Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?

Suscríbete a nuetro boletín gratuito
Está usted en: Firmas > Agricultura

DESIGUALDAD, POBREZA Y HAMBRE (3)

El Hambre, que es otro de los temas que saltan frecuentemente a las páginas de los periódicos culpando, como siempre, al liberalismo y a la economía de mercado de todos los males.

Actualizado 21 diciembre 2013  
Compartir:  Comparte esta noticia en Twitter 
 Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Enviar  |  
Comentarios 1
Vicente Boceta, Ingeniero Agrónomo y Técnico Comercial
  
Es curioso, precisamente el problema del hambre está localizado en África o en Iberoamérica donde, salvo unos breves momentos en Chile o hace un siglo en Argentina antes de la llegada nefasta del peronismo y su “Justicia Social “,no ha existido nunca liberalismo ni economía de mercado ni capitalismo, sino precisamente socialismo en sus distintas versiones, peronismo, chavismo, fidelismo y un largo etc.
 
Siguiendo al Padre Roncero,(aquí presente),en América Latina no se ha vivido nunca un Sistema Liberal, con excepción de Argentina, y apenas por unas décadas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Entonces alcanzó un elevadísimo nivel de vida semejante al de Bélgica y Holanda.
 
Aquella próspera situación desapareció con la llegada del sindicalismo y populismo de Perón bajo la bandera de justicia social. Es un sistema de centralismo estatal, recomendaciones, compadrazgo, privilegios, proteccionismo estatal, “mordidas”, etc. Es un sistema que no favorece la responsabilidad personal y que en definitiva termina sofocando los derechos y libertad del individuo y por tanto de los ciudadanos. Todo lo contrario del Capitalismo y la Economía Liberal del Mercado.
 
Naturalmente lejos de aportar soluciones a estos problemas, en el caso de la CELAM achacan a algo que nunca ha existido, el liberalismo, el capitalismo y la economía de mercado, la culpa de todos los males recomendando, más intervencionismo, ó más populismo, en resumen más socialismo, lo cual no hará sino agravar el problema y causar más pobreza y más hambre. Es como recetar a una persona que le duele el estomago por una úlcera, dosis masivas de aspirina contra ese dolor….. lo que irremediablemente le conducirá a la muerte.
 
Así resulta un verdadero despropósito asimilar algunas políticas al liberalismo. Cuando se aumenta el gasto público, los impuestos se elevan de tal modo que se trata al contribuyente como un inmenso limón. Cuando se eleva el endeudamiento público se compromete el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso en el que se eligió a los gobernantes que contrajeron la referida deuda, cuando se denomina “privatizaciones” al traspaso de monopolios estatales a monopolios privados, o cuando se elimina la independencia de la justicia o, la división de poderes. Cuando sucede todo esto, se desdibuja el significado de una sociedad abierta utilizando rótulos engañosos e inapropiados que no coinciden con la realidad.
 
Las terribles condiciones de salud, alimentación o vivienda de millones de seres humanos en Iberoamérica o África, se debe a que han sido excluidos del mercado simplemente porque no hay mercado, lo que se debe a que no existe un estado de derecho.
Insisto, como dije antes, en que es importante distinguir entre libre mercado y “Capitalismo Corrupto”. Por ejemplo, las personas o grupos, sean agricultores, industriales o lo que sea que hacen lobby para obtener subsidios o privilegios, no sirven a los consumidores ni a la Sociedad. Presionan a los Gobiernos para obtener un dinero que no han ganado y unos beneficios sin riesgo a costa de los impuestos a los consumidores. Del mismo modo, no es ético ni justo evitar la quiebra de negocios, ó proteger a  empresas y negocios de la competencia (subsidios o aranceles) o privilegiar a unas empresas sobre otras a través de leyes y requisitos regulatorios a su favor. Lo que hacen los políticos es seleccionar grupos de personas para obtener mayores ingresos de los que obtendrían a través de la competencia y eso sólo puede hacerse a través de impuestos que se aplican coactivamente y que favorecen a unas industrias sobre otras.
 
Pues bien en ese ambiente de mensajes catastrofistas que nos inundan constantemente, (ya se sabe que los mensajes apocalípticos venden y recaudan subvenciones), uno de los temas recurrentes, junto con el de la pobreza, el agotamiento de los recursos naturales, etc., vuelvo a repetir, es el del hambre en el mundo.
 
Sin embargo, al igual que se ha demostrado, entre otros por Xavier Sala y Martin, que la pobreza mundial sigue disminuyendo tanto en términos absolutos como relativos, ocurre lo mismo con la tragedia del hambre.
Hace 30 años se identificaba hambre con los países asiáticos (India, BanglaDesh, etc.). En aquellos años la renta per cápita del África negra doblaba a la del Este Asiático y hoy es la mitad. Cabría preguntarse por qué, ya que la ayuda al desarrollo a los países subsaharianos ha alcanzado unos niveles superiores a los de cualquier otra ayuda pasada, v.g.plan Marshall, llegando a alcanzar el 18% de la renta nacional africana.
 
Siguiendo el doctor Norman Borlaug, premio Nobel de la Paz por su Revolución Verde, las predicciones de los ideólogos del medio ambiente y otros ecólatras y ecocondríacos, la producción de alimentos en el mundo se ha multiplicado por tres en los últimos 30 años muy por encima del crecimiento de la población. En 1950 el mundo producía 162 millones de toneladas de cereales para 2.200 millones de personas. Hacia 1992 la producción era de 1.900 millones de toneladas (más 175%) para 5.600 millones de personas. O sea, que había 2,8 veces más grano para 2,2 veces más población. Los rendimientos de la cosecha mundial pasaron de 0,45 a 1,1 toneladas por acre.
 
