Redaccion Ocio | 11-07-2008
El lanzamiento del IPhone ha reunido todas las características de un evento mas que multitudinario. Desde el punto de vista de Telefónica, no hay que negarle el éxito. Todo el lanzamiento se ha rodeado de un áurea “hollywudiense” que para si lo quisieran los cineastas mas cotizados del momento.
Sin embargo, cuando uno analiza con mas detenimiento la historia del aparato empiezan a surgir muchas dudas, muchas preguntas, y cierta sensación de manipulación. Y la única conclusión valida es que el IPhone es el instrumento marketiniano para dar una vuelta de tuerca al consumo de móvil. De entrada toda la presentación, se produce con un llamativo secretismo según el cual, Telefónica no podía ni mencionar la palabra Apple, ni decir que número de aparatos tenían, ni cuantos esperaban vender. Es decir, con mas de doscientos periodistas presentes, mas de una veintena de cámaras de televisión, radios y todo lo que un departamento de comunicación desea cuando organiza cualquier evento y allí, muchas de las preguntas no se podían contestar o, directamente, no se contestaban.
Luego, apareció el lio de las tarifas. Eso sí, muy bien vendido. Telefónica, en un esfuerzo hacia sus clientes subvenciona los aparatos de tal modo que, el usuario solo pagará el uso. Pero claro, eso supone un galimatías de tarifas que es difícil que el usuario normal se pare a analizar cuanto y como va a pagar el capricho de presumir delante de sus amigos de aparato. Porque al final, todo lleva hacia ese modelo de uso o usuario. El IPhone se ha convertido en un instrumento de lujo. Si usted, no trabaja con Sebastián y quiere presumir de corbata, páguese una de Hermes. La diferencia es que con el IPhone, la operadora ha tratado de disfrazar esa realidad, el componente moda fashion que comporta el sacar en el Metro un IPhone y contestar una llanada ante el persona.
Dicho todo eso, cuando uno analiza las tarifas de este aparato se lleva varias sorpresas. La primera, en España es casi cien euros mas caro que en Inglaterra y la compañía es la mismas, aunque con distinto nombre. Luego y sin entrar en muchas complicaciones se pone a sumar lo que tiene que pagar y se lleva la sorpresa de que cuando menos tiene que permanecer fiel a Telefonica durante veinticuatro meses y la pregunta que se plantea es, ¿pero tanto va a durar el aparato? Porque lo normal para un teléfono móvil como los que usamos es que al año empiecen a “racanear” y no digamos nada de los que como los usuarios forófos del IPhone hará de él un uso, mas que habitual. ¿Qué pasa cuando el aparato, tras un año de uso empieza a fallara? No hay respuesta. Y,sí. por casualidad el fabricante saca un nuevo modelo antes de los veinticuatro meses, ¿que nos pasa? No hay respuesta.
Y ya el salto de la rana final es cuando uno se pone a sumar lo que le va acostar el aparato, el compromiso y el gasto y resulta que, en la formula mas barata la suma da la nada despreciable cifra de 875€ y eso sin pasarse un milímetro del gasto mínimo comprometido, porque si lo haces, ¡cuidado¡ porque la cifra se nos puede disparar. Si vamos a formulas mas caras, pues mas coste del aparatito. Cualquier dispositivo, de cualquier operador incluida la propia Telefónica de características similares al IPhone nos cuesta, como diría un castizo, la mitad de la mitad. Y a todo esto, ya se anuncian aparatos, no ya similares, sino convenientemente preparados para superar las prestaciones del IPhone. ¿Se acuerda alguien de lo que fueron los primeros ordenadores Apple? La diferencia es que en aquellos años, la industria informática no estaba tan preparada como lo esta hoy dlía la de móviles. A todo ello habría que añadir que para manejar todas las funciones, para sacarle todo el partido al aparato hay que dedicarle tiempo y tener, cuando menos, cierta afición. Es decir, es un aparato caprichoso y para caprichosos y/o viciosos de la comunicación en movimiento Total, que o se corría mucho y se aprovechaba el tirón de la marca, y el cierto halo misterioso que le rodea o de lo contrario el tirón de ventas no sería el esperado. Dicho y hecho.
Sólo falta que ese resultado se produzca y ver la reacción de la competencia
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