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A vueltas con la caza.

Cuando un tonto, en este caso un grupo de animalistas, coge una linde, la linde se acaba, pero el tonto, en este caso en grupo de animalistas, sigue. Así de simple es lo que está ocurriendo en nuestro país con el auto-nominado partido animalista, Pacma.

Actualizado 4 abril 2019  
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Redacción Agrolibre
  
Ahora resulta que Pacma, tras estar defendiendo el denominado “feminismo animalista”, que busca la protección de las hembras animales e igualar sus derechos al de las mujeres, en unión de la organización “Libertad Animal”  y manifestar su profundo rechazo a lo que ellos consideran un ultraje a las vacas porque, "son violadas para que produzcan leche y cuando dan a luz se les arranca al ternero y para seguir produciendo leche  para el consumo humano, vuelven a ser violadas y de nuevo les quitan a su ternero”, están intentando prohibir la caza en todo el territorio nacional.
 
Hace unas semanas y tras la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León prohibiendo la caza Castilla León a instancias del partido animalista (Pacma), el mundo rural ha dicho “basta ya” y ha decidido al fin defenderse contundentemente de las continuas campañas que recibe, su modo de vida, por parte de asociaciones animalistas y ecologistas, alentadas ahora, además, por partidos políticos como Podemos e, incluso, por algunos miembros del Gobierno actual como la ministra Teresa Ribera.
Pero ante la tajante respuesta de todos los que, de verdad, saben, conocen y viven del mundo rural y no de los urbanitas que controlan las asociaciones animalistas, auténticas depredadoras de todo lo rural, parece que todo está volviendo a su cauce.
Así, por ejemplo, el Consejo de Ingenieros de Montes de Castilla y León de forma tajante ha considerado que la decisión judicial no sólo ha sido desproporcionada, sino que además revela el “pro-fundo desconocimiento de los ecosistemas”.
La caza, nos dicen, ha demostrado ser compatible con la supervivencia de las especies cinegéticas y además señalan que, el problema de la prohibición, lejos de ser un mecanismo de defensa para la fauna silvestre, es su peor amenaza. “Las especies cinegéticas lo son en los terrenos donde está permitido cazarlas porque, en las condiciones actuales, sus poblaciones han demostrado soportar una tasa sostenida de extracción de individuos. Si el control cinegético desaparece, esas especies pueden reducir drásticamente su mortalidad y tenderán a expandir sus poblaciones en detrimento de las demás, lo que no es un problema en el caso de las aves, pero sí puede serlo en el caso de los mamíferos”. Los cazadores son las últimas víctimas de una ofensiva que va ganando cuerpo al calor de las posibilidades de difusión que ofrecen las redes sociales a los bulos y las fake news. Agricultores, ganaderos de reses bravas, aficionados a la pesca o empresarios y trabajadores de circo tampoco escapan a los embates de quienes se consideran los únicos y verdaderos defensores de los animales. ‘Sin nosotros el campo moriría’.
Pero insistamos en que ya, todos los ruralistas incluída la propia administración Castellano Leonesa, han tomado cartas en el asunto y así, con toda urgencia, han aprobado la Ley 9/2019, de 28 de marzo, modificando la Ley 4/1996, de 12 de julio, de Caza en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, ley en la que se fomentaba “el ejercicio de la caza en nuestra Comunidad bajo el principio de la conservación de la naturaleza y su consideración como actividad dinamizadora de las economías rurales”.
La nueva Ley que deja huero la sentencia que tanto aplaudió Pacma, señala en su preámbulo que:
… …” La caza se presenta en la actualidad como una actividad que debe ejercitarse de manera racional y ordenada, de tal manera que se garantice la existencia permanente del propio recurso, es decir, el estado de conservación favorable de las especies que aquí se regulan, su utilización razonable y la estabilidad de los procesos y equilibrios naturales.
En Castilla y León, más del 88% de su superficie son terrenos cinegéticos y la mayor parte de los mismos, en torno a 78.000 Km2, están constituidos bajo la figura de cotos privados de caza.
