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NUEVA TEORIA SOBRE LA TRISTEZA DE LOS CITRICOS (I)

La enfermedad de la tristeza de los cítricos fue atribuida, en 1946, al virus CTV (citrus tristeza virus), por investigadores de la Universidad de California (USA) en Riverside. Su presencia en los árboles infestados se detecta por dos Métodos, uno biológico y otro serológico, denominados Prueba de Indices y Test ELISA, respectivamente.

Actualizado 21 enero 2021  
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Lobo Ruano, M. Dr. Ingeniero Agrónomo. Ex-Jefe del Servicio de Semillas y Plantas de Vivero de la Conselleria de Agricultura, Pesca y Alimentación (CA
  
El presente estudio  que publicaremos en tres entregas, demuestra que estos dos Métodos, en contra de lo establecido, no detectan al virus CTV sino a enzimas(proteínas) presentes en los tejidos analizados, debidos a hongos. En el caso del ELISA, celulasas producidas por Trichoderma viride, presente en las raíces de los árboles enfermos y, en la P. de I. los síntomas de vein-clearing en las limas, se deben también a celulasas, pero en este caso sintetizadas por Aspergillus niger, inoculado con los injertos que se efectúan durante la Prueba.
Por ello, el autor señala que la enfermedad de la tristeza en los cítricos se debe al ataque a las raíces de hongos del suelo del género Fusarium (F. oxyspotorum y F.solani), debido a la alta humedad en el suelo por lluvias y el riego por inundación, empleado desde muy antiguo en la región valenciana. La presencia del hongo Cladosporium. cladosporoides en las hojas de los naranjos enfermos, produce el amarilleo de las mismas.

I.-ANTECEDENTES
La tristeza de los cítricos se considera la enfermedad más grave que afecta a los mismos
.

Apareció en la Unión Sudafricana a finales del siglo XIX, cuando árboles de cítricos injertados sobre amargo decaían y llegaban a morirse. Lo que se atribuyó a una incompatibilidad entre el patrón y las especies injertadas, motivo por el que prohibieron el uso del amargo como patrón.
En los años treinta del siglo XX ocurrió algo similar en varios países de América del Sur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) donde murieron millones de naranjos y mandarinos injertados sobre amargo y, a continuación, sucedió en USA y Australia. 

Pronto se comprobó que estos árboles sufrían severos daños en las raíces, ralentizaban su crecimiento, amarilleaban sus copas y se defoliaban. Es decir, los árboles afectados decaían y, su muerte económica, se producía en un plazo más o menos breve. En casos aislados, se originaban colapsos de árboles adultos, aparentemente sanos, que morían en una o dos semanas.
Los primeros estudios que se llevaron a cabo para determinar sus posibles causas la atribuyeron: al nematodo de las raíces Tylenchulus semipenetrans, a la acción de hongos del género Fusarium sobre las raíces, al exceso de humedad en el suelo, a deficiencias nutritivas o problemas de abonado.

Al no concretarse la causa, en 1946 se firmó un Programa Internacional (International Cooperation Administration) entre USA, Argentina y Brasil para estudiarla en común, (9,10,11y 12) señalando los investigadores del Programa que, a pesar de sus diferentes síntomas, se trataba de una sola enfermedad que se transmitía por injerto de material tomado de árboles enfermos.

Ese mismo año los norteamericanos Fawcett H.S. and Wallace J.M, de la Universidad de California en Riverside, señalaron que no era producida por bacterias ni hongos, y que se debía a un virus (24) y, M. Meneghini, en Brasil, comprobó que también la transmitía el pulgón negro de los cítricos, Aphis citricidus (sin.Toxoptera citricidus) (16).

En Europa, fue el propio Wallace J.M. quién en visita a Israel en 1955, paliados los efectos de la 2ª Guerra Mundial, lo detectó a este lado del Atlántico (25), utilizando su propia técnica, denominada Prueba de Indices.

