Redacción Ocio | 30-06-2008
La llegada del verano permite, a veces, lograr alguna de las cosas mas difÃciles de los últimos tiempos, encontrar una mesa en este pequeño, mÃnimo restaurante que se ha hecho con una clientela de gente joven, dispuesta a disfrutar con la autentica cocina mexicana, la de los tacos, enchiladas y todo ello dentro de un ambiente, casi familiar en el que lo importante es que el cliente se encuentre a gusto, incluso aunque en algunos casos, la sorpresa sea un inesperado, picante. El aspecto del local no es nada lujoso, mas bien todo lo contrario. Manteles y servilletas de papel, vajillas normales, vasos de vidrio, cubiertos de acero sin diseño, pero a partir de ese momento las cosas cambian. La carta es amplia y clara, propia de un gran restaurante y, además explicita lo excesivamente picante, para que nadie se llame a engaño.
Y es que esta tabaquería se ha convertido en un clásico madrileño, uno de esos locales que figura en la lista de los imprescindibles. La encargada de dirigir el local, la marcha del comedor es una autentica mexicana, Rita que sabe, que conoce nada mas ver a los clientes, las apetencias de cada uno y eso se nota y se agradece. La carta distingue, para el poco conocedor los grandes bloques de la cocina mexicana: las quesadillas, los tacos, las enchiladas, lo clásico, etc. La diferencia, lo que distingue este local de la inmensa mayoría de los “TEX” que abundan en Madrid es que se trata de un restaurante en el que lo industrial no tiene presencia; cada plato esta hecho como si estuviésemos en el mismísimo México, con la única diferencia que los picantes, dado el problema que para algunos clientes presentan, se sirven a parte, y el que los degusta sabe lo que está haciendo.
Organizar la comanda es fácil, hay que probar de todo, quesadillas clásicas, algo de guacamole, mole poblano –que delicia de plato- y algún que otro taco, los hay de todos los gustos y posibilidades. Para luego pasar a los platos mas contundentes como chile en nogada –gran contraste de sabores dulces y salados - , tinga poblana -cerdo estofado y deshilachado con chiles chipotles-, cochinita pibil - también cerdo, en daditos, guisado con cebolla y achiote- , cochinita al pastor -cerdo también, con piña –aquí fresca y algo ácida, como debe ser– en trocitos, y cilantro-. Y la fiesta no se acaba en estos platos, pero resulta imposible degustar la abundante variedad de paltillos que la Taquería ofrece
De postre, y en una noche calurosa unos sorbetes de papaya o cactus que resultan un final refrescante y deliciosos. Para el que quiera y disfrute ha llegado el momento de los chupitos, lo mas conocido del mundo mexicano el tequila, que cierra, junto al café un almuerzo delicioso.
Y para cierre, la nota. Una nota ajustadísima, de forma que cuatro personas pueden disfrutar de todas estas cosas por treinta euros cabeza. No es por tanto de extrañar que el local disfrute de una clientela joven y fiel que lo llena a toda horas. Un local que merece, de verdad, la pena conocer
Taquería del Alamillo
Pza. del Alamillo, 8
Madrid
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