La actividad cinegética se ha demostrado en los últimos años como la herramienta de gestión y control más eficaz de las poblaciones de ungulados silvestres, jabalíes o conejos, que permite reducir los daños ocasionados por esta fauna silvestre sobre los cultivos, la ganadería, los accidentes de tráfico y evitar posibles epizootias y zoonosis, tales como la tuberculosis bovina, la peste porcina africana, etc. De hecho, las autoridades internacionales y nacionales están cada vez más preocupadas por las repercusiones que las enfermedades transmisibles por los animales silvestres puedan tener para la salud pública y la seguridad alimentaria.
Las cifras de siniestralidad que ocasiona la fauna silvestre cinegética constituyen un motivo de preocupación en todos los países de la Unión Europea. Las políticas públicas de seguridad vial exigen la reducción de los efectivos de pobla-ciones de ungulados silvestres en determinadas comarcas de forma prioritaria por parte de los poderes públicos y, para lograr esta medida, la herramienta más efectiva es la caza.
En España, según los datos de la Dirección General de Tráfico, en el año 2016 la fauna cinegética ha ocasionado un total de 427 accidentes con víctimas, con 4 muertos, 39 heridos hospitalizados y 515 heridos no hospitalizados. En nuestra Comunidad durante dicho periodo se contabilizaron 6360 accidentes. Algunas de las provincias castellanas y leonesas se encuentran a la cabeza de este trágico índice de siniestralidad.
Además, la caza es determinante para la conservación del patrimonio natural y el equilibrio de los ecosistemas y de la fauna. En el caso de Castilla y León con la información técnica y científica actual, está constatada en muchas comar-cas, que la sobreabundancia de poblaciones de ungulados silvestres, en los hábitats de especies catalogadas en peligro de extinción como el urogallo cantábrico o el oso pardo cantábrico, es negativa para estas especies, por lo que la gestión de las poblaciones cinegéticas se impone como una medida fundamental para la conservación de las especies más amenazadas.
Es importante destacar también que precisamente las comarcas rurales de Castilla y León, especialmente las menos industrializadas o pobladas, son las más vinculadas a la actividad económica derivada de la caza, hasta el punto que los ingresos obtenidos de la misma constituyen su principal fuente de riqueza y contribuyen, por tanto, a evitar la despoblación del medio rural.
La situación anteriormente descrita requiere dotar a la actividad cinegética en Castilla y León de un marco jurídico estable que garantice la protección de las especies cinegéticas de acuerdo con lo establecido en el marco comunitario y nacional, y asegure el control de las poblaciones cinegéticas cuando estas afectan a la seguridad y salud de las personas y sus bienes, modificando para ello la Ley 4/1996, de 12 de julio.
En primer lugar esta Ley, conforme a lo establecido en las Directivas europeas, traspuestas en la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, persigue dotar de un marco jurídico estable a las especies definidas   como cinegéticas, declarando como tales aquellas que, no encontrándose en ninguno de los supuestos de protección estricta conforme a la normativa comunitaria, estatal y autonómica, y que debido a sus niveles poblacionales, su distribución geográfica y su índice de reproductividad, puedan soportar una extracción ordenada de ejemplares. Asimismo, se fijan los periodos y días hábiles para el ejercicio de la caza.
Asimismo, se establece en esta Ley un régimen complementario de protección de estas especies que garantice que el ejercicio de la caza no comprometa el estado de conservación de las mismas en su área de distribución.
por último, la ley prevé que la Consejería competente en materia de caza apruebe un Plan General de Caza, en el que se establezcan limitaciones adicionales, que contemplen las peculiaridades comarcales, las medidas necesarias que deriven de las variaciones climáticas temporales o la evolución local de determinadas especies”.

Pero los ecologetas siempre vuelven, y así, solo unas horas después de que el Tribunal Superior de Justicia, desestimara una denuncia de ecologistas en Acción, pretendiendo culpar a los miembros de la Mesa de las Cortes de delitos como usurpación de atribuciones o prevaricación por la tramitación de la Ley, Pacma se ha manifestado de nuevo ante las Cortes Castellano Leonesas, para seguir dando la matraca sobre el tema.
