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DESIGUALDAD, POBREZA Y HAMBRE (4)

En 2050, debido al crecimiento de renta y de población, se necesitarán aproximadamente el doble de alimentos que en la actualidad. Actualmente se cultiva ya el 37% de la superficie terrestre por lo que el aumento en la producción de alimentos, es muy difícil que pueda lograrse a través de un aumento de la superficie de cultivo.

Actualizado 28 diciembre 2013  
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Vicente Boceta, Ingeniero Agrónomo y Técnico Comercial
  
Por lo tanto, la respuesta agraria es: elevar significativamente el rendimiento/Ha a través de mejores técnicas y de variedades más productivas mediante la ingeniería genética.
En consecuencia para combatir el hambre es preciso hacerlo a través de tres vías:
•       Tecnología biológica (transgénicos, nuevas variedades).
•       Tecnología física (herbicidas, técnicas de riego, maquinaria).
•       Instituciones y políticas económicas de libre mercado, que son las que han creado redes de producción y comercialización que han acabado con el hambre en los países (al contrario que por ejemplo, la PAC  y sus dañinos efectos colaterales creando pobreza en los países pobres, ó los controles de precios).
 
En efecto, las nuevas técnicas de cultivo, la aplicación de fertilizantes, herbicidas y sobre todo, nuevas semillas modificadas genéticamente han permitido no sólo aumentar la producción de alimentos sino de hacerlo sin que se eleve significativamente la superficie cultivada, lo cual a su vez beneficia a la conservación del medio ambiente. Las nuevas técnicas de ingeniería genética y la biotecnología permitirán fácilmente aumentar las productividades por hectárea un 50% en China y en los países industrializados. Incluso sin los avances de la biotecnología dichos rendimientos podrían aumentar un 70% en la India, Latinoamérica, Rusia y Europa del Este, y el 150% en el África Subsahariana. Con ello se podría alimentar fácilmente a una población de doce billones de personas (por cierto, las últimas estimaciones de las Naciones Unidas consideran que el tope de la población mundial alcanzará en los próximos 50 años del orden de ocho billones de personas para comenzar a declinar a partir de ese momento. Además el aumento poblacional del siglo XX no se ha debido a que los seres humanos se reproduzcan como conejos sino que, gracias a Dios, han dejado de morir como moscas).
 
En definitiva, si la sociedad deja de prestar atención a los activistas anticientíficos y a los nuevos Luditas anti progreso, el problema del hambre en el mundo es algo solucionable…en tanto en cuanto los políticos, Instituciones Internacionales (ONU), ONG’s e incluso instituciones religiosas dejen de tratar de controlar, dirigir y planificar, con su ignorancia y soberbia totalitaria, la economía y la ciencia. En su fatal arrogancia se consideran semidioses capaces de construir en una generación un mundo sin miseria. Es una soberbia que ha fracasado permanentemente pero la clase política, insisto,  desde su arrogancia,  quiere seguir intentándolo a costa de la libertad personal, empresarial y política.
Merece la pena recordar que en 1968 el biólogo Paul Ehrlich en su libro The Population bomb predijo que la batalla para alimentar a la humanidad había fracasado y que cientos de millones de personas en los años 70 morirían de hambre, se hiciese lo que se hiciese. En 1967 el fundador del World Watch Institute, Lester Brown indicaba que desde 1961 el consumo de alimentos había superado a la producción. Parecidos despropósitos se afirmaban en trabajos como Primavera Silenciosa de Rachel Carson o en el catastrofista Los límites al crecimiento del Club de Roma o en el famoso informe de la administración Carter, Informe Global 2000, realizado en 1980, en el que para el año 2000 aseguraba terribles escaseces de energía, minerales, alimentos y bosques para el año 2000.
Lo grave es que, ya en el siglo XXI. Los mismos mensajes siguen siendo lanzados por las mismas personas pese a haber fracasado de forma constante en sus predicciones y todo el mundo, con un espíritu masoquista difícil de entender, sigue haciéndoles caso.
 
Lo cierto es que en estos momentos la situación del África Negra se está agravando y la pobreza y las enfermedades (malaria) continúan creciendo sin que se adopten las únicas medidas posibles para solucionar los problemas. Persisten prácticamente en todos los países, dictaduras, gobiernos socialistas y corrupción generalizada, sin derechos de propiedad definidos y protegidos, sin sistemas adecuados de educación y salud, sin infraestructuras físicas suficientes, sin mercados libres, sometidos además a la demagogia proteccionista de los países ricos que de hecho les impiden utilizar las nuevas técnicas y semillas genéticamente modificadas que les permitirán multiplicar por tres su capacidad de producción de alimentos.
El cambio hacia semillas más avanzadas puede asimismo significar un ahorro en las necesidades de agua y de herbicidas. Por otra parte, es preciso abandonar la idea de que el agua es un bien libre y un derecho otorgado por Dios a los seres humanos. El 70% del consumo mundial de agua se debe a los regadíos agrícolas, mientras no llega al 10% el consumo humano. Por ello es necesario que el precio del agua como factor de producción se aproxime al máximo al coste real del uso del recurso y se creen mercados de derechos que permitan asignar al agua a sus usos más rentables. Probablemente el agua valga más que el oro pero valor no es lo mismo que precio, sino que depende de la escasez, abundancia y estimación subjetiva del bien como ya expusieron los escolásticos españoles del SXVI.
Quiero empezar subrayando algunos de los éxitos de la investigación genética en agricultura en la que, hace ya 46 años participé personalmente investigando y tratando de obtener líneas de maíz ricas en lisina y triptófano, dos aminoácidos carenciales en dicho grano y que condicionaban mucho una alimentación correcta entre los que tenían como grano básico el maíz. Pues bien, al cabo del tiempo la ingeniería genética logro en dos años lo que mediante medios normales todavía estaríamos investigando y todo ello sin ningún daño colateral.
 
