Crónica Económica

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Nace UNASUR

Pablo J. Irazazabal  |  31-05-2008

El 23 de mayo los representantes de doce países sudamericanos –los Jefes de Estado de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Guyana, Surinam, Brasil, Paraguay y Argentina y el Vicepresidente de Uruguay—firmaron el acta fundacional de UNASUR, es decir, la Unión de Naciones Suramericanas.




El Documento es más producto de pasillos que de despachos, propone como objetivos tal cantidad de cosas que resulta inalcanzable y se intenta concretar –sin conseguirlo—en tres órganos:


  Un Consejo de Defensa Sudamericano (CDS)


  Un Consejo de Jefes de Estado


  Un Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores


Los analistas estiman que todo ese barullo de objetivos se pueden resumir en dos:


+ Integrar en un solo cuerpo los intentos que, hasta ahora, se han realizado


+ Alejar a Estados Unidos de la zona, animando  a que los países del Sur miren al Sur y se olviden de que existe la OEA , Organización de Estados Americanos,(que, por cierto, es la Organización Internacional más antigua del mundo).


Todo ello bajo un lema que resulta conocido: “libertad igualdad y fraternidad de la lucha independentista sudamericana”.


La UNASUR trabajará con Cumbres anuales y mantendrá una Secretaría General en Quito (elegido por unanimidad) y un Parlamento en Cochabamba (Bolivia), para el que Evo Morales ya ha expropiado una finca de cien hectáreas y se empezará a construir cuando el resto de los países lo aprueben. Se había pensado que el Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, presidiese la organización. Pero el elegido rechazó la oferta –y también el Consejo de Defensa--, con lo que la vida del nuevo instrumento internacional no nació con buen pie. Fue nombrada presidente “pro tempore” Michelle Bachelet, la que lo es efectiva y permanentemente de Chile. Los observadores aseguran que no mostraba mucho entusiasmo, pero, al menos, pronunció un discurso digno, moderado y muy claro. “La capacidad de beneficiar a nuestros pueblos –dijo-- dependerá del compromiso y la real voluntad de los gobiernos”.


La voluntad de unir a los pueblos de Sudamérica ya estaba en la idea de independencia que puso en marcha Simón Bolívar en 1810. Pero los intentos sucesivos por conseguirla no son, precisamente exitosos. Los fracasos de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) o del SELA (Sistema Económico Latinoamericano) son muy recordados. Algo mejor han resultado los proyectos de la CAN (Comunidad Andina de Naciones), en 1969, o el MERCOSUR en 1985.


Cinco reuniones han ido poniendo los cimientos de este logro de Brasilia:


  8 de diciembre de 2004, que habla ya de la Comunidad Sudamericana de Naciones, denominación que se considera sinónima de la actual UNASUR


  28 de septiembre de 2005, Cumbre de Brasilia


  2 de diciembre de 2006, Cumbre de Cochabamba


  17 de abril de 2007, en la Isla de Margarita, en donde ya se perfila definitivamente el nombre de UNASUR


Los ahora firmantes de Brasilia han sido, pues, cuatro países de la CAN (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia); cuatro de MERCOSUR (Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina); uno en trámite de adhesión a este mismo grupo, Venezuela, y tres no encasillados en ningún intento:


Chile, Surinam y Guyana. La posición de Chile ha sido cambiante y la realidad es que, cuando se acercaba a MERCOSUR, las noticias económicas del grupo eran mucho más satisfactorias que cuando estaba lejos.


Particularmente crítica con el nacimiento de UNASUR ha sido la prensa de Uruguay. En el “Abc” de Montevideo se ha podido leer: “UNASUR será parte de nuestro proyectos nacionales de desarrollo en un continente de democracia, justicia y paz. Constituiremos nuestra unión en la base de los exitosos procesos de integración de MERCASUR y de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) donde más de 300.000.000 de personas se benefician de una base de crecimiento económico e inclusión social. Dejamos atrás una historia de aislacionismos”. Pero también: “Construir la UE exigió muchos años de esfuerzos a países dotados de Gobiernos serios y de administraciones eficientes. Los mandatarios suramericanos, confiados en su retórica y en la credulidad de sus gobernados, pretenden forjar presurosos una supuesta unión que sólo puede entenderse como una muestra más de la hipocresía grandilocuente”.


Y cierra con este trueno: “Nació así otro parásito inútil que habrá que mantener en nombre de una falsa hermandad, si el Congreso Nacional prestara su acuerdo en mala hora”.