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Bilbao y su  pintura de principios de siglo

El Museo Guggenheim Bilbao presenta Bilbao y la pintura, una muestra patrocinada por Iberdrola que reúne una selección de pinturas realizadas por artistas que trabajan en Bilbao a finales del siglo XIX y comienzos del XX, que habían viajado a París incorporando las ideas de modernidad del Impresionismo francés y las vanguardias. 

Actualizado 31 enero 2021  
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Redacción y Agencias
  
En el fin de siècle la Villa de Bilbao se convierte en una de las urbes más prósperas de España gracias a su industria naval y siderúrgica y a su actividad comercial, bancaria y cultural. Entre los ciudadanos de Bilbao de esta época existe la aspiración y la voluntad práctica de prosperar y de avanzar hacia un futuro mejor para todos, una suerte de empatía que desgraciadamente se fracturará con la llegada de la Guerra Civil de 1936.
Esta exposición representa y conceptualiza momentos muy diversos de la historia de Bilbao a través de grandes murales pictóricos que reflejan, entre otras escenas, los barcos comerciales en la ría y las terrazas dedicadas al ocio, la vida de los burgueses y los aldeanos, los remeros, la lucha y la muerte en el mar, los héroes del deporte, las faenas cotidianas en un puerto pesquero o las romerías en una anteiglesia vizcaína.

En el espacio introductorio de la muestra el visitante se adentra en ese Bilbao del siglo XIX a través de reproducciones fotográficas a gran escala, y también se contextualiza la figura del escultor bilbaíno Paco Durrio, autor de una de las esculturas más importantes del arte público en España en el siglo XX: Monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga. Ubicada frente al Museo de Bellas Artes de Bilbao, esta escultura dedicada a un músico no representa su figura, sino que simboliza su trabajo y su muerte  prematura. Durrio tiene un papel importante en la historia del arte pues, por un lado, es el albacea de Paul Gauguin, quien le deja toda su obra pictórica antes de emprender el que será su último viaje a Polinesia en 1895 y, por otro, pasa el testigo de la innovación de Gauguin a un joven Pablo Picasso recién aterrizado en París en 1901, al que generosamente presta su estudio para que realice sus primeras piezas escultóricas.

Esta galería alberga una selección de obras de Adolfo Guiard, Ignacio Zuloaga, Anselmo Guinea, Manuel Losada y José Arrúe que despliegan las diversas panorámicas que componen el nuevo paisaje económico, social y urbano del Bilbao de finales del siglo XIX. La ría en Axpe y En la terraza, realizadas por Adolfo Guiard en 1886, presentan visiones de buques fondeados en la ría y del mar desde la terraza de un balneario abierto al puerto exterior. Estas obras habitualmente están expuestas en la sede de la Sociedad Bilbaina, una institución que fue pionera en su apoyo a los artistas desde su fundación en 1839.
Por su parte, Amanecer, de Ignacio Zuloaga, Las Walkirias, de Manuel Losada y La fuente de la salud, de Anselmo Guinea, retratan la burguesía ilustrada a través de varios miembros del Kurding Club, una sociedad creada en 1894, llamada oficialmente “El escritorio”. Los personajes retratados en estas obras son jóvenes empresarios bilbaínos aficionados a la música, que encargan a estos pintores, -antiguos compañeros de instituto- recién regresados de París, una serie de murales para decorar las paredes del club. Estos jóvenes juegan un papel fundamental en la creación de instituciones musicales de Bilbao aún vivas hoy, como la Sociedad Filarmónica, la Academia de Música Vizcaína (precursora del Conservatorio), o la Orquesta Sinfónica, y también en el nuevo tejido industrial y bancario. Los murales del Kurding Club capturan con una pintura ágil y moderna el ambiente de ocio de Bilbao en escenas cotidianas, como las que tienen lugar en la iglesia de San Nicolás y el Arenal al amanecer, o la escena rural con aldeanos y bertsolaris -juglares en euskera- en un entorno de montaña, de Zubiaurre.

Las pinturas que se exhiben en esta sala confrontan escenas de mar y de montaña. A pesar de la proximidad geográfica entre ambas, los pueblos marineros y las aldeas rurales emplean unos códigos de color muy diferentes, que puede apreciarse en la distinta gama cromática, linealidad y proporción de la pintura de barcos y caseríos, por ejemplo. El mar es un tema recurrente en las pinturas de Bilbao en el cambio de siglo, que la mayoría de los artistas invocan con el afán de capturar su color y de reflejar su vital importancia para el comercio y la cultura de la Villa. Ejemplo de ambos casos son El marino vasco Shanti Andía, el Temerario de Ramón
Zubiaurre, que mira al horizonte en mitad de la galerna, o el tríptico Lírica y religión de Gustavo de Maeztu, que capta la conmoción popular por la muerte a la llegada de unos pescadores a tierra firme.
En cuanto al mundo rural, las pinturas reflejan escenas que van desde el aldeano que recoge la cosecha en La siega de Adolfo Guiard, en la que el verde de los campos se va transformando en ocres y amarillos, hasta el mundo de las reses y la fiesta en las pinturas de Francisco Iturrino, como Los  garrochistas o Escena campera, o Fiesta en el campo; dos ejemplos contrapuestos del postimpresionismo y de la pintura fauve aprendidos en París e introducidos en España. La sala se cierra con el Tríptico de la guerra de Aurelio Arteta y con Tótem de Agustín Ibarrola, que presenta los instrumentos del aldeano, de una vida en el caserío, como si fueran esculturas.

Las obras de la tercera sala componen una visión etnográfica del folklore, en la que los artistas documentan, entre otros aspectos, la simbología del baile. Así, el visitante descubrirá desde la pintura costumbrista de Manuel Losada Don Terencio y Chango, El txistulari, hasta el mundo del baile en las anteiglesias de En la romería de Aurelio Arteta, pasando por la recolecta otoñal de manzanas y la sagardantza (danza de las manzanas) en la obra de Jesús Olasagasti. También pueden verse diferentes aspectos de las romerías en las peculiares obras de José Arrue, una en un barrio de la villa de Bermeo, con el mar en el horizonte, y otra en Arracundiaga con las peñas al fondo.
Completan la sala las Danzas suletinas de José María de Ucelay, una pintura que aporta una visión enciclopédica de uno de los bailes más antiguos del País Vasco, la mascarada de Zuberoa, una danza que envuelve a todo el pueblo y se remonta a la domesticación de los caballos.

Bilbao y la pintura
Museo Guggemheim Bilbao
Fechas: 29 de enero a 29 de agosto, 2021

 
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