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Una historia, de España, con tintes personales

Redacción  |  17-06-2008

historia de españa En Una historia de España, José Luis Corral no aborda la historia de un modo aséptico y neutro, sino que a menudo opina explícitamente sobre los hechos y los personajes, si bien siempre a partir de un riguroso apoyo documental. El resultado es, sin duda, una imagen de la trayectoria de España alejada de los tópicos, sean del signo que sean, y que invita al lector a la reflexión sobre el pasado y la identidad de España. El esfuerzo del autor por posicionar el hecho histórico en si, como un valor tangible y merecedor de atención social no es valadí. Son muchos los años que este grupo de sabios ha perdido prestigio, ha dejado de ser parte importante de la sociedad moderna.

El esfuerzo del autor por posicionar el hecho histórico en si, como un valor tangible y merecedor de atención social no es valadí. Son muchos los años que este grupo de sabios ha perdido prestigio, ha dejado de ser parte importante de la sociedad moderna.
-¿En qué se concreta el abandono que la sociedad ha hecho de los historiadores?
R.: En el caso español, los historiadores somos absolutamente prescindibles y por tanto irrelevantes. La concreción de este hecho es perceptible en la la influencia que ejercemos en la sociedad. Salvo unas pocas excepciones, la opinión de los historiadores no se tiene en cuenta ni en planificaciones urbanas, por ejemplo, ni en la redacción de leyes (al menos en los preámbulos de los Estatutos de Autonomía, etc.), ni en la planificación cultural... Sólo a título individual algunos historiadores aparecen en medios de comunicación, pero en general, los historiadores españoles seguimos al margen de la sociedad. Basta con oír algunas tertulias en la radio y escuchar la impunidad con la que hablan de historia algunos tertulianos ante la inanidad de los jefes de programación de esas emisoras. Los historiadores españoles han vivido al margen de la sociedad y es lógico que la sociedad los haya obviado. Todo ello da pie a una posible existencia de otros que se hacen pasar por historiadores
-Su tesis de que los historiadores deben escribir bien y con amenidad, ¿no contrasta con la proliferación de historias escritas por "aficionados" que tratan de hacer de personajes históricos los protagonistas de sus "novelas" en las que le rigor no existe o esta al servicio de la narración?
R.: Durante mucho tiempo los historiadores profesionales españoles no se han preocupado de su modo de expresión: la escritura y la palabra. En realidad, la inmensa mayoría de los historiadores españoles mayores de sesenta años son herederos de la vieja escuela historiográfica franquista para la cual lo único importante era resaltar los valores "tradicionales" de la patria. No se cuidó el fondo, pero tampoco la forma; en realidad, el acceso a los puestos universitarios se hacía por méritos "políticos" y no por capacidad académica. De ahí que la historia en España haya arrastrado unos tremendos retrasos, y en especial en la manera de comunicarla. Los historiadores profesionales, tal vez por complejo de inferioridad o por falta de capacidad, o por ambas cosas, han dejado que la historia la difundan aficionados, algunos malintencionados, que sonrojan por su falta de rigor y su superficialidad. Es hora de que los historiadores se den cuenta de que su profesión no es una mera retahíla de trabajos de investigación aburridos que casi nadie lee, sino un campo maravilloso para la reflexión colectiva.
Entrando ya en algunos aspectos del libro,  el profesor apunta algunos temas que hoy llenan las páginas  de los diarios. La dicotomía centro/periferia, ¿no ha sido una excusa utilizada permanente por los políticos periféricos, hasta lograr el estado de las autonomías que no se sabe como terminará?
R.: Esa dicotomía es falsa, y ha sido manipulada a propósito por los nacionalismos para ocultar problemas mucho más graves y profundos. En efecto, la historia ha sido utilizada como arma política por la mayoría de los nacionalistas -no todos- que han falsificado la
historia para mantener abiertos espacios de poder propios. El nacionalismo no es una ideología, aunque a veces se presente así, sino una manera de acceder al poder político mediante la compartimentación del mismo. El hecho autonómico español se ha construido desde la aceptación de unos pretendidos "derechos históricos" que los nacionalistas aducen como raíz de sus reivincicaciones manipulando para ello la historia y ubicando el
origen de esos derechos donde les conviene. Los derechos "territoriales" son mudables, como la propia historia, y los derechos históricos son una justificación para ejercer el poder en un territorio determinado. Porque ¿dónde ponemos el límite temporal a los derechos "históricos"?, ¿en el Imperio romano?, ¿en la Edad Media?, ¿en los Decretos de Nueva Planta de comienzos del siglo XVIII?, ¿en las constituciones liberales o conservadoras contemporáneas?, ¿o en la propia Constitución de 1978? ¿Hasta cuándo
nos remontamos en la Historia para reivindicar unos determinados derechos? Porque si lo hacemos a comienzos del siglo XII, Lérida y Tortosa eran musulmanas, y si aducimos derechos de conquista  para hacer de estas dos ciudades sendas urbes catalanas, habría que alegar que Felipe V también conquistó Cataluña en la guerra de Sucesión? ¿Qué conquista es más válida  en este caso y cuál da legalidad a un derecho: la de los musulmanes, la de los reyes de Aragón y condes de Barcelona o la de Felipe V de Borbón? España ha asentado desde 1978 un Estado que se estructura territorialmente en autonomías, y creo que llegará hasta donde deseen que llegue los españoles. Como historiador, opino que las fronteras son sobre todo límites que definen espacios de dominio político, y a la clase dominante le conviene y mucho que existan espacios para la diferencia.
Por otra parte, el historiador señala como uno de los grandes problemas de España la ausencia de líderes.
-¿Es posible vislumbrar un modo de solucionar esa carencia, como siempre, de líderes con sentido de Estado?
R.: En el sistema político español rigen unos aparatos "funcionariales" en los partidos que controlan todo el proceso de selección de candidatos. En general se prima la fidelidad al jefe y no la capacidad. El político español -y esto ha sido siempre así- se ha convertido en un "ocupa" del cargo público. Aquí se puede pasar de un cargo político a otro totalmete diferente con una naturalidad que abochorna. Se puede ser presidente de una Diputación o alcalde sin tener el menor conocimiento de nada. Ha habido alguna ministra de cultura que no tenía la menor idea de litertura o de historia de España. En general, los políticos españoles tiene un nivel cultural ínfimo; su tarea pasa por controlar el partido desde el poder antes que trabajar para mejorar el país. No, no hay políticos con sentido de Estado, y esa carencia tiene difícil solución mientras la política siga siendo una "profesión", mientras haya gente que se dedique a mantenerse en el cargo antes que a hacer cosas desde el cargo. Aunque en verdad la autollamada "clase política" no es sino un reflejo de la sociedad española, poco culta, poco formada y con muchas carencias políticas. Somos herederos de nuestra historia y nuestra historia pasa por siglos de opresión, miseria, incultura y dictaduras. Superar tantas carencias llevará tiempo, pero la democracia es el único camino.
Con todo ello solo queda ponerse manos a la lectura, y desmenuzar unos cuantos cientos de paginas de un  escribir ameno, y rápido por el que las escenas de la historia de nuestro país  desfilan casi sin descanso.
Una Historia de España
José Luis Corral
Edhasa

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