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¿APRENDEREMOS ALGUNA VEZ?

(En agosto el precio del aceite de oliva ha subido espectacularmente en origen)

Actualizado 6 septiembre 2012  
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Redacción Agrolibre
  
Lograremos tener las ideas claras, algun dia

“No sé a ustedes pero a mí, cada vez que oigo hablar de “precios justos” en la agricultura, me entran sudores ... .”Precios justos” es una expresión utilizada por todos los políticos, desde el Jefe del Estado en sus alocuciones navideñas,  uno de los pocos momentos a lo largo del año en que se dirige a todos los ciudadanos, pasando por el Jefe de Gobierno y por Mariano, jefe de la oposición y teórico candidato a la Presidencia de Gobierno.  Cada vez que se habla sobre el sector agrario, todos sus representantes, políticos o sindicales, cuando tratan de reivindicar una mejor situación para el sector, todos hablan, sin saber bien lo que dicen, de lograr unos “precios justos” para los productos agrarios.

Los “precios justos” todo lo curan
, son como el “bálsamo de Fierabrás”, ante las extremas dificultades por las que, en numerosas ocasiones, atraviesan los productores agrarios, siempre se recurre a la pócima maravillosa de los “precios justos”, receta absolutamente inaplicable porque nadie la sabe ni la puede cocinar.

Los precios de los productos agrarios siempre se establecen, en un mercado libre, entre aquel  precio que permite y satisface el deseo o necesidad del comprador que coincidiría con el precio mínimo y aquel otro precio que permitiría vender todo el producto a plena satisfacción del  productor-vendedor que sería el precio máximo.  Entre ambos precios, máximo y mínimo, el que consigue la plena satisfacción de los vendedores, máximo, y el que consigue la plena satisfacción de los compradores, mínimo, se sitúa siempre el precio de mercado.

Y ahora pensemos, ¿por qué tildar de” justo” el precio de satisfacción de los vendedores y no hacer lo propio con el precio que se corresponde con los deseos de los compradores? ¿Es lícito pensar que todo debe girar en torno a la producción? Nadie puede entender  por qué es “injusto y rechazable” el precio que se establece libremente entre el productor y el comprador. ¿Es normal obligar a comprar una mercancía si existe otra más barata o negar que el comprador tenga la facultad de comprar al precio que quiera?

Cuando el precio de un producto, agrario o no, cae, no se trata de ninguna injusticia ni nadie puede, salvo con el empleo de la fuerza de una imposición gubernamental impedir su caída. El mantenimiento artificial del precio de un  producto agrario mediante su almacenamiento subvencionado, su retirada y/o  destrucción,  la compra en intervención o cualquiera otra forma que se utilice por los poderes públicos, supone siempre un coste muy elevado para todos los contribuyentes estén o no implicados en el problema y eso si que es siempre, una “injusticia”. 

El precio de un producto en un mercado libre cae siempre porque, o bien el producto no tiene demanda o bien, como ocurre en la mayoría de los casos, se produce en exceso. El mercado corrige la falta de demanda o el exceso de oferta con la bajada del precio de compra, al igual que cualquier exceso de demanda o insuficiencia de la oferta, el propio mercado la resuelve siempre con la subida del precio. La “justicia” del mercado se manifiesta en el primer caso con el aviso al productor para que combine de forma diferente sus bienes de capital y produzca algo distinto o produzca menos y en el segundo caso, caso de subida de precios, premiando al productor por su originalidad o su anticipación a los deseos del consumidor.

En general  en el sector agrario las decisiones empresariales, salvo el abandono de la actividad, son difíciles de adoptar a nivel individual porque el fenómeno de caída de los precios ocurre y ocupa, dado que  la competitividad suele ser muy parecida, a todos los componentes de un sector productivo.  La caída de precios de un producto agrario, debe ser considerada siempre como un problema de todos sus productores y su ocurrencia, al tratarse de bienes de primera necesidad, leche, aceite, trigo, tomates,...sin transformaciones complejas, obedece generalmente a un exceso de oferta.

Estas consideraciones, el “ABC” del mercado libre, las hacíamos ya hace más de dos años, el  27 de Julio de 2010, en un artículo publicado en Crónica Económica titulado “LOS PRECIOS JUSTOS”, con motivo de las enormes injusticias que se cometen continuamente con las actuaciones derivadas de la aplicación de las leyes de Defensa de la Competencia y hoy las volvemos a  traer a colación para que, una vez más, ustedes comprueben su certidumbre.

