Miércoles, 27 de mayo de 2020    
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Sobre la uberización del campo español.

Nos dicen desde, el Foro de Políticas sobre el Calentamiento Global el GWPF que, en el Reino Unido, un director escolar de primaria ha sido calificado, por sus conciudadanos, como "grinch", (persona malvada y detestable), tras intentar prohibir a sus alumnos los envíos de las tradicionales tarjetas de felicitación de la ya inminente Navidad.
Actualizado 12 diciembre 2019
Redacción Agrolibre
J.Mason, que así se llama el director de la Escuela Primaria Belton Lane en Grantham (Lincolnshire), afirmó que la tradición navideña de felicitar la Pascua es una mala costumbre y un peligro para el medio ambiente. Los padres de sus alumnos, tras recibir por carta la explicación de la prohibición, condenaron de inmediato su propuesta argumentando que la medida era contraria a la tradición occidental y absolutamente incomprensible para el espíritu navideño que queremos mantener.
J.Mason había afirmado, en la carta que escribió a los padres para justificar la prohibición que, “recientemente me han contactado varios niños que están preocupados por el impacto del envío de tarjetas de Navidad en el medio ambiente que, en todo el mundo enviamos innumerables tarjetas de Navidad y que, si las colocásemos juntas, cubrirían 500 veces la circunferencia de la tierra. La fabricación de tarjetas de Navidad, concluyó, está contribuyendo a que nuestras emisiones de carbono sean cada vez mayores".
Dejando a un lado la actual mascarada climática de Madrid que estamos sufriendo, con sus constantes “ecologetadas” como la anteriormente descrita, al fin podemos comprobar que la sociedad occidental, tras las estupideces que estamos viviendo, se está alejando cada vez más del movimiento “ecologeta”. Está acreditando, aunque para nosotros demasiado lentamente, que muchos miembros del movimiento ecologista radical actual son un “atajo” de vividores que, han logrado confundir al ciudadano de buena voluntad.
Han conseguido en muchos casos, con la ayuda de los gobiernos e instituciones y casi con todos los medios de comunicación públicos, hacer creer al ciudadano de buena fe que, un ecólogo, (un científico), es igual a un “ecologista radical”, un “ecologeta”, que no olvidemos vive del medio ambiente y no por y para el medio ambiente.
Pero al fin, esta etapa parece estar llegando a su fin, la sociedad está reaccionando y preguntándose, al menos, sobre la viabilidad económica del desaguisado existente.

 
Tiempo tendremos en las próximas semanas para comentar y evaluar los resultados del aquelarre medioambientalista que estamos viviendo en Madrid, pero hoy y tal como anunciábamos la semana pasada, nos centraremos en comentar las barbaridades económicas contenidas en el estudio titulado “La uberización del campo español”, estudio que, “sobre los efectos del nuevo orden económico mundial en el modelo social y familiar de agricultura”, ha presentado la Organización Profesional Agraria COAG.
Desde COAG se ha subrayado que, “la brutal reconversión que ya se vislumbra amenaza con convertir a los profesionales autónomos e independientes en “asalariados” de las grandes corporaciones agroalimentarias, como ya está pasando en sectores como la uva de mesa, con un capítulo especial en este estudio” y que las últimas crisis de precios en el sector del aceite de oliva, frutas y hortalizas, leche o vino, tienen mucho que ver con los síntomas de este cambio de modelo. “Los más perjudicados por la “uberización del campo” serán los 344.000 agricultores más profesionalizados. “Las “pymes del agro”, el verdadero pulmón económico y social del medio rural y dique de contención contra la despoblación y la desertización en centenares de comarcas”, serán machacadas.
El estudio elaborado por COAG analiza las principales magnitudes y tendencias macroeconómicas que se dibujan en el nuevo escenario dedicando un capítulo especial los subsectores que representan distintos estadios de la evolución del nuevo modelo agrario: uva de mesa, vacuno de leche, frutas y hortalizas y porcino.
La “uberización” que nace en el sector de los servicios es, para algunos, la revolución en la forma en la que estos son ofrecidos, de una forma que se conoce como economía colaborativa, mientras que para otros son la precarización de estos, con contratos basura que implican muchas horas de trabajo por un sueldo escaso, y una fuga de impuestos hacia paraísos fiscales.
Recordemos, a quién no lo sepa que, uno de los rasgos diferenciales de la uberización, nuevo modelo de negocios, es el de poner al alcance de todos los interesados la creación de cualquier negocio y no mantener monopolios solo al alcance de los denominados “profesionales” del sector. Debemos tener en cuenta que los llamados “profesionales”, por las Organizaciones Profesionales Agrarias de izquierdas de nuestro país, han nacido y son mantenidos, en la mayoría de los casos, por las administraciones públicas y no lo son el Ingeniero Agrónomo, Veterinario, Ingeniero Técnico Agrícola o cualquiera otro titular agrario, no es, que ingrese por su actividad profesional más dinero que por su actividad directa en el medio rural. ¡Vamos que para ser profesional agrario hay que tener las manos encallecidas por la mancera del arado o cortadas por el frío en el ordeño matinal de los animales… …¡
Entre las principales conclusiones y tendencias, que se destacan en el estudio, destacamos:
 
