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Tutankhamón: la tumba y sus tesoros

La Exposición ofrece una oportunidad única para adentrarse en el mundo de la arqueología del antiguo Egipto. Comienza un fantástico viaje en el tiempo y descubre las cámaras funerarias y los tesoros del Faraón tal y como fueron descubiertos por Howard Carter en 1922.

Actualizado 24 noviembre 2019  
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Redacción Ocio
  
La biografía de Howard Carter es única entre los arqueólogos. A los 17 años era un artista de gran talento, gracias a lo cual fue inicialmente contratado por el Egypt Exploration Fund para copiar las pinturas de vivos colores que adornaban las paredes de las tumbas del Egipto Medio. No mucho tiempo después, comenzó sus propias excavaciones, bajo la dirección de su maestro, Flinders Petrie.
En 1900, el joven arqueólogo ascendió al cargo de Inspector Jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto. Sin embargo, pocos años después su brillante carrera en el Servicio llegaría a un abrupto final, por un altercado con unos turistas indisciplinados. En 1909, Howard Carter comenzó su colaboración con Lord Carnarvon. Con el paso del tiempo, Carter logró convencer a Carnarvon para dar comienzo a un proyecto muy especial: la búsqueda de la tumba del olvidado faraón Tutankhamón, en el Valle de los Reyes
Lord Carnarvon financió el proyecto durante cinco años, a partir de 1917, pero el esfuerzo resultó infructuoso. En noviembre de 1922, durante la última temporada de excavaciones, Carter acabó teniendo suerte, y presentó su sensacional descubrimiento ante un mundo atónito. Esto desató un frenético interés en la prensa, como nunca hubo otro igual, y un verdadero furor por Tutankhamón, que dejó su huella en la era de los Locos Años Veinte.
Tutankhamón ascendió al trono en 1332 AC, a los 9 años de edad, y fue uno de los últimos reyes de la XVIII Dinastía. Su padre fue el faraón Hereje, Akhenatón. El nombre de su madre sigue siendo desconocido hoy en día. Según los más recientes estudios, el joven faraón sufría de graves dolencias. El logro más significativo de su reino fue el abandono de las radicales reformas religiosas introducidas por su padre, que habían desestabilizado el país. Su muerte, aun hoy,  sigue siendo un misterio.
Tutankhamón falleció tras haber ocupado el trono durante un periodo de nueve años, probablemente a causa de una infección derivada de una herida abierta en la rodilla.
El fotógrafo Harry Burton documentó todos los aspectos del trabajo realizado en la tumba de Tutankhamón, desde la elaboración del inventario inicial al traslado de los últimos descubrimientos al museo. Únicamente en las fotografías de Burton alcanzó el Faraón la verdadera inmortalidad.

El Museo Metropolitano envió a Burton como fotógrafo de las excavaciones – era “los ojos y la memoria de Carter”. Con su enorme cámara y sus descomunales placas de negativos, recorría incansablemente la distancia que separaba el yacimiento, de su laboratorio (que había montado en la tumba de Seti I) y del improvisado cuarto oscuro, en la tumba vecina. Todas las etapas del trabajo de excavación quedaron documentadas en fotografías, hasta el más mínimo detalle.
El resultado de ese laborioso esfuerzo son 2.800 negativos de vidrio de gran formato, que documentan con la mayor precisión todos los descubrimientos, su ubicación en la tumba y cada uno de los pasos que dieron los excavadores en su trabajo. Carter le animó paciente e incondicionalmente a llevar a cabo su trabajo, mostrando una predilección que no hizo extensiva a ningún otro miembro de su equipo, y gracias a sus fotografías, Burton fue el primer y único fotógrafo arqueológico que llegó a ser famoso en todo el mundo.
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