Redacción Ocio | 14-07-2008
El nacimiento de una bodega puede deberse a multitud de acontecimientos, herencias de tierras, modas, matrimonios, grupos de inversores, pero muy pocas veces la culpa de ello la ha tenido un anuncio en un periódico. Sin embargo, ese es el origen primigenio de Anta Natura, una de las bodegas mas jóvenes y mas pujantes de Ribera del Duero.
La historia se remonta a los años finales del siglo, cuando uno de los miembros de la familia Ortega, leía El Pais y vio un anuncio que anunciaba la venta de una pequeña finca de 70 hectáreas de viñedo en las cercanías de Aranda. Hasta ese momento, la familia se dedicaba a la construcción. El padre, fundador de la saga, era y sigue siendo un profesional de prestigio en el sector, que incluso fue el constructor de la actual casa que habitan los Príncipes de Asturias. Sus hijos, dos aparejadores y un arquitecto, llevaban ya, en aquel 1999, la carga del grupo que, poco a poco, se había diversificando hacia otras actividades. En uno de los consejos uno de ellos, comentó el anuncio y la posibilidad de entrar también en el negocio de las bebidas. Un mes después, e la siguiente reunión, la propuesta se convertía en proyecto, y la pequeña finca pasaba a forma r parte de esta nueva aventura, ANTA Natura, con un objetivo: elaborar vino de calidad a un precio razonable. El primer fruto de toda esta aventura fue un “vino de garaje”, o la mas conocida como reserva privada de la familia. Pero la aventura iba en serio y poco después se compraban 160 hectáreas mas y se iniciaba la construcción de una nueva bodega en el corazón de la Ribera del Duero.
Desde el primer momento, se aplicó una filosofía peculiar: concebir y personalizar sus vinos desde el viñedo, cuyo proceso de elaboración empieza con el primer día del calendario agrícola. Por ello se creó la necesidad de adquirir previamente un conocimiento pleno de la naturaleza y el entorno practicado una cultura vitícola sana y rica en contrastes, donde los elementos de integración más significativos terminan por diseñar cada vino desde el propio viñedo. Con esta premisa, la filosofía de los vinos está encaminada a extraer las máximas identidades del terruño y la fruta, lo que ha llevado a reforzar y consolidar con los años sus actuales 235 hectáreas de viñedo repartidas estratégicamente en dos zonas bien diferenciadas: Villalba y Nava, donde en ambas se práctica la viticultura de montaña. Tanto en una parcela como en la otra, la totalidad de los viñedos se cultivan en espaldera con arreglo a los más modernos criterios agrícolas, donde el estudio y la puesta en marcha de nuevos y distintos métodos de poda, conducción y exposición foliar favorecen y potencian las características aromáticas de cada variedad, lo que permite dar a los racimos más radiación solar, aireación y limpieza. Factores que, en definitiva, favorecen la sanidad de la uva, preservan su personalidad y buscan siempre su óptima maduración.
En Villalba se cultivan 70 hectáreas de viñedo a una altitud de 800 metros de altitud, pero su climatología es algo más cálida que la de Nava , donde se cultivan 140 hectáreas de viñedo a una altitud de 850 metros. En ambas zonas, los viñedos se cultivan sobre suelos franco arenoso, poco arcilloso y poco productivo, donde la orientación sureste de las parcelas y las diferencias entre ellas permiten cultivar cada variedad en su microclima más idóneo. En definitiva, es una manera de actuar que ejemplariza por sí sola la filosofía y el compromiso de calidad de los vinos.
Todo ello ha supuesto una inversión de 30 M€, que ha dado origen a una empresa que ya factura los 2,4M€, que vende fuera de España el 30% de su producción, que esta presente en infinidad de países de Europa, Asia y América y que alcanzará el break point en el 2009, con una gama de vinos -A4,A10,A16, A de Anta y AR – que cubre todas las opciones de un mercado cada vez mas exigente.
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