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California y España (1)

California, tierra española

Otro de los territorios olvidados, dónde la huella de España está siendo mancillada políticamente por la incultura dominante en el mundo, es California. La antigua "Alta California" pertenece a Estados Unidos en la actualidad y la parte sur denominada "Baja California" es administrada por México.

Actualizado 9 enero 2019  
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Gonzalo Fernández de Navarrete González Valerio
  
A muchos medios de comunicación españoles actuales les ha sorprendido la pobre respuesta del gobierno de España a los insultos y a la deformación histórica que se está produciendo en el estado norteamericano de California, que abarca la parte norte de lo que en el imperio Español se denominaba desde el siglo XVI “Las Californias”.
 
En este territorio antiguamente denominado por España “Alta California”, es actualmente de los Estados Unidos de América. Coincide en parte con el territorio del Estado de California. En esta zona de los Estados Unidos se está produciendo en los últimos tiempos la retirada de estatuas de Cristóbal Colón y también de Fray Junípero Serra, atribuyéndoles una supuesta actividad “genocida” que en realidad nunca se produjo. Fray Junípero Serra fue un religioso mallorquín de la Orden Franciscana, fundador de las misiones de California el padre espiritual de la colonización española en esas tierras.
 
Todo ello se produce sin que haya una respuesta adecuada por parte de las autoridades españolas, que desde el advenimiento de la Constitución de 1978 han renunciado de forma incomprensible al conocimiento de la historia de España y a su divulgación.
 
Y no es que no se defienda la historia de España en los territorios anteriormente españoles que hoy son administrado por otros países como Estados Unidos –más de 2/3 partes del territorio actual de Estados Unidos fueron parte del imperio español y por ejemplo la Ciudad de San Agustín en la Florida es mucho más antigua que cualquier asentamiento británico  de los actuales Estados Unidos- , sino que tampoco se hace ningún esfuerzo por enseñar y difundir lo compleja y avanzada de la administración española en los más de 300 años durante los cuales España fue la estructura política más poderosa del mundo.
 
Si no existe un relato positivo de la historia de España en las Comunidades Autónomas o regiones que conforman actualmente España, sería sorprendente que existiera una defensa a nivel internacional de la huella de España…
 
Y tampoco hay que sobrevalorar lo que en las condiciones actuales de conexión digital inmediata puede hacer un gobierno de un país, sea el que sea, contra la actual facilidad de difusión de mensajes de forma instantánea y breve en redes sociales, en Instagram, en Twitter o en Whatsapp, donde circulan “informaciones” cuya veracidad es casi nula: lo importante es que sea breve y claro, sin posibilidad alguna de reflexión o de antítesis para averiguar o profundizar en su contenido. La propaganda se ha impuesto de forma irremisible al conocimiento, pero no por ello hay que desfallecer en la reivindicación de los hechos verídicos de la historia.
 
El “Zeitgeist” o “Espíritu de los tiempos” actuales está transformando en irrelevantes  muchos de los “hechos” acaecidos ocurridos en el pasado, y toda interpretación de la historia se está adentrando más en el ámbito de la “creencia” que del conocimiento. En el pasado siempre ha sido así en parte y de ahí proviene la fe que muchos españoles tienen en las leyendas negras creadas contra España por sus enemigos, pero en el siglo XXI el fenómeno se ha acelerado exponencialmente: la historia es más maleable que nunca y los hechos deformados y simplificados son más rápidamente difundidos que nunca anteriormente a capas de la población con muy poca formación.
 
En cualquier caso, y aunque sea una lucha con pocos visos de interesar a una mayoría de personas, el conocimiento y reivindicación de la huella de España, y de los motivos que llevaron a expandir a la Monarquía Española por todos los confines del mundo hasta convertirla en el imperio más extenso y más duradero de la época moderna no deben dejar de reivindicarse. No fue únicamente una exploración admirable por tierra y por mar, sino que existió un proyecto “culto” de desarrollo de esos territorios administrados por España.
 
California como ruta de paso naval de regreso de Filipinas
En realidad existían -y existen- dos “Californias”. La parte dónde se ubica la Península de California, se llamó históricamente “Baja California” colonizada poblada por España desde el siglo XVI aún mantiene su nombre. Pertenece en la actualidad a México.
 
El norte de California, ubicado donde termina la península de la “Baja California”, se denominaba “Alta California”, y se corresponde en la actualidad en parte con el territorio del Estado de California, forma parte en la actualidad de los Estados Unidos de América. Fue colonizado por España de un modo más tardío que la parte sur.
 
Aunque el norte de California era importante desde el inicio de la epopeya española desde el siglo XVI , sin embargo la parte que hoy pertenece a los EE.UU no fue poblada por los españoles hasta muy tarde. Ubicada en el norte de las Indias Occidentales –o norte América-, la Alta California no sería colonizada por España hasta finales del siglo XVIII, doscientos cincuenta años después del desembarco de Hernán Cortés.
 
Hasta ese momento de finales del siglo XVIII y principio del XIX,  solamente existían puntos de referencia en las costas de la Alta California por la importancia de esa localización como ruta de retorno desde Filipinas hasta Acapulco para la flota española que servía la ruta entre el Virreinato de la Nueva España –México-  y la Capitanía General de Filipinas.
 
Filipinas como territorio colonial español se atendía administrativamente desde la América Española, desde el Virreinato de la Nueva España. Esa flota española que unía México y Filipinas  atravesaba regularmente el Océano Pacífico: se denominó “El Galeón de Acapulco” o el “Galeón de Manila”, dependiendo del origen del que partiera la navegación.
 
Si bien los vientos permitían navegar de forma directa desde Acapulco en la costa Oeste de México hasta Filipinas, el retorno atravesando el pacífico desde el mar de China a México era mucho más complejo. Llegar desde Manila a la costa Oeste de México no era fácil, pues los vientos no permitían un regreso directo.
 
