Pedro Chamorro | 22-06-2008
No conozco Can Fabes, ni a Santi Santamaría ni a ninguno de sus restaurantes u hoteles, pero lo que es evidente es que no tengo ninguna intención de unirme a esa cohorte de “primos”, snobs y en su mayoría iletrados o nuevos ricos que acuden como mansas ovejas a rendir adulación al tal Adríá en el Bulli, a la sazón el mejor “restaurante del mundo”. Joder, cómo será el peor.
Cocinar o pretenderlo, con un soplete, una probeta, nitrógeno líquido, sólido o como sea, metalsulfato de no se qué y demás porquerías, es como querer operar a corazón abierto o hacer un trasplante con unos guantes de jardinero, un hacha dos destornilladores y una manguera, o como cortar jamón de Jabugo con una motosierra.
Los Arola, Adriá, y demás vendedores de humo, en el sentido estricto del término, dicen que los aditivos que usan están permitidos. ¡Coño! , hasta ahí podíamos llegar, si el problema no sólo es el aditivo, sino que no existe materia prima o principal sobre la que echar el citado aditivo. Es decir el idiota que va a comer allí sólo come espuma de aditivo con sabor a lo que sea.
Otros como los Arzaks, Arguíñanos y demás manada, afirman que Santi Santamaría lo que tiene es envidia. No sé bien de qué o de quién, pues no sé cuantos de estos imbéciles tienen 6 estrellas Michelin y sin manipular los alimentos ni timar a nadie.
El tal Arola, creo que dijo que no por qué se queja Santi si ninguno de sus platos baja de los 70 €. Teniendo en cuenta las porquerías que se sirven en los otros sitios, lo correctos sería que no bajaran de los 700 €, pues el comensal al menos come un producto concreto, una materia prima trabajada en fogones, en una sartén o un cazo no en una probeta con un soplete y además gélida.
El día que en la cocina de estos sacamantecas, salga una tortilla de patatas, una escudella, unas alubias con butifarra o algo normal, habrá una edición especial del Times, Le Monde, etc. A nadie se le ha ocurrido pensar cuanto le habrá costado a Adriá, y demás pájaros la campaña de publicidad para poner de moda la excentricidad de cocinar sin cocina, de vender humo, etc, especialmente en un país como España que presume de tener la mejor cocina del mundo, por su variedad, materias primas y elaboración.
Hace falta ser imbécil, para acudir al local, que no restaurante, de estos listos, comer de primero y esto es verídico, “espuma de humo de no sé qué con crujiente de hilos de oro, gelatina de marisco con espuma de cítricos y de postre tempura de aguacate” Total 600€ para tres personas.
Y a la salida un bocadillo de chorizo con dos huevos fritos, para que no se nos suba el vino.
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