En España, la tristeza se introdujo por Valencia con material vegetal importado de California (20) con fines de mejora genética, en los años 30 del pasado siglo; no obstante, los primeros síntomas de la enfermedad se observaron en la región valenciana en 1959(21), después de tres años consecutivos con unas condiciones meteorológicas muy anormales, ya que 1955 fue cálido y con lluvias intensas todos los meses. En 1956 se produjo una fuerte helada ( -7,2ªC), en febrero, que causó graves daños en el arbolado y en la cosecha pendiente y, en octubre de 1957, ocurrió la conocida y triste riada en Valencia y alrededores (15). Desde la aparición de los síntomas hasta el año 2000, se estima que más de 40 millones de naranjos injertados sobre amargo, han muerto en nuestro país por la enfermedad (6).


II.-DETECCION DEL VIRUS DE LA TRISTEZA.

Puesto que los síntomas de la tristeza en los naranjos, no se distinguen de los causados por cualquier enfermedad o condiciones medioambientales que debiliten sus raíces, se han ideado dos métodos para determinar la presencia del virus CTV en los árboles con tristeza, antes o una vez manifestados los síntomas, uno biológico o Prueba de Índices y otro serológico o test ELISA.

Indiquemos que hasta el año 1970, los investigadores que estudiaban la enfermedad (3), citaban en sus trabajos la presencia de TLP (thread like particles—partículas ahiladas) en el floema de los árboles enfermos de tristeza

No fue hasta 1979 cuando, en un trabajo sobre la puesta a punto de la técnica ELISA en USA para detectar el virus causante de la enfermedad (2), aparece la denominación CTV (citrus tristeza virus), haciéndose referencia en la bibliografía a una publicación inglesa de 1970 (22) en la que se cita a este virus, suponemos, que por primera vez.

Virus CTV, que consiste en partículas filamentosas y flexuosas, compuestas de una cadena de RNA, protegida por una cápsula proteica de una sola proteína, con un tamaño aproximado de 10-12nm x 2000nm. Su genoma es de unos 20.000 nucleótidos, estando considerado como uno de los mayores virus vegetales (3y 13). Al mutar con facilidad da lugar a múltiples razas, cuyos síntomas en los cítricos varían desde muy suaves a muy graves. En nuestro país las razas existentes son suaves (19).

La P de I (10 y 23) fue ideada por los mismos investigadores que asignaron a un virus la causa de la enfermedad en 1946, empleando como plantas “indicadoras” limas mexicanas (Citrus aurantifolia), por ser muy sensibles al virus, cultivadas en macetas bajo invernadero, con humedad y temperatura controladas, produciéndose, en el caso de inocularles el virus, el síntoma de vein-clearing en algunos nervios de sus nuevas hojas.

El serológico consistió en la puesta a punto, en 1979, del conocido test ELISA, para detectar el virus CTV en extractos de varetas tomadas en naranjos con tristeza(2y5); habiéndose empleado, previamente, como antígeno para obtener el suero usado en la Prueba, la proteína de la cápsula viral.


III.-MOTIVOS DEL PRESENTE TRABAJO
El autor del presente trabajo, durante el periodo comprendido entre 1982 y 1998 ocupó la jefatura del entonces denominado Servicio de Semillas y Plantas de Vivero de la Conselleria de Agricultura y Pesca (CAPA) de la Generalitat Valenciana, lo que le permitió conocer de cerca los problemas sanitarios de los viveros de cítricos y, en especial, la posible presencia de tristeza en las plantas producidas. Durante ese periodo observó determinadas anomalías en el comportamiento del virus CTV en distintas fases de la producción de las plantas de vivero de cítricos. Anomalías, que consideró de interés estudiarlas y, a ser posible, aclararlas.

No obstante, al ser cesado en su puesto de trabajo el último de los años citados, y destinado a otro sin la menor relación con el anterior, se vio obligado a continuarlas en solitario, ya que los resultados logrados hasta entonces los consideró de interés suficiente para proseguir su estudio. Para lo que montó un pequeño laboratorio casero, dotado de lupa y microscopio y adquiriendo, los medios de cultivo para el aislamiento y desarrollo de hongos, a un fabricante local. De esta forma llegó a los resultados que se señalan en el presente trabajo, basados, esencialmente, en el estudio pormenorizado de los dos métodos de diagnóstico indicados para detectar CTV.
 
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Gonzalo Calderon Arana
25/01/2021
Nueva Teoria sobre la Tristeza de los Cítricos.
interesantísimo. Enhorabuena al investigador Lobo. Mucho mérito.
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