Su presidenta ha asegurado que seguirán adelante con la presentación de un recurso contra la decisión judicial porque entienden que, con esta nueva ley de caza, se pretende burlar una orden judicial incumpliendo directivas europeas de control poblacional. Es más, considera “terrible” que cazadores y políticos, pongan en tela de juicio al poder judicial. Pacma pretende, no solo acabar con la ley sino con la práctica de la caza porque, según afirman:
. la caza no solo cuesta la vida a millones de personas en el país, (barbaridad tremenda que nadie desmiente), sino que además hay miles de accidentes por la caza en España, (mentira flagrante).
. están contaminando nuestro entorno con seis millones de toneladas de plomo que vienen de las armas que utilizan para la caza, no podemos consentir que estén apoyados por los poderes políticos, por quienes desoyen a los que quieren poner fin a esta actividad violenta
. quiere llegar hasta el final y que se “depuren responsabilidades a quienes han querido burlar una orden judicial” y echa en cara que los partidos políticos están del lado del lobby de los cazadores al dar luz verde a la modificación legislativa -aún no puesta en vigor- que da potestad al gobierno autonómico para establecer especies cazables y porque
. esta ley incumple directivas europeas que establecen que el control población tenga en cuenta criterios como la tasa de reproducción o el número de animales que hay: “Hay un desacato a la autoridad judicial”
Limitémonos a destruir la argumentación de que los cazadores “están contaminando nuestro entorno con seis millones de toneladas de plomo que vienen de las armas que utilizan para cazar”, porque la afirmación “de que la caza cuesta la vida a millones de personas”, (debe ser porque Pacma considera como persona a todo animal viviente), se cae por sí sola e indica el nivel científico y de veracidad que se contiene en estos animalistas.
Sabiendo que hay 835.000 licencias de caza en nuestro país, la utilización de 6 millones de t de plomo, según afirma Pacma, supondría que cada cazador utilizaría, sería responsable de envenenarnos anualmente, con 7.186 kg de plomo y como cada cartucho puede suponer la utilización de 30 gramos de plomo, cada cazador dispararía al año 239.533 cartuchos, unos 656 cartuchos diarios, ... … ¡no les parece a ustedes una sinrazón más! O son unos inútiles desvergonzados y totalmente acientíficos o, ¡qué se les pasa por la cabeza, que tienen, estos animalistas a los que les da igual decir cualquier cosa!
Por nuestra parte y en total concordancia con la última intervención de Victorino Martín en el Senado Español insistimos en que, “el animalismo es una ideología que, con diferentes matices, impone que los hombres no tienen derecho a utilizar animales para ninguno de sus fines. El animalismo actual supone, nadie lo dude, una hecatombe cultural, económica y ecológica.
Cultural, porque el animalismo actual sería el fin de centenares de expresiones culturales que nos definen como pueblo: la “Rapa das Bestas”, la romería del Rocío, el arrastre de piedras, la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, los “corre bous”, la cetrería, la matanza del cerdo, los encierros en Pamplona o en Medina del Campo, la fiesta de la lamprea, la fiesta del “Campanu”, la caballada de Atienza, la fiesta del pulpo o tantas otras… …
Económica, porque acabaría con las explotaciones ganaderas, por supuesto, pero también con el trabajo con cuero en Ubrique, los atuneros vascos, el jamón de Jabugo, de Teruel o de Guijuelo, las mantas de Ezcaray, los zapatos artesanales de Mallorca o los de Alicante, el queso en sus cientos de estilos, los embutidos salmantinos, la butifarra gerundense y leridana, el fin del marisqueo gallego o de la almadraba en Barbate y Zahara de los Atunes.
Y finalmente, también el animalismo supondría una debacle ecológica. El paisaje en España, uno de los más biodiversos de Europa, es un paisaje conformado en gran medida por la relación del hombre y los animales que utilizamos.
