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Hay que rectificar lo antes posible.

Experta en meter la pata como pocas ministras

Hace unas semanas comentábamos, en nuestro artículo semanal "No estamos solos", las declaraciones que el Presidente de Repsol, el señor Brufau, había realizado sobre la posición de nuestro país, ante el futuro energético y aplaudíamos sus ideas porque, aunque no lo parezca, era la posición que, desde hace ya demasiado tiempo veníamos defendiendo desde Agrolibre.

Actualizado 27 junio 2019  
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Redacción Agrolibre
  
“Al fin uno de los “grandes” de la industria española reincide en decir las auténticas verdades, absolutamente inapelables, sobre la estupidez de los diversos gobiernos españoles en materia de la lucha contra el “cambio climático” y la sinrazón de la Conferencia de París.
 Brufau ha apuntado al objetivo incluido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), presentado recientemente por el Gobierno, de reducir un tercio todas las toneladas de dióxido de carbono (CO2) en 13 años, lo que multiplica por 2,4 los objetivos planteados por la Unión Europea. Para el presidente de Repsol, este "ambicioso" proyecto "no es suficiente" para hacer cambiar el sentimiento de otros países, incluido Alemania, que no pretende renunciar al carbón al menos hasta el año 2038. "Cuando pensamos que España tiene que liderar esto, vayamos con cuidado por los costes que puede provocar este liderazgo.
Brufau se ha referido a que, pese a la sensibilidad de Europa en la lucha contra el cambio climático, hay otros países que tienen otras prioridades, como "el crecimiento económico o sacar de la pobreza a sus ciudadanos", sobre todo teniendo en cuenta que en Europa solo se genera el 10% de las emisiones generadas en todo el mundo, frente al 28% que suponen en China.
Ha reclamado que el proceso de transición energética "combine la reducción de gases de efecto invernadero con la reconstrucción del tejido industrial", es decir, que se lleve a cabo una "transición ordenada y posibilista" con el modelo económico.
El primero de los cuatro campos de actuación señalados por Brufau pasa por definir la senda más eficiente en costes para reducir las emisiones, a través de mejores motores, el aislamiento de edificios, una mayor eficiencia de la iluminación o los motores eléctricos.

El segundo de ellos se centra en "no despreciar a la tecnología", es decir cumplir con la neutralidad tecnológica, algo que, según él, no se cumple. En tercer lugar, ha hecho alusión a la libre competencia y a la "excesiva regulación al margen de lo que necesita un país competitivo", ya que "cargan impuestos y subvencionan actividades no productivas".
El último de estos cuatro campos de actuación es el "poner en el centro al ciudadano", sobre el que Brufau ha hecho hincapié en que hace falta hacer referencia a la gestión de la demanda. "Si no lo hacemos, acabará pagando la factura el más débil, como ya ha pasado en el pasado.
Hay mucha ideología y muy poca reflexión; nos creemos el fin del mundo y no lo somos; hay que respetar a la gente, a la sociedad, al planeta y a la tecnología.
Abogamos por una transición ecológica ordenada, posibilista, al margen de ideologías, y fuera de la influencia de los lobbies", porque aquí "hay demasiadas voces opinando.
Europa emite el 10%, China el 28%. Por tanto, cuidado con las decisiones que tomemos, seamos prudentes. Si otros no nos siguen no lograremos reducir las emisiones", pero Europa sí sufrirá los efectos negativos en la economía”.