Por lo tanto, no se trata de un problema de incapacidad productiva sino de distribución, es decir, precios, mercados, infraestructuras y, sobre todo, instituciones libres, derechos de propiedad e imperio de la ley capaz de defender dichos derechos.
Por ello, tampoco se pueden compartir las erróneas afirmaciones de la jerarquía católica o sus ONG’s. El problema es que estas Instituciones en primer lugar diagnostican mal las causas del hambre y a continuación, en segundo lugar proponen unas soluciones y medicinas equivocadas.
Hablan, por ejemplo de que la pobreza y el hambre sólo pueden erradicarse si disminuyen las desigualdades y se protegen los derechos humanos o que hay que facilitar el progreso social y económico dentro de unos límites, no se dicen cuáles, para garantizar que nuestro planeta sea seguro (a saber qué quieren decir) para las futuras generaciones. De igual modo se propugna garantizar la seguridad alimentaria (que tampoco se dice en qué consiste) y avanzar hacia una alimentación “Suficiente y Sana” para todos (pero nadie sabe lo que la jerarquía católica interpreta como “Suficiente y Sana”) términos etéreos y cien por cien subjetivos. De igual modo se incita a cambiar el estilo de vida, (se entiende de los países desarrollados) marcado según ellos por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos. Como todo el mundo sabe, si en un momento dado, y de forma generalizada, existe desperdicio y despilfarro de alimentos, es porque dichos alimentos son excesivamente baratos. En el momento que un alimento, o un factor de producción como el agua, sube de precio, el mercado se autorregula y dicho fenómeno desaparece. Por otra parte, pocas veces he visto definido lo que es el “Consumismo”. Al margen de que eso es lo que los economistas Keynesianos-Socialistas incentivan, entiendo que se trata de un “Exceso de Consumo” que es algo totalmente subjetivo al igual que lo es el concepto “Exceso de Ahorro”.
Incluso se afirma, sin ningún tipo de documentación ni pruebas, que el 33% de la producción mundial desaparece a causa de pérdidas y derroches por lo que eliminando ambos, disminuiría el número de hambrientos y, además que éste desperdicio se debe a los “Ídolos de los Beneficios y del Consumo”.
 
En el fondo late de nuevo la idea de una economía de suma cero donde el hambre se produce por el derroche y el “Excesivo Consumo”, además de las pérdidas de producción. De hecho llegan incluso a considerar como algo negativo que los alimentos sean tratados como otra mercancía.

Pues bien, efectivamente para acabar con el hambre, o con el frío, es imprescindible que existan mercados libres de productos alimenticios al igual que existen en el vestido, el calzado o la vivienda. Así es como se ha acabado con el hambre en los países desarrollados y cómo puede elevarse la producción agraria y alimenticia por encima del crecimiento de la población o cómo se crean redes de frio y de tratamiento de alimentos para evitar desperdicios o incluso, cómo, a través del mercado, se desarrollan bancos de alimentos para ayudar a las pequeñas bolsas de pobreza que existen en los países desarrollados.
 
Es la lógica del beneficio y de las ganancias las que con el progreso elevan el bienestar y la dignidad de la persona y avanzan en la satisfacción de sus necesidades. Todo lo contrario ocurre en los países donde existe hambre, que son, como vengo afirmando, aquellos en los que no hay economía de mercado, ni libertad de empresa, ni derechos de propiedad y tampoco igualdad ante la ley. Es el propio interés el que mejor sirve a la familia humana y sobre todo a los pobres y a los que sufren de hambre y desnutrición. Recurrir a una distribución equitativa  (sea lo que sea que esto quiere decir) de alimentos no conduce a que nadie carezca de lo necesario excepto en Economías de suma cero o con criterios intervencionistas y liberticidas propias del Socialismo, a no ser que se propugne la aberración del racionamiento de alimentos como paradigma de equidad. (Cuba es un buen ejemplo).
 
La demagogia implícita en frases como que “El alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre”, no sólo no refleja la verdad, sino que incita al intervencionismo de los políticos públicos para planificar y repartir bienes, cosa que ha fracasado repetidamente y que en lugar de solucionar el problema lo agrava. Eso se llama racionamiento que será muy igualitario y equitativo, pero que al final conduce, otra vez el ejemplo de Venezuela ó Cuba, a extender el hambre. En fin, hay Instituciones que aman tanto a los pobres que procuran que cada vez haya más.
Ahora bien. ¿Cómo solucionar o paliar el Hambre?
Comentario (máx. 1500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)


Título (obligatorio)


Nombre (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen superior
     
NOTA: Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9:00 y las 21:00. Los que se remitan fuera de este horario, serán aprobados al día siguiente.
CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de cronicaeconomica.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
cronicaeconomica.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.


Adrián Staffolani
23/03/2017
Prof.
Excelente y esclarecedor artículo
 Otros artículos de Agricultura

Oportunidades en el sector agroalimentario

La Deuda Pública necesita reducirse

Los Bosques en la FAO

Exportar a China, asignatura pendiente

LA HORA DEL PLANETA

ALGO ESTÁ CAMBIANDO

DESIGUALDAD, POBREZA Y HAMBRE (y 5)

DESIGUALDAD, POBREZA Y HAMBRE (4)

DESIGUALDAD, POBREZA Y HAMBRE (2)

DE OCA EN OCA...

© Copyright CRÓNICA ECONÓMICA, S.L. 2019 | Suscríbete al boletín | Mapa web | Contacto | Publicidad | Política de cookies | Política de privacidad | Estadísticas | RSS
Celindas, 25. 28016 Madrid.