“El animalismo es la aniquilación del mundo rural y entiendo que desde un despacho de Madrid sea fácil defender el animalismo”.
Pero nunca olvidemos que:
 “A la libertad económica, a la idea de que la gente se posee legítimamente a sí misma y a la propiedad que “captura” de la naturaleza por ocupación, así como a la propiedad adicional que obtiene, además, comerciando con su trabajo o con sus posesiones legítimas, es la única ideología para la que la única actividad humana inapropiada es la iniciación de amenaza o fuerza contra otro o contra su propiedad. A primera vista la relación entre ecologismo y libertad parecería directa y evidente: el aumento de uno llevaría a una disminución de la otra y viceversa.
Y, sin embargo, ya hoy, tenemos fuertes evidencias de una relación inversa entre ambos.
Hoy ya vivimos sobre la base marxista e incluso comunista de muchos de los defensores de problemas medioambientales. Gente que ha llegado al movimiento ecologista con la guadaña. Gente cuyo principal objetivo es, poder dirigir las vidas de otros, ya sea por su propio bien, por el bien de la sociedad o por el bien de las imparables “fuerzas de la historia”. 
Cierto es que, a estas gentes, les fue bastante bien durante décadas en Rusia y Europa Oriental. Gracias a ellos, esta vasta parte del planeta marchaba unánimemente hacia la visión marxista de todo el poder para el “proletariado”. Pero en 1989, gracias a las contradicciones internas del comunismo (Mises, 1969), su mundo cambió de los pies a la cabeza. Algunos trasladaron su fidelidad a los únicos sistemas completamente comunistas que permanecieron vigentes, a Cuba y Corea del Norte. Otros, sin amilanarse, se limitaron a cambiar de caballos en la misma carreta: en lugar de socialismo formal, esta gente adoptó el ecologismo como un medio mejor hacia sus fines inalterados. Pueden calificarse como “sandías”, en el sentido de que son verdes por fuera y todavía rojos por dentro.
Luego vinieron los verdes actuales, los de verdad. Los que ven el ecologismo no como un medio para un fin, sino como el verdadero objetivo en sí mismo. Los más radicales son directos, ven al hombre como un enemigo de la naturaleza y, si pudieran, destruirían al primero para salvar a la segunda. Graber, biólogo investigador del Servicio de Parques Nacionales de EEUU, nos dice que, “hasta que llegue el momento en que el Homo sapiens deba decidir volver a unirse con la naturaleza, algunos solo podemos esperar que aparezca el virus apropiado para su desaparición”. Somos, al parecer, un cáncer para la naturaleza y como describe Mills unos “protoplasmas humanos degradados”.
Algunos son ligeramente menos radicales. Así, creemos nosotros, son los nuestros. No reclaman la práctica extinción de la raza humana. Se limitan a sostener que los animales tienen derechos, que los árboles tienen derechos, que los organismos microscópicos tienen derechos. Se dice que Ghandi, por ejemplo, a veces llevaba una máscara quirúrgica para no matar inadvertidamente un microorganismo al respirar.
Finalmente bajando un poco en el extremismo de la gente con preocupaciones ecológicas, están quienes únicamente culpan a los mercados, la libre empresa y el capitalismo por la ruina del planeta. En su opinión, lo que hace falta es controlar esos apetitos malvados y volver a una versión “más amable y gentil” del intervencionismo público”… 
Nuestros animalistas, en este caso Pacma, olvidándose de todo lo real sobre la caza, su aportación al PIB, sus más de 186.000 puestos de trabajo, sus casi 6.000 millones de euros de gasto directo, su participación directa en el desarrollo rural… …vuelven a embestir contra el sector de la caza y a considerar a los cazadores como unos vulgares asesinos.
¡Planas despierta de una vez! ¿Es que no tienes los bemoles necesarios para llevar esos temas a través de la fiscalía hacia donde deberían dirigirse…? ¡no debe ni pueden permitirse, más mentiras ni más insultos, sobre una actividad absolutamente legal y económicamente lucrativa para toda la sociedad, fundamentalmente para el subsector rural!
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