Redacción Ocio | 10-07-2008
Estamos ante una de las narraciones o relato , porque no se le puede denominar como novela, mas brillante de los últimos meses. Todo empieza cuando unos perros desobedientes obligan a, nada menos que una gran reina ha salir de su refugio, de su aislamiento. De no haber sido por esos ladradores animales, la reina no habría descubierto el vehículo de la biblioteca móvil del ayuntamiento aparcado junto a las puertas de las cocinas del palacio.
Y no habría conocido a Norman, el joven pinche de cocina que estaba leyendo un libro de Cecil Beaton e iba a constituirse en su peculiar asesor literario. Pero ya que estaba allí, la reina decide llevarse un libro. ¿Y qué puede interesar a alguien cuyo único oficio es mostrarse interesada? Isabel II de Inglaterra descubre en los estantes de la biblioteca el nombre de una escritora que conoce, Ivy Compton-Burnett. Y de ella a Proust. Y de Proust a Genet, cuya sola mención hará temblar al presidente de Francia, sólo median algunos libros. Así, azarosamente, ella, que hasta entonces sólo había sido un lugar vacío ocupado por una fuerte idea del «deber», descubrirá el vértigo de la lectura, del ser, del placer.
De ahí a una locura de decisiones no hay mas que unos pasos, pero esa pequeña distancia hace del libro una narración viva, sin aspavientos, ni grandes derroches de energia, pero que seduce al lector. Algo sencillo ameno y divertido, una situación en la que el autor tiene como punto de partida un “¿Qué podría pasar si… la reina de Inglaterra se aficionase tanto a la lectura que olvidase que es una reina y tiene unas obligaciones?”. Tan absurdo como el planteamiento es la velocidad con la que los acontecimientos pasa por delante de los ojos del lector. Hasta el “absurdo” pero posible hecho de que “una de las periódicas responsabilidades de la reina era inaugurar el parlamento, una obligación que hasta entonces nunca le había resultado especialmente fastidiosa y que más bien le agradaba: incluso después de cincuenta años era una delicia recorrer el Mall en un carruaje abierto una radiante mañana de otoño. Pero ya no. Temía las dos horas que duraría todo el proceso, aunque por suerte viajaban en la carroza, no en el carruaje abierto, y podía llevarse consigo el libro. Había adquirido la habilidad de leer y saludar con la mano al mismo tiempo, y el truco consistía en mantener el libro por debajo del nivel de la ventana y mantener la mirada en él y no en la muchedumbre. Al duque no le gustaba un pelo, pero, Dios mío, no había más remedio”
Siu autor, Alan Bennett es autor de muchas y celebradas obras teatrales como "Habeas Corpus", "Forty One Years On", "Kafka's Dick" o "The Madness of George III" (adaptada después al cine), guiones cinematográficos como Prick Up Your Ears (basado en la vida de Joe Orton), y piezas televisivas, en especial "Talking Heads" y "An Englishman Abroad", que lo han convertido en uno de los autores británicos más queridos. Asimismo es muy apreciado como actor. Empezó a escribir es prosa hace solo unos diez años.
Una lectora nada común
Alan Bennet
Anagrama
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