Alfonso Vidal Bohigas | 07-06-2008
Las historias de las amistades suelen ser bastante curiosas. Todos tenemos algunas divertidas, otras tristes, las mas intrascendentes, pero que cuando se recuerdan, sirven para que los propios protagonistas, si están presentes en esa rememoraciones, cuando menos, sonrÃan. El problema es cuando esas historias son de tiempos muy recientes. Entonces, normalmente no hay risas, sino reproches.
Y a nuestros protagonistas les puede pasar eso, que empiecen a entrara en la época de los reproches. Y Vaya usted a saber como termina. Al primero de estos amigos, resulta que su amigo-jefe le ha dejado como se dice vulgarmente. “ a los pies de los caballos”. Primero, durante cuatro años, casi desayunaban juntos en el Palacio de La Moncloa. Uno como jefe, como presidente sorpresa, tras una victoria electoral que pasará a la historia y que alguno analizará a la luz de sus propias investigaciones tratando de despejar algunas claves que hoy permanecen ocultas. El otro como jefe de una oficina siniestra, encargada de gestionar, cual lobby, los intereses mas ocultos de determinados sectores y personas, todas ellas relacionadas con los intereses de ese, su jefe. Y la amistad se consolido, hasta el punto de hacer tambalearse la mismísimo vicepresidente económico del Gobierno, hasta el punto de tener que solucionarle su gran problema, la candidatura a la alcaldía de Madrid. Sin embargo, los éxitos manipuladores no fueron suficientes para convencer a los electores y el chico falló. Su retirada a los cuarteles de invierno fue inmediata. Pero la amistad continuó. Y tanto y tan buena fue esa continuidad, que, cuando llegó la segunda victoria electoral del jefe, el amigo fue ascendido, al muy noble cargo de Ministro del Gobierno de España. Pero parece que en ese mismo momento, la amistad empezó a entrar en sus horas bajas. El hecho de tener que tomar decisiones, con luz y taquígrafos era nuevo, para el ministro. La permanente exposición a los medios era complicada. Todo se sabía, y sobre todo se opinaba. Total que las opiniones de los amigos no coincidían. La tarifa eléctrica fue el primer encontronazo. Los viejos demonios, aunque tuertos se dieron cuenta de la debilidad y aprovecharon la primera oportunidad. Cuando el inexperto ministro, y todavía amigo anunció su primer plan estrella se encontró con la sorpresa de que el viejo funcionario le había vaciado las arcas. No había ni un euro para su plan. Y además se sabía, se filtraba a los medios en el mismo momento que se hacía el anuncio del plan. El “cabreo” morrocotudo y las quejas al amigo llegaban tarde, porque el amigo lo sabía y le había abandonado. Un episodio que dejará huella en esa vieja, pero interesada amistad.
El jefe, siempre es el jefe y además se lo hace saber a los que dan el paso al frente, por aquello de la ambición política que todos, o casi todos llevamos dentro. Se trata del primer acto de una obra de teatro que acaba de empezar y cuyo guión se irá escribiendo dia a dia, pero los anuncios de que en un par de años, el amigo podría ser el nuevo vicepresidente, puede pasar a la historia. De lo que si estamos seguros es de que estamos ante una batalla política en toda regla, entre el viejo funcionario y el joven ministro-amigo. Como testigo, el jefe-amigo, pero frio y distante jefe del Ejecutivo que solo piensa en él, cuando alguna de sus ideas o sus intereses están en peligro.
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