Redacción | 23-05-2008
El Museo Guggenheim Bilbao presenta, la retrospectiva más importante dedicada en España a Juan Muñoz (Madrid, 1953 – Ibiza, 2001), considerado uno de los artistas contemporáneos más relevantes en el campo de la escultura y la instalación. Con una selección de cerca de 80 obras —esculturas, instalaciones, dibujos, obras radiofónicas y escritos—, la exposición revela algunos aspectos poco estudiados del extenso e innovador registro de este creador madrileño, que cursó estudios de arte en Londres y Nueva York, ciudades en las que residió varios años tras interrumpir sus estudios de arquitectura en Madrid. A mediados de los años ochenta y principios de los noventa, y tras importantes muestras que exhibe por todo el mundo, Muñoz se consolida internacionalmente como uno de los escultores más relevantes de las últimas décadas. En España, sin embargo, el verdadero reconocimiento le llegarÃa en el año 2000, cuando recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas.
Desde sus primeras obras arquitectónicas —escaleras, balcones y pasamanos— situadas en ubicaciones imposibles, pasando por sus suelos ópticos en los que se desdibujan los límites del espacio y el tiempo, hasta sus instalaciones, dramáticas y teatrales, formadas por grupos de figuras humanas que evocan la soledad del individuo ante la sociedad, las obras de Muñoz juegan con el espectador, invitándole a relacionarse con ellas, aun creándole sentimientos de desasosiego y aislamiento. Muñoz se definía a sí mismo como “un narrador”, y su capacidad para proponer nuevas formas de contemplación y reflexión, para crear tensión entre lo ilusorio y lo real, le ha convertido en uno de los renovadores de la escultura contemporánea. En 1984 una pequeña escalera de caracol con una balaustrada en la parte superior y apoyada en una pared, fue presentada en Madrid en la primera exposición individual de Juan Muñoz. Esta obra es la primera pieza de la que el artista recuerda “tener una cierta sensación de identidad”. A lo largo de su carrera este motivo arquitectónico se repetiría. Más de dos décadas después, una pequeña escalera de caracol relacionada directamente con aquella pieza (Escalera de caracol (invertida) [Spiral Staircase (Inverted)] 1984/99) abre la retrospectiva de este artista en Bilbao. Un extraño lugar desde el que mirar y ser mirado como los balcones deshabitados de la serie Hotel Declercq I-IV (1986), que, junto a piezas como Doble balcón (Double Balcony 1986), transforman el espacio en un pequeño e inquietante barrio urbano que se alza en un entorno arquitectónico que le es completamente ajeno. La primera gran instalación de Juan Muñoz, Tierra baldía (Wasteland), cuyo título procede del poema de T.S. Eliot, data de 1986 Por medio de un suelo de linóleo inspirado en maestros del Barroco italiano, como Francesco Borromini, el artista madrileño crea un juego óptico que dirige la mirada del espectador hacia una pequeña y extraña figura que nos observa desde la pared: un muñeco de ventrílocuo. Un recurso arquitectónico similar se repetiría un año más tarde en la obra El apuntador (The Prompter, 1988), instalada en la sala 207, y en la que el suelo se transforma en un escenario donde un pequeño apuntador da la espalda al observador mientras mira a un proscenio desolado en el que tan solo queda un tambor. En los años noventa la figura humana de Muñoz deja de asemejarse a la realidad, creando conjuntos e instalaciones de una complejidad creciente. Sus célebres Escenas de conversación (Conversation Piece, 1994) son auténticos estudios escultóricos de interacción social donde los personajes, de pequeño tamaño y con una base esférica, se relacionan entre sí en un mudo diálogo en el que el espectador se siente como un intruso. De entre estas piezas, cuyo título alude a las escenas de grupo de la pintura inglesa del siglo XVIII, y en las que Muñoz incorpora el modelado, destaca la realizada en 1994 para su exhibición en el Museo de Arte Moderno de Irlanda (IMMA), y que , desde entonces, se expone por primera vez en