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Los Bosques en la FAO

"Ver el vaso medio lleno ayuda a movilizar los recursos y voluntades necesarias en los países para avanzar"

Actualizado 2 julio 2016  
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Eduardo Rojas Briales Decano del Colegio de Ingenieros de Montes Responsable del Departamento Forestal de FAO y Subdirector General de FAO entre 2010
  
El 35% de la humanidad todavía cocina con leña. Un elevado porcentaje de la población mundial se calienta con ella o está obligada a cocer el agua con leña como forma de potabilización. Y el 100% de los seres humanos necesitan los bosques para vivir.
 
Por eso hace más de 70 años que la ONU se preocupa por ellos. Fue en1946 cuando la recién establecida FAO creó una División forestal y lanzó la estadística forestal global que se ha dado en sus sucesivas ediciones quinquenales, la última de septiembre pasado. Fue en 1972 cuando se transformó en Departamento Forestal y se estableció el Comité Forestal formado por los máximos responsables forestales de los países. Hoy es gestionada por un equipo de 70 profesionales permanentes, más de 300 que participan en proyectos y un presupuesto de 12 millones de euros anuales más 24 en proyectos.
 
Entre sus funciones se ha encontrado siempre la aportación de
estadísticas e inventarios sobre el estado de los bosques en el mundo, sobre la industria y el comercio de la madera, construidos a partir de la información que cada país miembro aporta, pero contrastada por la entidad a través, entre otras fuentes, de un satélite que informa de forma rigurosa y objetiva.
 
Desde 1990, la población del mundo ha crecido un 37%, los recursos alimentarios un 40%; los bosques a nivel global han disminuido en un 2,5% y la explotación de la madera, por ejemplo, se ha incrementado sólo en un 6%. Hemos perdido en este tiempo 7 millones de hectáreas de superficie arbolada por año por deforestación compensado en parte por la repoblación y expansión espontánea de los bosques. Durante este período la deforestación neta ha bajado a la mitad, lo que es una excelente noticia y muestra evidencias del desacoplamiento entre crecimiento demográfico y económico y deforestación.
 
Anualmente se ven afectadas por incendios forestales 7 veces más
superficie que la deforestada, pero la mayor parte se recupera a medio y largo plazo. Hay que mirar más allá y buscar lo que el humo esconde, indagar en la necesidad socioeconómica de quienes habitan las zonas rurales y trabajar en la restauración y conservación de nuestros bosques con una correcta gestión forestal.
 
Hay nítidas señales de esperanza. Debo recordar que durante los cinco años que ejercí de Subdirector General del Departamento forestal de FAO, he visto que países de zonas dispares del globo como Costa Rica, Uruguay, Chile, Gabón, Costa de Marfil, Cabo Verde, Vietnam, China, Filipinas, Korea, Japón o Bhután han logrado que sus bosques aumenten en extensión y calidad. Con sus ejemplos, hemos tratado de que los
países colindantes o de climas similares y con condiciones forestales
delicadas importaran esos modelos que ya están funcionando.
 
La población rural está alcanzado su techo a escala global e incluso
en África o en Latinoamérica, y en Asia ya está descendiendo
considerablemente. Los jóvenes de cada rincón de la Tierra han optado por buscar oportunidades en las grandes ciudades, provocando la situación de abandono a la que se enfrentan tantas áreas forestales.
Sin cuidados, el monte arde; sin la conservación y la gestión correcta de los recursos que nos brinda, el bosque se degrada. Está en nuestra mano frenar este fenómeno y cambiar el modelo económico para generar riqueza también en las zonas rurales y diseñar un mundo rural competitivo que mantenga una población viable.
 
Durante mi mandato en FAO, nos ocuparon de lleno cuestiones como el cambio climático, la Cumbre de Río+20, la necesidad de transmitir la capacidad de los bosques en la prevención de desastres naturales o el impulso del turismo forestal integrado en una buena gestión. También me preocupó la insuficiente atención que se presta a los bosques secos, especialmente de zonas de Oriente próximo y África, y que suelen corresponderse con políticas y gobiernos inestables y una deforestación histórica que requiere de actuaciones forestales como la repoblación para su reversión. Con una convicción contrastada creemos en la necesidad de trabajar en la reforestación de esas áreas para generar una estabilidad facilitada por la creación de empleo, la mejora en la calidad del agua, protección del suelo, prevención de inundaciones y la riqueza de la biodiversidad y la estabilización de esos países.
 
He podido comprobar la importancia y la eficacia de la educación y la comunicación. Estar presente a escala mundial con cada proyecto importante, con cada resultado relevante obtenido es crucial; así como explicar a la población que cortar un árbol no es malo si aseguramos que el bosque permanezca y se mejore. Y sin embargo, en el mundo entero, esta creencia sigue condicionando muchas actuaciones necesarias para perpetuar nuestros bosques. Con este objetivo logramos que cada país que integra la ONU accediera a celebrar de manera global el Día Internacional de los Bosques el 21 de marzo, una fecha que se ha convertido en una ocasión de oro para llegar a cada ciudadano a través de información y actividades que le cuentan que nuestros montes son
imprescindibles para nuestra propia vida. Debemos generar en las nuevas generaciones una cultura de prevención, de un concepto de conservación que no esté forzosamente asociado a la "no actuación" sobre la naturaleza que nos rodea; debemos aprender a transmitir que actuamos con una correcta gestión para mejorar las condiciones de los bosques, y que lo hacemos para mejorar la calidad de vida del ser humano, y garantizar la perpetuidad de las especies naturales.
 
En cooperación se ha evidenciado que se consigue mucho más donde existan una mínima premisa para que el desarrollo progrese y de ahí extenderlas. Las exportaciones de modelos foráneos casi nunca han funcionado. Hemos aprendido que es necesario crear redes globales de comunicación con los jefes de servicios forestales de cada nación.
Escucharles, entender sus limitaciones y circunstancias, y aprender de sus experiencias fue imprescindible para apoyarles en proyectos de desarrollo con éxito garantizado y actuar con una voz coordinada en los foros globales que afecten a los bosques como cambio climático, biodiversidad o cuando se negociaron los objetivos de desarrollo sostenible donde finalmente aparecieron los bosques en el título del ODS 15.
 
Ante los complejos e interrelacionados retos planteados, ver el vaso
medio lleno es capaz de movilizar los recursos y voluntades necesarias en los países para avanzar que el enfoque del vaso medio vacío. Desde luego falta mucho por hacer, pero también hay que valorar que la ordenación y la gestión forestal han mejorado en casi todos los países en los últimos años, y ello ha contribuido a una mejor conservación de los bosques.
 
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