Llevamos unos meses hablando de la ruina del olivarero español, del desastre del mercado del aceite de oliva, dados los bajos precios en origen del producto, intentando superar la crisis con medidas, fundamentalmente políticas, absolutamente inapropiadas
. Los productores de aceite de oliva afirman que en los últimos cuatro años los precios han caído un 30 %, lo que amenaza el futuro del sector. Todas las Asociaciones de almazaras y envasadores, Organizaciones de Productores y Almazaras denuncian la situación del Sector y nos hablan de una caída de precios inaguantable y de una situación sectorial “desesperada”. Las aceitunas para almazara, han pasado de 0,68 euros por kilo de aceituna en el año 2006 a los 0,22 euros de esta última campaña, lo que supone un descenso del 67 %. Los productores advierten de que, "el sector está condenado a desaparecer si no se establecen mecanismos que pongan freno a determinadas prácticas comerciales" o "medidas en defensa de la viabilidad del sector productor de aceite de oliva".
Todo lo que ocurría tenía una fácil explicación, traía causa de lo que inicialmente hemos comentado, el exceso de oferta existente.

Según datos de la AAO sobre  la pasada campaña de aceite de oliva, la producción de aceite alcanzó el record de 1.610.500 toneladas, con un incremento del 16% respecto de la campaña anterior. La aceituna molturada fue de 7.636.472 toneladas con un rendimiento medio de 21,1% (0,63 puntos por encima del de la campaña pasada). La comercialización total hasta el pasado 30 de junio se cuantifica en 1.071.900 toneladas, lo que supone un incremento del +3% con respecto a la campaña anterior y +13% sobre la media de las cuatro últimas. La media de salidas en estos nueve meses ha sido de 119.100 toneladas. Las exportaciones con datos todavía provisionales para el mes de junio, se cuantifican en 640.600 toneladas, volumen de gran significación pues representa un crecimiento del +5% sobre el récord alcanzado la campaña anterior y del +20% en relación a la media de las cuatro anteriores, en cada una de las cuales se batió sucesivamente el récord de exportación. 

La media mensual de salidas en el periodo ha sido de 71.180 toneladas. El mercado interior aparente ha alcanzado la cifra 431.300 toneladas, cifra prácticamente igual a la de la campaña pasada y un ascenso del +4% respecto de la media de las cuatro campañas precedentes. La media de salidas en estos nueve meses ha sido de 47.920 toneladas.

El volumen total de existencias es de 1.063.500 toneladas. En las almazaras se almacenan aún 878.600 toneladas, mientras que en las envasadoras, refinerías y operadores se sitúan otras 184.900 toneladas
y aunque  se han retirado del mercado 203.000 t de aceite virgen, mediante la operación de almacenamiento privado aprobada por la Comisión Europea, las existencias disponibles alcanzan aún la cifra record de 860.500 toneladas.”
Por ello, la caída del precio del aceite en origen era y ha sido absolutamente inevitable, el mercado corrige el exceso de oferta minorando el precio para aumentar la demanda.

Pero llegado el mes de julio y sobre todo el mes de agosto todo lo anterior ha dado un vuelco espectacular. Ya en Julio se dispararon la contratación y los precios en el mercado de futuros del aceite de oliva, en parte por la retirada de producto autorizada por la UE, 203.000 t de aceite virgen, y el aumento de almacenamiento privado, pero fundamentalmente por la importante caída de cosecha prevista por todos para la próxima campaña que minorará de forma importante la oferta y hará funcionar al mercado libre subiendo los precios del producto tal y como siempre ocurre. La demanda ante una oferta limitada hace subir el precio del producto de forma inmediata.

La “falta de oferta” que ha caracterizado este periodo estival comienza a ceder pues las cooperativas, a la vuelta de vacaciones, estiman que el nivel de precios es oportuno, es decir que la corrección ha sido inmediata. Además el mercado  ha sufrido, como es lógico, un fuerte fenómeno especulativo que no se producía desde hace tres campañas, debido, nos confirman, a las oscilaciones y fuertes subidas de los precios del aceite y a las pesimistas expectativas de producción para la próxima campaña. El nivel de de precios alcanzado ha tranquilizado al sector que, en ausencia de lluvias otoñales verá subir de nuevo el precio de los aceites.

Las solas fuerzas de los mercados han corregido el desequilibrio cuando se ha actuado sensatamente. Lo ocurrido en el sector del aceite de oliva es paradigma y ejemplo de cómo los sectores agrarios deben actuar en la búsqueda de sus equilibrios, no se trata de impedir “reclamos”, publicidades, regalos etc, ni de hacer intervenir permanentemente a los tribunales de la competencia, cuya existencia es absolutamente cuestionable, sino de jugar con las fuerzas del mercado, retiradas, almacenamientos privados, incrementando la demanda tanto interior como exterior... ... y todo ello sin recabar ni permitir la intervención estatal , siempre sesgada e irresponsable. No olvidemos que el Estado lo que le da a unos se lo quita a otros y si lo que prescribe resulta un fiasco siempre mirará hacia otro lado. 
 

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