Como era absolutamente esperable y así, al menos nosotros, lo habíamos anunciado tras las declaraciones de Brufau, vino la reacción de la “holligan” Ribera, quizás la mayor visionaria medioambientalista que nunca hayamos tenido y aunque ejerce el ministerio de Transición Ecológica en funciones, ha amenazado a Repsol con una próxima subida de los impuestos al diésel y ha atacado a su presidente.
De Antonio Brufau aseguró que "pensaba que era un hombre moderno", en una entrevista en Radio Nacional de España que insistía en que tomaba al presidente de la petrolera por "un hombre moderno que entendía los tiempos y los desafíos de una empresa energética que tiene por delante unos cuantos interrogantes importantes" y subrayó que, negar la realidad del proceso de cambio económico y social en materia de medio ambiente "no es inteligente".
La ministra lanzó estas duras acusaciones justo a la compañía que está haciendo uno de los mayores esfuerzos en reducción de emisiones pero que, desde la junta general de accionistas, pidió al Gobierno cautela ante el "ambicioso liderazgo" que España quiere asumir porque puede conllevar un importante coste para la industria.
La ministra mostró su sorpresa por las palabras del máximo responsable de la petrolera y consideró que una industria asociada al petróleo y el gas, "que sabemos que tiene una necesidad de transformación importante para adecuarse a las demandas, a las obligaciones, a las leyes y a los acuerdos internacionales que nos obligan a un modelo de desarrollo diferente, compatible con el medioambiente, y por tanto completamente descarbonizado", no debe centrar el debate en mantener una estrategia que "les convierta en líderes en exploración y explotación de hidrocarburos en los próximos 50 años".
Ribera explicó que si ella u otra persona lidera las políticas energéticas y ambientales en el próximo Gobierno se pondrá a trabajar "con la mayor diligencia" para equiparar la fiscalidad del diésel con la gasolina, algo que el Ejecutivo llevó en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019, que fue rechazado en el Congreso.

Ribera justificó que son "muy claros los informes reiterados de la OCDE y de la Comisión Europea" sobre el hecho de que España tiene una fiscalidad ambiental inferior a la media, por lo que abogó por "incentivar comportamientos compatibles con el medio ambiente".
Sin embargo, a pesar de las diatribas de la ministra, esta misma semana hemos conocido que los líderes de los 28 estados miembros de la UE, acordaron el jueves pasado comenzar a trabajar, una vez más, en "una transición hacia una UE neutral respecto al clima". ¡Un nuevo frenazo!
Todos los países UE con, sin saber muy bien su por qué, España a la cabeza, esperaban una versión mucho más sólida del plan.
Hasta hace unos días se preveía una estricta hoja de ruta sobre el cómo alcanzar que, las emisiones netas de CO2, fueran nulas y que lo fueran antes de la finalización del año 2050. Acuerdo que hubiera afectado a más de 500 millones de personas que viven en la UE.
Pero una vez más, el acuerdo se diluyó significativamente ya en los días previos a la cumbre celebrada. Muchas naciones europeas siguieron apoyando la fecha límite fijada, pero otros, fundamentalmente los centroeuropeos, se negaron en redondo, con las mismas razones anunciadas hace semanas por el presidente de Repsol, tan atacado por la ministra Ribera, recordando los negativos impactos de la medida sobre los empleos y las industrias.
Al final de la reunión, incluso la versión más débil resultó ser demasiado estricta para un grupo de países europeos liderados por Polonia.
Los votos de veto de Polonia, la República Checa, Hungría y Estonia significaron que el objetivo de emisiones propuesto para 2050 se convirtió en una mera nota al pie, que especificaba que una "gran mayoría de los estados miembros" debería alcanzar la neutralidad climática para 2050.
 
Y… … pues que, como ven el lío continúa porque, aunque ya en diciembre pasado, cuatro grandes productores de petróleo, Arabia Saudita, EE. UU., Kuwait y Rusia, se negaron a respaldar el último e influyente informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) mostrando cómo podría verse el mundo a menos de 1.5 ° C del calentamiento, otros miembros de la ONU con la UE a la cabeza, siguen erre que erre, con sus idiocias.
Recordemos que, en este nuestro mundo occidental europeo, tan dirigido a las, para ellos, nuevas energías renovables, la negativa a la difusión de sus, digamos compradas, profecías apocalípticas, la negativa de los países petroleros, grandes financiadores de las organizaciones mundiales, ha sido un nuevo y durísimo palo.
El informe fue encargado por la ONU después del Acuerdo Climático de París en 2015, y ahora, cuatro años después, cuando una nueva ofensiva medioambientalista a favor de la lucha contra el cambio climático, estaba absolutamente preparada, en las conversaciones de la ONU que esta misma semana esta semana se están celebrando en Alemania, Arabia Saudita se ha vuelto a oponer a que el estudio forme parte de las negociaciones climáticas formales.
Así los objetivo ONU, “aumentar la ambición de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, acelerar los esfuerzos de creación de resiliencia y garantizar que la política climática se construya sobre una base sólida de la mejor ciencia y conocimiento disponibles", están, al aparecer arrumbadas de nuevo. 
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