Crónica Económica

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Convenciones con perfume a almazara

Redacción  |  01-05-2008

Dedicarse al aceite y tratar de venderlo al público mas elitista requiere una serie de dotes difíciles de encontrar, pero a veces ese milagro se produce. No sabemos lo que dará de sí el éxito de una finca aceitera, convertida en magnifico centro de convenciones y hospedaje, pero la propuesta merece la pena de ser contada y conocida.


Dedicarse al aceite y tratar de venderlo al público mas elitista requiere una serie de dotes difíciles de encontrar, pero a veces ese milagro se produce. No sabemos lo que dará de sí el éxito de una finca aceitera, convertida en magnifico centro de convenciones y hospedaje, pero la propuesta merece la pena de ser contada y conocida.


En efecto, la finca de “La Boella” tiene un claro origen histórico, recientemente ratificado. Parece ser que el origen de su nombre se halla en un personaje musulmán, Bu-Alla (Boella), que daba nombre a unos terrenos de cultivo donde se encuentra actualmente la edificación. La primera datación histórica de “La Boella” la hallamos en la época medieval, cuando la zona fue objeto de donación por parte del príncipe Robert el Normand. Un manuscrito fechado el 7 de marzo de 1150, certifica la donación del lugar por parte del príncipe de Tarragona a Huch y su esposa Eva, con el objeto de cultivar las tierras. Por ello,  la actual “La Boella” ha tenido siempre un papel relevante en el entorno agrícola y social de la zona e incluso alguno de sus caldos (se cultivaban viñas), fueron premiados internacionalmente en la Exposición Universal de 1888 en Barcelona y en 1873 en Viena.


La Boella, edificada sobre bases prerrománicas, es una propiedad documentada desde hace más de ocho siglos que tradicionalmente ha mantenido el cultivo de la aceituna y el viñedo. El clima mediterráneo de inviernos suaves y veranos cálidos es idóneo para el desarrollo del olivo.. Se sitúan en el Campo de Tarragona, junto al Mediterráneo, donde antiguamente la civilización romana ya explotaba estas tierras y donde tradicionalmente se ha mantenido el cultivo del olivar. En las fincas de “Molí la Boella” se cultivan tres variedades de aceituna de las que se obtienen sus aceites, con diferencias bien marcadas entre ellos: Arbequina, Arbosana y Koroneiki.
El sistema de plantación intensiva permite la recogida mecánica en continuo de la aceituna.  Esto es muy importante para poder obtener un aceite de primerísima calidad:
  La aceituna es recogida en su punto  óptimo de maduración.
  El tiempo entre la cosecha y la molturación del fruto se reduce al máximo.
  La aceituna no cae al suelo, se recoge directamente del árbol.


A partir de ahí se inicia el proceso de elaboración de los aceites. En el Molino La Boella se extrae  el aceite utilizando métodos solamente físicos (triturado, batido y separación). Cuando las aceitunas están limpias de hojas e impurezas se procede a la molturación, obteniendo una pasta homogénea.  Esta pasta se incorpora a la batidora donde se mantiene a una temperatura entre 27 y 29ºC, para mantener todos sus aromas. Con el centrifugado posterior se separa el aceite flor de la pasta. Gracias a ello, se obtienen productos de alta calidad, se minimiza el uso de productos agroquímicos, optimizando los métodos de producción y disminuir los residuos.


Así es como esta “vieja almazara” s eha convertido enana de las mas premiadas. El último, en la X Edición de los Premios “Mejores Aceites de Oliva Virgen Extra Españoles” para la cosecha 2006-2007, donde ha recibido el accésit en la modalidad de aceites frutados maduros, dentro de la categoría de aceites de oliva virgen extra de producción convencional.


Si a todo ello se suma un hotel, sus correspondientes servicios y el clima de la zona, es de esperar que la venta de hospedaje a determinado público sea el complemento de esta finca ya trabajada por los árabes y probablemente, muchos siglos antes por los propios romanos.


 



 



 



 

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