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La clave es el servicio

Redaccion Ocio  |  23-06-2008

carpanta Mucho se esta hablando de los problemas a los que se va a enfrentar el sector de la restauración en los próximos meses con una reducción del gasto a todos los niveles que para si la quisieran los mismísimos enemigos, por que lo que es de momento, entre los calores, la Eurocopa, comuniones, bodas y demás acontecimientos previos a las vacaciones muchos de nuestros restaurantes están haciendo unas cajas, tan normales como las de años atrás.

Sin embargo, lo que si se esta notando es una bajada, y en algunos casos muy importante  de la calidad del servicio, que a la larga puede ser el definitorio de la crisis de un local u otro. Los ejemplos podrían ser abundantes, según algunos gastrónomos, pero para no hablar por boca de otros, hicimos la prueba con dos grandes clásicos de nuestra restauración: Landa y La Dorada. Dos locales con los suficientes años de rodaje, como para que  el juicio no estuviese distorsionado por problemas de implantación, de dificultades en una cocina joven, etc. No, dos clásicos, con cocina tradicional, cada uno en su estilo, pero sin las dificultades de diseños sofisticados, complicaciones extras o demás circunstancias que podrían influir. Además, no se trataba de comprobar las bondades culinarias concretas, sino el nivel del local en todos esos aspectos que terminan por definir un estilo, influir en una decisión entre uno u otro, etc. Y además que fuesen conocidos, pero, a la vez,  dispares.
El primero presenta, además la complejidad de ser un local de carretera, lo que, de alguna manera complica el servicio. Sin embargo, la recepción es una de las grandes virtudes del local. En su descargo, hay que señalar que, en su complejidad la recepción de La Dorada –los comedores están divididos en dos locales- es también correcta. Pero a partir de ese momento, las diferencias son notables. En el primero, el Landa, llegas rápido a la mesa y con rapidez, pero sin agobios el servicio va llegando ordena mente, pero sin pausa, los aperitivos, las cartas, la comanda, el pan, las bebidas de la comida, etc. y todo ello sin perder una cadencia normal, agradable y sin estridencias. Todo lo contrario que en  La Dorada. La llegada del servicio es toda una aventura. En muchos casos, es incluso necesario pedirlo varias veces.
Además, los tiempos son, absolutamente desproporcionados: de repente, los primeros, que en este caso pedimos varias raciones para probar los sabrosos fritos, llegan todos de golpe, un poco retrasados los segundos, pero los postres o el café, una eternidad; mas de una hora.  Por otra parte, los fallos no terminan ahí. En ambos casos hay una diferencia notable. En el caso del Landa  cuando alguien pide algo y pegunta como es el plato, la respuesta es rápida y explicativa. En el segundo, Las explicaciones son  complejas, inútiles y reflejo de un gran desconocimiento de los productos con los que trabaja el restaurante.  ;Lo menos que puede hacer una casa, un restaurante que trata de presumir de calidad, de servicio, de materia prima de primera calidad,  es formar a su propio personal. Sobre todo si, como cada vez es mas frecuente en nuestro país el personal de barra o sala no es de origen nacional y, como consecuencia,  desconoce términos, guisos e incluso formas de elaborar determinados platos tradicionales. La culpa no es del servicio, sino de la casa que los pone a atender al público sin tan siquiera explicar lo mas elemental. Podríamos seguir con comparaciones, pero lo importante es que las empresas, los responsables del servicio se preocupen de que el servicio sea, cuando menos correcto, eficaz y conocedor del producto con el que trabaja: la atención al cliente.
La Dorada  c/Orense, 64 Madrid 915 702 004
Landa    Carretera. Madrid-Irun, km.203  947 257 777

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