Pablo J. de Irazazábal | 24-05-2008
“Resultados preliminares de una biopsia del cerebro identificaron la causa del ataque como un glioma maligno en el lóbulo parietal izquierdo”.
Este es el diagnóstico emitido por los Doctores Lee Schwamm –Vicepresidente del Servicio de Neurología del hospital de Boston—y Larry Roman, Médico General del mismo centro hospitalario sobre el paciente Edward Moore –Ted—Kennedy, trasladado con urgencia en helicóptero desde su residencia habitual de Hyannisport (Massachu-ssets).
Al conocer la noticia, el Presidente George W. Bush afirmó que estaba profundamente apenado y que le tendría muy presente en mis oraciones. Se recordó que la revista TIME, en abril de 2006, le había situado entre los 10 mejores Senadores, y una gran parte de la opinión pública le ha calificado de Icono Demócrata. Barak Obama, el Senador afroamericano de Illinois, que compite por la nominación para optar a la Presidencia en noviembre de este año, ha calificado a Ted como Gigante de la política de Estados Unidos. Esta afirmación tiene una parte positiva: que fue hecha el 28 de enero de 2008, antes de que se hablase de la enfermedad del Senador senior por Massachussets. Y una que no se puede calificar de negativa, pero sí de altamente interesada: Ted Kennedy se declaró, muy pronto, partidario de Obama, insistiendo que tenía cosas muy semejantes a las del asesinado JFK, su hermano mayor. La situación ventajosa en que parece encontrarse el aspirante afroamericano se debe, en gran parte, a la declaración y a la movilización de Ted.
Porque Edward Moore –como le quiso bautizar su abuelo—o Ted, como siempre se le ha conocido, es un peso pesado en la política norteamericana. Lleva más de 45 años en el Senado –desde el 6 de noviembre de 1962—y es el Senador que ocupa la segunda plaza de veteranía, después del Senador Robert Carlyle Byrd, senior, por supuesto, de Virginia Occidental, que está en el cargo desde el 3 de enero de 1959.
Ted es el último mito de una familia que no ha dejado de estar presente en la información de todo el mundo desde que Joseph P. Kennedy empezó a ganar dinero en los primeros años del siglo XX, y, mucho más cuando uno de sus hijos, John Fitzgerald, se levantó en el Senado, en 1957, para preguntar cómo iban las cosas en Argelia. Por supuesto que un gran número de Senadores tuvo que consultar el mapa para saber dónde demonios se encontraba Argelia, pero el discurso del “preguntón” causó asombro y aquello fue el principio del camino hacia la Casa Blanca.
Ted, el noveno hijo de Joseph P. y Rose, cumplió 76 años el 22 de febrero –nació en el Condado de Suffolk, de Boston—y siempre ha estado rodeado de situaciones excepcionales. Su padre había echado cuentas fantásticas: Cuando Jack deje la Presidencia, le seguirá Robert y, cuando éste se vaya entrará Ted. Habrá un Kennedy en la Casa Blanca hasta el año 2000.
Jack llegó a la Casa Blanca el 8 de noviembre de 1960 –o el 20 de enero de 1961, si se quiere—y de su mano, Robert, Fiscal General del Estado. Y, ¿qué se hacía con Ted, que había trabajado excelentemente en la campaña electoral?. Se decidió que cubriera la vacante que dejaba Jack en el Senado, representando a Massachussets. Pero Ted no había cumplido los 30 años y no podía ser Senador. Se le reservó la plaza hasta 1962 y ese año, el 6 de noviembre, se hizo un “examen especial” que, natural-mente, aprobó.
Antes, ya se habían producido otras excepcionalidades. Después de estudiar en la Milton Academy, de su Estado natal, ingresó en Harvard. Pero, en 1951, fue pillado copiando en un examen de español, y expulsado. Entonces ingresó en el Ejército y de 1951 a 1953 fue destinado al SHAPE (Cuartel General de las Fuerzas Aliadas en Europa), en París. A su regreso fue –excepcionalmente, claro—readmitido en Harvard. Y llegó a representar a esta Universidad en un tradicional partido de rugby, enfrentándose a la de Yale. Perdió Harvard por 7 a 21 pero, al menos, a Ted le correspondió el honor de marcar el único ensayo de su equipo. Estudió en la Escuela de Derecho Internacional de La Haya y se graduó, en 1959, en la Universidad de Virginia. En ese mismo año fue admitido en el Colegio de Abogados de Massachussets. Luego vendría el Senado, en donde se ha ganado la justa fama de la que disfruta, por su trabajo, por su valentía en la defensa de causas sociales y por la capacidad para aunar pareceres distintos.
Otro asunto excepcional se produjo el 18-19 de julio de 1969, cuando regresaba a su residencia en compañía de su Secretaria, Mary Jo Kopechne. Ya había anochecido y, en la fiesta de la que venían había corrido, abundante, el alcohol. En el puente de Chappaquidik el coche hizo un extraño y cayó al agua. Ted, hombre de gran fortaleza y buen nadador, salió del vehículo, sin prestar ayuda a Mary Jo quien, según afirmó la Policía, tuvo una agonía de dos horas, sin poder zafarse de la cárcel que se había formado a su alrededor. Ted se fue andando a su casa y tardó nueve horas en comunicar lo que había sucedido.
El asunto Mary Jo fue determinante cuando –en 1976—quiso disputar a Jimmy Carter la Presidencia de Estados Unidos. Ganó 10 Primarias; Carter, 24. Pero, allá donde iba Ted, le perseguía una canción que habían compuesto “Simon and Garfunkel”, en 1970 y que tenía el inequívoco nombre de “Bridge Over Troubled Water”. La canción terminó con las aspiraciones Presidenciales de Ted. Y, aún así, pronunció un discurso en la Convención que todos reconocen como uno de los momentos grandiosos de su carrera.
Ted sigue siendo excepcional. Se reconoce católico, pero en varias ocasiones ha estado muy cerca de los abortistas. Y, cosa sorprendente, está divorciado, de su primera mujer, Virginia Joan Bennett, con la que estuvo casado desde 1958 a 1982. Se casó con la segunda, Victoria Reggie, en 1992.
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