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Viaje a la luna

El 20 de julio de 1969, uno de los mayores sueños de la humanidad se hizo realidad: la llegada del hombre a la luna. Todo ello gracias al trabajo de un equipo de 400.000 personas que permitieron que Neil Amstrong fuese el primer hombre en pisar la superficie lunar.
Actualizado 21 julio 2019
Redacción Ocio
50 años después la llegada a la luna sigue siendo un hecho que nos fascina, no solo por el logro que supuso para la humanidad, sino también por los detalles y las anécdotas insólitas que lo rodean. Como fruto de un detallado estudio nace Viaje a la luna, una obra que nos cautivará a través de más de cien curiosidades, anécdotas y hechos insólitos. Nacho Montero, Cristina Mosquera y Javier Reyero los recopilan apoyándose en numerosas fuentes documentales, fotografías extraídas de los archivos de la NASA e impresionantes infografías. ¿Sabes qué objetos personales se llevaron los astronautas a la Luna? ¿Por qué llevaban repelente para tiburones en los kits de supervivencia? ¿Conoces el papel que jugó Snoopy en la misión? La respuestas a estas preguntas y muchas más las encontrarás en Viaje a la luna, un libro único que te contará la historia como todavía no la conoces.
Dos de los objetos más significativos que seleccionó Neil Armstrong para transportar a la Luna en el Apolo 11 en 1969 procedían del Flyer, el histórico avión en el que Wilbur y Orville Wright realizaron el primer vuelo a motor de la humanidad, un acontecimiento que tuvo lugar el 17 de diciembre de 1903 en las proximidades de Kitty Hawk y Kill Devil Hills, municipios de la cadena de islas Outer Banks, Carolina del Norte, que fueron testigos de cómo la aeronave, en su primer intento, se mantuvo 12 segundos en el aire, cubriendo una distancia de 37 metros y cambiando el mundo para siempre. Gracias a un acuerdo con el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, el comandante Armstrong llevó en su kit personal (PPK) pequeños trozos de madera de la hélice izquierda del Flyer y varios pedazos de muselina del ala superior izquierda. De esta manera, tan solo 66 años después del legendario vuelo, el primer ser humano que pisó la Luna rindió homenaje a estos pioneros de la aviación a los que tanto admiraba y que, al igual que él, eran oriundos de Ohio. Tras su estancia lunar, algunas piezas fueron cedidas al Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano y otras quedaron en posesión de Armstrong. Después de su fallecimiento en 2012, sus hijos subastaron muchos artículos que eran propiedad del astronauta, entre ellos algunos vestigios del Flyer, que alcanzaron precios muy elevados en la licitación.
Viaje a la luna
Curiosidades y hechos fascinantes que todavía no conoces
Nacho Montero, Cristina Mosquera y Javier Reyero
Lid Editorial