Por otra parte, los cultivos transgénicos reducen los costes de producción por unidad de producto, que es especialmente beneficioso para los países subdesarrollados donde la población agrícola supera el 50%. A título de ejemplo, en Sudáfrica los agricultores que han adoptado el algodón Bt han aumentado sus producciones medias en un 25% reduciendo paralelamente las aplicaciones de insecticida de 7 a 1, mientras se incrementaban sustancialmente sus ingresos por hectárea.
Asimismo, y debido a la ecolatría, Instituciones como Greenpeace pueden llevar a un genocidio silencioso (como ya se ha hecho en el caso de la malaria con el DDT: más de 2 millones anuales de muertes). Así, se ha producido por ejemplo una oposición violenta a la variedad de arroz obtenida por ingeniería genética llamada arroz dorado desarrollado a finales de los años 90, que incluía entre sus nutrientes la provitamina A o betacaroteno. Lo llamaron arroz dorado y evitaba la muerte de entre 1 y 2 millones de niños en los países más pobres por falta de vitamina A.
Desde el primer momento, los grupos ecologistas se han opuesto a él. En este sentido Patrick Moore, cofundador de Greenpeace y en la actualidad uno de sus críticos más feroces, ha denunciado que la resistencia del arroz dorado ha podido causar unos 8 millones de muertes.
 
La violencia contra los cultivos experimentales es una vieja costumbre ecologista. También han destruido uvas resistentes a un virus que puede arrasar viñedos enteros o un trigo con menor índice glucémico y más fibra para mejorar la salud de los consumidores de pan. Y a título de ejemplo quiero presentar ahora tres transparencias que subrayan la importancia de los cultivos transgénicos en la lucha contra el hambre.
Recientemente en Egipto se ha desarrollado una planta de trigo tolerante a la sequía a través de ingeniería genética, transfiriendo al trigo un gen de una planta de cebada, de esa forma el trigo de esta variedad necesita solamente un riego en lugar de los 8 riegos por estación. Este nuevo trigo aumentará de forma muy significativa la producción de alimentos en climas semiáridos.
La salinidad es uno de los grandes problemas agrícolas pues gran proporción de “agua corriente” en el mundo presenta alto contenido de sal, por lo que no puede utilizarse como agua de trigo.
En Adelaida (Australia) se ha modificado un gen que “ordena” a las plantas de arroz que almacenen sal en sus raíces, lo que evita que se transmita a los granos y reduzca la producción.
Se logró lo mismo hace años con tomates tolerantes a la salinidad que almacenaban sal en sus hojas, evitando que fuera a los frutos.
 
Actualmente se trabaja para transferir estos genes al trigo y a la cebada y, paralelamente, también mediante ingeniería genética, para encontrar nuevos genes tolerantes a la sequía.
En definitiva,la mejor alternativa: nuevas variedades a través de ingeniería genética con medios fertilizantes y herbicidas, menos necesidad de agua (más resistencia a la sequía), mayor resistencia a plagas y más beneficios para la salud (reducción de la anemia, ceguera infantil o carencias de aminoácidos fundamentales).
No he entrado todavía en la influencia negativa de los “Calentólogos” de todo tipo que al achacar el cambio climático a la actividad humana, tratan de controlarlo mediante el control de emisiones de CO2, que por supuesto no es un gas contaminante, pero al que hacen responsable de un todavía no demostrado calentamiento global pues llevamos 13 años en los que  no ha habido subidas de temperaturas a pesar del constante aumento del CO2. No quiero entrar en este debate pues nos encontramos de nuevo con la voracidad fiscal de la clase política que a través de más gasto público, y como consecuencia, más impuestos, no cesan de lanzar mensajes catastrofistas sobre el fin del mundo y sobre la imperiosa necesidad de controlar la actividad humana. Pues bien, quiero presentar unas mínimas transparencias sobre la influencia del CO2 en la lucha contra el hambre.
El aumentar el CO2 en 300 partes por millón por encima del nivel atmosférico (que ya es de 370 partes por millón), ocasionó un crecimiento de las plantas del 31% con una irrigación óptima y un 63% en una situación de escasez de agua. . Con un incremento de 600 partes por millón las cifras son 51% y 219%.

A lo largo de 800 observaciones científicas alrededor del mundo se ha constatado que doblar el CO2 de los niveles actuales aumentaría la productividad en las plantas por término medio un 32% entre todas las especies.
Con niveles altos de CO2 los rendimientos medios de cereales, arroz, trigo, cebada, centeno etc. se elevan entre un 25% y un 64%.
Las plantas tuberosas incluyendo las patatas, las batatas, etc. aumentan su rendimiento entre el 18% y el 75% y las legumbres, incluyendo guisantes, judías y soja, aumentan entre el 28% y el 46%.
Por otra parte, temperaturas más altas permiten que se pongan en cultivo nuevas superficies terrestres.
En USA, conforme el CO2 y las temperaturas aumentan moderadamente, se han producido cosechas récord, de maíz, soja, trigo, cacahuetes, remolacha azucarera, judías, algodón, patatas, arroz, sorgo, cebada, avena y girasol.
 
Lo triste del caso es que básicamente las naciones ricas han pagado a los africanos para que sigan siendo pobres y ayuden a que las naciones desarrolladas se sientan mejor al emitir CO2
 
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