todo el Estado en la singular sala 209. La sensación de intrusión que se respira a lo largo de la exposición cuestiona los limites del tiempo y del espacio, como sucede con obras tan “ingenuas” como Viviendo en una caja de zapatos (para Diego) [Living in a Shoe Box (for Diego), 1994], en la que dos pequeñas figuras viajan, permanentemente, en un caja de zapatos, como si de un vagón de tren se tratara, para no llegar a ningún lugar. Personajes anodinos, enfundados en trajes grises, surgen de diferentes rincones del Museo y nos retrotraen a los cimientos sobre los que se asienta la obra de Juan Muñoz. Un universo absoluto en el que se imbrican influencias de la obra de Alberto Giacometti, Luigi Pirandello, Francesco Borromini o Edgar Degas, entre otros, y que tiene su reflejo en uno de los trabajos más famosos de Muñoz, Muchas veces (Many Times), 1999, compuesto por cien pequeñas figuras sonrientes de rasgos asiáticos y sin pies, que parecen inmersos en animadas charlas. Con la figura humana como protagonista, una de estas grises escenas esculpida en bronce, Figura colgante (Hanging Figure, 2001) cuelga del techo de una pequeña galería del Museo, a modo de capilla. Pese a ser una clara alusión a Miss La La, la trapecista que Edgar Degas inmortalizó y que Juan Muñoz contempló en su etapa de estudiante en Londres.. La inquietud también aparece en Sombra y boca (Shadow and Mouth), 1996, una pieza perteneciente a la Colección Propia del Museo Guggenheim Bilbao en la que el artista presenta dos figuras enfrentadas y separadas por una mesa, cuyas sombras proyectadas evidencian el sordo diálogo que recorre toda la muestra. En esta misma sala, otras dos obras: Mirando fijamente al mar I (Staring at the Sea I),1997/2000, y Una figura (One Figure),2000, juegan con la imagen que devuelven y amplían los espejos en un nuevo efecto óptico en el que Muñoz manipula, una vez más, el espacio, evocando el teatro de Luigi Pirandello. Los espacios adyacentes acogen las Vitrinas cruce de caminos (Crossroads Cabinets), 1999, que reúnen todo el universo de Muñoz en estos verdaderos gabinetes de curiosidades donde atesora puertas, miembros de resina, esculturas y miniaturas almacenadas en frágiles vitrinas que recuerdan a las antiguas alacenas de hospital. Junto a sus obras escultóricas se presenta una nutrida representación de sus dibujos en la sala 202, especialmente su serie Dibujos de espalda (Back Drawings), 1990, Dibujos de bocas (Mouth Drawings),1995, y sus Dibujos-gabardina (Raincoat Drawings), 1989. Otro de los campos que Muñoz exploraría en su trayectoria son las obras sonoras y radiofónicas, que el artista creó en colaboración con destacadas figuras, como el novelista e historiador John Berger o el compositor Alberto Iglesias. Uno de sus trabajos más reconocidos en este medio fue el que realizó junto con el compositor británico Gavin Bryars, Un hombre en una habitación, jugando (A Man in a Room, Gambling),1992/97, en el cual Muñoz describía trucos de naipes acompañado de la música de Bryars. Las piezas, diez fragmentos de no más de cinco minutos, fueron emitidas por la BBC. ¿Será un parecido? (Will it be a Likeness?), 1996; Un hombre en una habitación, jugando (A Man in a Room, Gambling), 1992; Patente registrada: tamborilero dentro de una caja giratoria (A Registered Patent: a Drummer Inside a Rotating box), 2001–02; y Edificio para la música (Building for Music), 1993 son las cuatro obras sonoras y radiofónicas que desarrolló Muñoz (junto a la inédita Third Ear, que recogieron emisoras de todo el mundo. Todas ellas podrán escucharse en el Museo Guggenheim Bilbao. La muestra se completa con algunos ejemplos de la obra literaria de Juan Muñoz, cuyos ensayos y escritos completan el retrato de un gran narrador, un artista cuyo lenguaje conecta con lo más recóndito de la condición humana y con el que, en escasos veinte años de producción, desarrolló una de las obras más sólidas de nuestro tiempo. Juan Muñoz Guggenheim Bilbao Hasta el 5 de octubre 2008
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