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¿HA HABIDO PLAGIO O NO?

Toda la verdad sobre el supuesto plagio de Pedro Sánchez

Actualizado 20 octubre 2018  
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José María Oliva, CEO y fundador de Peritos Expertia (www.peritosexpertia.com)
  
Los especialistas en caligrafía y los técnicos que actuamos judicialmente en la expertización de documentos, verificación de circunstancias o elevamos informes judiciales solemos tener mucha prevención a todo lo que se publica por los medios de comunicación. En la mayoría de los casos debemos tener sumo cuidado en que tales publicaciones no contaminen o intoxiquen la investigación judicial y el avance de los procedimientos.
La velocidad con que los medios transmiten las informaciones, y la angustia con que se actualizan, es infinitamente más rápida que el avance a velocidad de tortuga con que lo hacen los procedimientos hasta su veredicto final.
Lo que ha quedado en las mentes de los ciudadanos de lo que tiene que ver con el presunto plagio que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, pudo hacer con su tesis doctoral, es que, efectivamente, parece que copió parte de sus textos de los textos escritos por otros estudiosos. Sucintamente, y pese a los esfuerzos realizado por La Moncloa, eso es lo que tristemente ha quedado en las mentes de los que vemos, escuchamos o leemos en medios de comunicación.
Sin embargo, hay aspectos muy importantes que han escapado al análisis concienzudo y que no pueden resumirse en una información de prensa, que siempre se acerca a la información con “trazo grueso”.
Ahora se sabe, por ejemplo, que Pedro Sánchez se lucró al ascender a la categoría de doctor con su tesis doctoral en cuestión, al tomar parte de los tribunales que evaluaban a los nuevos doctorandos, una nueva controversia dado que si se demuestra que su tesis doctoral carecía del rigor y de la experiencia investigadora necesaria escasamente podría evaluar a futuros doctorados. La mayor parte de las universidades españolas exigen al menos seis años de experiencia investigadora para poder formar parte de ellos. El acceso al grado de doctor faculta especialmente para todos aquellos que desean acceder a la carrera universitaria, y sería un grado imprescindible, al menos en sus categorías clásicas, para poder alcanzar el grado de catedrático de universidad.
 

La resistencia del doctorando Pedro Sánchez, al que se supone la superación del curso de doctorado para poder entregar su discutida tesis doctoral, para dar por zanjado el asunto explicando ante el Senado su situación académica y la de sus tesis, muy al contrario de cerrar el asunto, lo que ha hecho es mantener aún más las dudas sobre la opacidad del procedimiento que lo encumbró al grado de Doctor.
Las dudas no residen solamente en si plagió o no plagió, sino que ahora se extienden sobre la mediocridad del trabajo, la celeridad en montar un tribunal a medida, las dudas sobre la posible intervención del Ministerio de Industria, el bajo perfil de los miembros que componían el tribunal de doctorado, -todos recientemente doctorados también-, y la concesión del Cum Laude en solo tres años, un caso insólito y reservado solo a los muy brillantes.
Pero volviendo al asunto acerca de la redacción del texto sobre su tesis he tenido recientemente ocasión de ser entrevistado sobre el particular en el programa “Duros a Peseta” de Cadena COPE y allí he tenido oportunidad de sostener mi impresión de que los medios de comunicación y la opinión pública en general ha sido demasiado laxa en el asunto, que se ha tratado con trivialidad. No digamos ya el ámbito académico, al que una situación como ésta daña enormemente.
El documento de la tesis del actual presidente del gobierno ha sido sometida a diversas “pruebas del algodón” para determinar el grado de plagio de su originalidad. La tesis doctoral, titulada “Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público 2000-2012”, no tiene precisamente un título sugerente para iniciarse en su lectura, pero no por ello ha pasado desapercibida y todo el mundo, con mayor o menor grado de conocimiento, se ha atrevido a opinar sin conocimiento.
Para empezar, el robot antiplagio Plagscan ha arrojado el dato, considerado implacable por muchos, de que “solo” un 21% de la tesis estaba o parecía plagiado. Otra herramienta, de las utilizadas por la universidades para detectar plagios, la aplicación Turnitin, llegó a considerar que el presidente del Gobierno “fusiló” solamente alrededor de 52 páginas para su controvertida tesis.
 
Sin embargo, debemos considerar que el plagio podría haber sido total en los documentos a los que afecta y que no eran de su propia creación. El debate está desvirtuado porque se han tomado como referencia unos valores de plagio que no son del todo correctos al valorar el porcentaje de plagio sobre el total de la obra del presidente y no sobre el porcentaje de los documentos copiados o plagiados.
Tanto algunos medios como el propio Gobierno, e incluso el propio autor Pedro Sánchez, se han empeñado en señalar que la tesis tiene unos porcentajes “admisibles” de plagio y esto es de todo punto incorrecto, puesto que no se plagia la tesis sino los documentos originales que se han tomado.
Resulta ahora que las herramientas antiplagio solo han tomado referencias sobre textos y documentos volcados en la red, y no sobre libros y textos no digitalizados, por lo cual dichas herramientas son parcialmente útiles, funcionan como una referencia, y solo ofrecen aproximaciones.
 
Además, resulta ciertamente difícil encontrar que pequeñas partes de un documento sean muy distintas a otros que ya hayan sido publicados sobre una misma materia. Un teorema, por ejemplo, puede resultar idénticamente expresado en un idioma y otro, y solamente textos de cierto formato pueden determinarse iguales en un cierto grado de identidad que permita decir claramente que han sido copiados” o categóricamente plagiados. Y es aquí donde nos encontramos con que la tesis del actual presidente del gobierno ofrece serias dudas acerca de su autenticidad.
Un plagio es tomar documentos originales, copiar sus textos, gráficas o tablas y pegarlos, aunque sea en partes pequeñas a lo largo de la obra nueva. Cuando esto se detecta lo que hay que hacer es determinar el porcentaje de ese documento que ha sido copiado en la tesis.
 
Podemos seguir el siguiente ejemplo para comprenderlo: si tomamos el Quijote, por ejemplo, con 250 páginas, y un escritor le añade capítulos nuevos y nuevas páginas hasta un total de 1.000, y le pasamos a éste nuevo documento las herramientas que han sido utilizadas por La Moncloa para determinar el grado de plagio de la tesis de Pedro Sánchez, nos indicarían que ha sido plagiado el 25% en ese nuevo libro desde el original de Cervantes, pese a que todo el mundo estaría de acuerdo en que habría sido plagiado. Desde el punto de vista de algunos medios de comunicación o siguiendo la tesis de La Moncloa, sería un “grado de plagio asumible”, aunque en verdad hemos “fusilado” absolutamente el texto completo y original de Cervantes hasta llegar a las 1.000 páginas.
¿Habríamos copiado el Quijote?, evidentemente si, pese a que la herramienta nos indique que nuestro nuevo Quijote “solamente” está plagiado en un 25%. Una ironía inaceptable.
Resumiendo, entiendo que el caso de la tesis del presidente marcará un antes y un después en la preparación de tesis doctorales o trabajos universitarios. Un documento plagiado no es un documento solo en el que no se cita al autor o a la publicación donde se dio a conocer, es un plagio cuando se copia y se pega íntegramente un texto original, por pequeño que sea, y el plagio es al cien por cien si el documento está entero, es decir, que no se ha recortado o utilizado parcialmente ni se cita a su autor o su procedencia.
 
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