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América Latina, un nuevo modelo exportador (II)

Partiendo de que el comercio internacional es beneficioso para los países, nadie se atrevería a sugerir que Uruguay produzca salmón y Noruega carne. Probablemente la reflexión más importante de la economía internacional resida en la idea de que existen ganancias del intercambio comercial, es decir, cuando los países se venden entre sí bienes y servicios se produce, casi siempre, un beneficio mutuo.

Actualizado 19 marzo 2016  
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Ramón Casilda Béjar
  
Sin embargo, los economistas no pueden discutir los efectos del comercio internacional, o en todo caso recomendar cambios en las políticas gubernamentales con cierta fiabilidad. Esto explica por qué los patrones del comercio internacional –quién vende a quién qué cosa– sea una de las preocupaciones más importantes de los economistas especializados en economía internacional. Pues bien, para potenciar el crecimiento económico y la competitividad de América Latina, una solución puede ser incrementar el comercio mediante un «nuevo modelo exportador». El informe, Pers pectivas Económicas: Las Américas, analiza el desempeño de las exportaciones en las regiones en desarrollo y emergentes durante las últimas dos décadas, con el fin de evaluar el potencial de crecimiento futuro en América Latina.
Los resultados señalan que, en la mayoría de los países latinoamericanos, el comercio es inferior a lo que cabría esperar en función de los parámetros de los modelos estándar. Este ha sido un problema persistente a lo largo de casi un cuarto de siglo y, según el informe, se debe en parte a la geografía de la región y al legado de políticas proteccionistas. Un argumento de importancia se refiere a la integración en los procesos de producción internacionales (las cadenas mundiales de valor) y los acuerdos comerciales que podrían ser beneficiosos, pero estos distan mucho de ser soluciones mágicas, sobre todo en la actual coyuntura mundial. Se hace necesario, si se desean alcanzar estos beneficios, que las autoridades diseñen y apliquen políticas que incrementen el valor añadido y, en consecuencia, la competitividad de las exportaciones, posibilitando con ello el ingreso en los grandes mercados mundiales que, típicamente, son las economías avanzadas.

Para estimar el desempeño del comercio, el informe analiza la brecha  exportadora de la región durante el período 1990-2013, utilizando variables tales como la distancia geográfica, el tamaño económico y ciertas características históricas y culturales de los países. La parte no cubierta de las exportaciones, es decir, la diferencia entre las exportaciones efectivas y las previstas, representa la «brecha» positiva o negativa, que indica si el comercio de un país es superior o inferior al que cabría esperar en función de sus fundamentos económicos. En comparación con el resto del mundo, el comercio de América Latina se sitúa, en promedio, por debajo de lo previsto, sobre todo en el caso de los países de América del Sur. Además, el comportamiento de las exportaciones regionales no ha mejorado en las últimas dos décadas, lo cual contrasta marcadamente con los obtenidos por los países emergentes y en desarrollo de Asia. Los resultados son válidos tanto para las exportaciones brutas como para las de valor agregado (añadido), un concepto que ha venido ganando aceptación ya que es sustancial cuando los países utilizan muchos bienes intermedios en la producción de exportaciones.

Las diferencias regionales son amplias, siendo importantes entre los países. México destaca por un comercio superior a lo previsto en términos de exportaciones brutas, pero presenta un desempeño mucho más débil en cuanto a exportaciones de valor agregado. Esto obedece, en altísimo grado, a los flujos comerciales bilaterales entre México y Estados Unidos, lo cual es coherente con el afianzamiento de los vínculos de la cadena de suministro (por ejemplo, en el sector del automóvil) entre estos países. Chile también muestra un buen desempeño; está muy influenciado por los vínculos con China aunque, como es conocido, Japón y Corea también aparecen como importantes destinos de sus exportaciones. Pese a tener una limitada base o diversificación exportadora, parece que Chile ha sido capaz de incrementar el volumen, algo que no se puede decir de otros exportadores de materias primas de la región. La evolución del comercio de Argentina, Brasil y Colombia es la más débil de América Latina. En los casos de Argentina y Brasil, la baja cantidad de exportaciones a las principales economías avanzadas –en particular Estados Unidos– es un factor determinante. En el caso de Colombia, las reducidas exportaciones a México y Brasil inciden bastante. En otros países se observan pequeñas desviaciones del desempeño del comercio con respecto al nivel que sería coherente con los fundamentos económicos. Venezuela se destaca como un país cuyo comercio es superior a los parámetros en términos de valor agregado. Esto se debe a que exporta más petróleo de lo que cabría esperar en función de sus fundamentos económicos. Ahora bien, respecto a si una mayor integración comercial podría promover las exportaciones de América Latina, el informe analiza el modelo con variables relativas a las cadenas mundiales de valor y a los acuerdos comerciales.

Los resultados indican que una mayor integración en las cadenas mundiales de valor a nivel de país se traduce en un mejor desempeño dentro de la región, tanto de las exportaciones brutas como las de valor agregado. Sin embargo, el impacto directo a corto plazo es económicamente limitado. Esto hace pensar que la integración comercial por sí sola no basta para dar un impulso inmediato al comercio. Para cosechar frutos a largo plazo, América Latina tiene que aprovechar el comercio en las cadenas mundiales de valor, para de esta manera fomentar un mayor conocimiento y capacidad productiva mediante la innovación, un desafío al que la región se enfrenta desde hace  décadas y que irremediablemente debe hacerlo sin demora. Una de las palancas con la que cuenta sería el fortalecimiento y potenciación de la internacionalización de sus em presas, como es el caso de las multilatinas.

Sin embargo, pese a los esfuerzos desplegados en América Latina para reducir las barreras comerciales, la región ha permanecido más cerrada al comercio que otras de mercados emergentes. Si se tiene una postura realista para lograr mejoras posibles, el informe propone algunas políticas que podrían resultar útiles como las siguientes:
• Es fundamental realizar esfuerzos para penetrar en los grandes mercados, en particular en las economías avanzadas. En un entorno altamente competitivo, son necesarios avances más firmes en las reformas estructurales para aumentar las cuotas de participación en estos mercados.
• La región podría beneficiarse de una mayor integración en las cadenas mundiales de valor. Sin embargo, el impacto directo de esa estrategia en el comercio seguirá siendo reducido si la integración no da lugar a un crecimiento sostenido de la productividad, a través de la propagación de conocimientos y un mayor comercio intrasectorial.
• Los acuerdos comerciales no son en sí mismos una varita mágica para fomentar el comercio. Los acuerdos integrales, –como pretende serlo elAcuer do Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés)–que reducen tanto las barreras arancelarias como las no arancelarias, que armonizan los marcos regulatorios y en   los que participan grandes economías avanzadas y emergentes, deberían generar un efecto positivo a medio plazo. En cambio, los bloques comerciales con protecciones a escala regional dan la impresión de ser menos prometedores. • La mayoría de los países latinoamericanos no forman parte del TPP (solo forman parte Chile, México y Perú), siendo deseable que tomen medidas para evitar el riesgo de quedar excluidos de los pactos multirregionales, en este panorama que augura una rápida evolución del comercio mundial.
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