Finalmente, la ruta naval de retorno que partía de Filipinas hasta México fue establecida por el gran navegante español Andrés de Urdaneta en el siglo XVI. Suponía navegar atravesando el Océano Pacífico desde Filipinas hasta el estrecho de Bering bordeando la costa China hasta el estrecho de Bering que separa Asia de América,  continuar la navegación bordeando la costa de Alaska, pasar por las costas de “las Californias” hasta llegar al puerto de Acapulco en la costa Pacífica de México. Era por lo tanto estratégico para el Imperio Español evitar que otros poderes europeos dominaran el territorio existente entre Alaska y la baja California. 
 
El desencadenante de la colonización de la Alta California
A finales del Siglo XVIII empezaron los rusos  e ingleses a interesarse por esas tierras españolas que se ubicaban entre la actual Alaska y la Baja California. A pesar de pertenecer “nominalmente a la monarquía Española,  sin embargo no tenían asentamientos poblacionales permanentes de españoles.
 
La colonización en la Alta California del siglo XVIII  significa el establecimiento de misiones y de población de origen español en esas tierras, y fue decidida por España en época de Carlos III,  para evitar que se establecieran colonos de otros países en territorio de la monarquía española:
- por una parte los rusos,  que ya estaban en el estrecho de Bering tras haber extendido el imperio zarista por Asia hasta la costa del Océano Pacífico,
- y también evitar otros exploradores que habían llegado después que los españoles a estas costas, especialmente los ingleses.
 
Aunque  no estuviera poblada ni existieran asentamientos permanentes españoles, sin embargo desde el siglo XVI las tierras al norte de California eran un territorio conocido. Además su origen mitológico y etimológico es de origen español, y merece ser conocido.
 
La etimología española de “California”
 Existen pocos libros que atesoren un contenido tan amplio como un buen diccionario etimológico.
La Real Academia Española de la Lengua define así “etimología” :
“Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma.”
Uno de esos diccionarios etimológicos de referencia es el escrito por Gutierre Tibón, publicado en México en 1988 y titulado “Diccionario etimológico comparado de los apellidos españoles, hispanoamericanos y filipinos.”
En él aparece el origen etimológico de cualquier término español que pueda constituir un apellido.
 
En el caso de los términos  “California” o “Californias” la detallada definición construida por Gutierre Tibón en su diccionario nos muestra:
- en primer lugar de  la “españolidad” del término que denomina a esa parte de América
 
- en segundo lugar de la  vinculación del nombre de California como “tierra prometida” en el imaginario español peninsular y colonial novohispano:
 
“CALIFORNIAS,  Méx. De California, nombre tomado de las “Sergas de Esplandián (1510)  de Ordoñez de Montalvo, en que se describe a las amazonas negras que gobiernan la isla de California, “a la derecha de las Indias , muy cerca de aquella parte del Paraíso Terrenal[…]”
 
Gutierre Tibón se refiere a Garci  “Ordoñez de Montalvo”, que es un escritor español del prerrenacimiento. Nacido a mediados del siglo XV en Medina del Campo, se le denomina indistintamente en los libros de historia  tanto Garci “Rodríguez de Montalvo” como Garci “Ordoñez de Montalvo”.  Las “Sergas de Esplandián”  en las que se cita el nombre de California, y que servirá para bautizar primero a la península de California,  son la continuación del libro de caballerías medieval “Amadís de Gaula” cuyos primeros capítulos Ordoñez de Montalvo presumiblemente había contribuido a traducir y ampliar de la lengua galaico-portuguesa al castellano, antes de escribir unos nuevos capítulos.
 
Lo más relevante de la definición del diccionario de Tibón respecto al origen etimológico del término “California” es la vinculación bíblica que presidió las exploraciones y descubrimientos españoles desde finales del siglo XV, vinculando y bautizando muchos territorios por inspiración de la búsqueda del “Paraíso” en la tierra.
 
Otro ejemplo de esta vinculación con los textos bíblicos que guiaba las exploraciones españolas desde el siglo XV  es la denominación de “Islas Salomón” en el Océano Pacífico, en la que los españoles comandados por Álvaro de Mendaña , iban en búsqueda de las minas del rey Salomón evocadas en la biblia, y por ello las bautizaron con ese nombre.
 
La construcción etimológica e la palabra “California” dada por Gutierre Tibón - basándose en textos y estudios de Boisacq, Frisk, Georges, Pokorny, y Ernout et Meillet-   explica el proceder completo del autor de las “Sergas de Esplandián”, Ordoñez de Montalvo, creador de la palabra “California”:
 
“El nombre [California] se hace derivar de “califa”, por su sabor oriental, o de “Calpurnia” , cuarta y última esposa de Julio César […]
En él conservó la primera y última sílaba de Cal-pur-nia, introduciendo el eufónico enlace “(i)for” por la exótica voz califa, “sucesor” del Profeta [Mahoma] cuyo altísono sentido no podría convenir más a la isla de las amazonas.”
 
Es por lo tanto la palabra “California” una construcción española,  con raíces en la mitología de la “tierra prometida”, y en los conceptos bíblicos del “paraíso terrenal”. Esa vinculación mítica subyace en cierto modo en la actualidad idea del Estado de California –la alta California- como tierra de oportunidades. 
 
 Y es por ello que cuando oigamos la palabra “California”, hay que sentirse orgullosos de su origen español, así como de la epopeya exploradora y colonizadora española que exploró y colonizó esas tierras. Tanto como si oyéramos las palabras “Florida”, “Argentina”, “Filipinas” o “Santo Domingo”, por citar solo algunas de ellas.
 
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