oposición, es garantía de siniestro total, como así ha sido. Es garantía de estar en manos de terceros, llamados fontaneros, barones, etc, es decir de los trepas que no tienen el valor de pasar a primera fila y dar la cara, no vaya a ser que se la partan. Estos es ni más ni menos que las consecuencias de la tara registral, de la falta de visión de futuro, en una palabra ,de la falta de”calle”.
La prueba la tenemos en el caso Pizarro, un juguete roto, al que Rajoy saca de su puesto en el Párnaso de Telefonica y le coloca de número 2 de Madrid. Recién salido le preparan un duelo con Solbes, viejo zorro e inútil profesional, y le sueltan al pobre Pizarro sin explicarle como funciona la cosa, los tiempos, las posibles respuestas, los tonos, etc y se encuentra en medio de un debate como un pulpo en un garaje. Consecuencia pierde el debate y a estas alturas le hacen casi responsable de la pérdida de las elecciones, desterrándolo a un escaño de segunda fila y arrinconado en el partido, hasta que hoy a anunciado su marcha. Quién se tenía que marchar es Rajoy que ha perdido no uno sino todos los debates que ha celebrado en dos elecciones, el equipo de soplagaitas que componen sus asesores de campaña, que parecen la santa compaña, la niñata esa de nombre Soraya que parece el muñeco Chuki y produce lástima en vez de respecto y así sucesivamente hasta regenerar un partido mayoritario con más de diez millones de fieles. De lo contrario se acabará como hoy está la Iglesia, vacía de almas, cada uno rezando en su casa y cogiendo vocaciones pagadas del tercer mundo.
Que Dios nos coja confesados.
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