Redacción | 22-07-2008
“Las economías de Andalucía y Extremadura se encuentran en una etapa de desaceleración de su crecimiento, afectadas por un entorno económico en el que se combinan los impactos de la crisis financiera global, el aumento de los precios de la energía y el ajuste del sector inmobiliario. Ambas regiones se caracterizan por su mayor dependencia relativa del sector de la vivienda, lo que supone un reto adicional para mantener los ritmos de creación de empleo que han facilitado su proceso de convergencia real de los últimos años”, ha afirmado, José Luís Escrivá, jefe del Servicio de Estudios de BBVA.
Según los primeros resultados de las Encuestas BBVA de Clima Económico y Tendencias de Negocio y Gasto en Andalucía y Extremadura o en la evolución del IA BBVA de Andalucía, un indicador coyuntural del estado cíclico de la economía andaluza, -ambos instrumentos destinados a mejorar el conocimiento de las economías de las dos comunidades- estas economías se verán afectadas por una desaceleración que se intensifica en los últimos meses y se producirán unas expectativas a la baja sobre la evolución económica.
Andalucía y Extremadura presentan como vulnerabilidad específica en el entorno actual su mayor dependencia relativa de la construcción. El conjunto del sector pesa más en el PIB de la zona de lo que lo hace en el conjunto de España y, además, ello no se debe a una contribución más elevada de la obra civil, sub-sector en el que las expectativas son relativamente mejores, sino que se deriva, fundamentalmente, de la mayor importancia de la promoción de vivienda. Por lo que, la desaceleración en marcha seguirá intensificándose en los próximos trimestres hasta resultar la más intensa desde el inicio del ciclo expansivo en 1996, como ya adelanta la caída del crecimiento anual del PIB andaluz desde el 3,8% a finales de 2007 al 2,6% en el primer trimestre de 2008. Para el conjunto del año se prevé un crecimiento anual promedio del entorno del 1,8% para el PIB andaluz.
A pesar del intenso crecimiento registrado en los últimos años, superior al promedio nacional, las economías de Andalucía y Extremadura siguen ocupando las últimas posiciones del ranking autonómico por nivel de renta per cápita. Ambos territorios disminuyen su brecha con el promedio español, pero siguen teniendo características específicas que suponen un freno para avanzar más decididamente en su proceso de convergencia real. La estructura productiva con un mayor peso relativo de la agricultura, la construcción y los servicios públicos sigue caracterizando a Andalucía y, más intensamente, a Extremadura. Reflejo de esta estructura productiva, y de un nivel educativo de la población residente relativamente bajo respecto al promedio nacional, es un mercado laboral que, a pesar de los avances de la última etapa expansiva, tiene unas tasas de actividad y empleo inferiores al promedio nacional, especialmente entre las mujeres, y unas tasas de paro más elevadas.
En esta situación y en el entorno de desaceleración actual, la ralentización del ritmo de creación de empleo será mayor en Andalucía que en el resto del país. Ello se debe tanto a una mayor sensibilidad del empleo a las variaciones del PIB como a que las características sociolaborales de la población andaluza favorecen la intensificación de su ajuste.
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