La llamada “paradoja agro”.
Es decir que mientras se consiguen cifras macroeconómicas de récord, 30.217 millones de euros en la Renta Agraria, se produce el cierre de numerosas explotaciones, en 2007 había una superficie de frutas y hortalizas de 1.462.000 ha con 215.000 como titulares de explotaciones, en 2016 para un área en producción aún mayor, 1.594.000 ha, hay 172.000 titulares, por falta de rentabilidad y ausencia de relevo generacional. ¿Y a estos socializantes de la COAG no les parece normal lo que denuncian?, ¿o siguen creyendo que la sociedad debe seguir manteniendo situaciones insostenibles?
El “sándwich” de agricultor.
Presión en costes y precios. Los agricultores/as están en el medio de la cadena de valor, en la parte ancha de un doble embudo: frente a 945.000 explotaciones agrícolas y ganaderas (INE, 2016), en uno de los cuellos del embudo se encuentra la distribución comercial, fuertemente concentrada: los seis primeros grupos de distribución comercial concentran el 55,4% de la cuota de mercado en España, según cifras de Kantar Worldpanel para junio de 2019. Pero por el otro lado, en el otro estrechamiento, le compramos nuestros insumos a menos empresas, que son cada vez más grandes y poderosas (véanse las fusiones Monsanto + Bayer, Dow + DuPont, Syngenta + ChemChina…). “El elevado potencial de negociación de ambos extremos nos deja claro quién impone los costes y los beneficios. Los agricultores estamos afrontando una presión sostenida en el seno de una cadena alimentaria desequilibrada, que deja importantes márgenes en eslabones que no son el agricultor, que se ve presionado para sacar a cualquier precio sus producciones. Los eslabones favorecidos en esa dinámica (proveedores de insumos, corredores, intermediarios, mayoristas, exportadores, minoristas…) acumulan capitales a costa del agricultor y luego los destinan a la propia producción para competir con nosotros en una diabólica espiral”. ¿Y a qué esperamos para intentar nuevos modelos productivos capaces de minorar estos efectos?
El ocaso de la explotación familiar tradicional.
Según la Encuesta de Población Activa (2017) en la agricultura había 306.000 trabajadores por cuenta propia, únicamente 20.000 son ayudas familiares, mientras que asalariados ocupados teníamos 513.000 trabajadores (más 200.000 parados). La explotación familiar tradicional ha desaparecido prácticamente. ¿No denunciábamos antes la falta de capacidad empresarial de los productores agrarios… … y la necesidad de mayor capacidad para actuar en la cadena alimentaria? ¿Y ese objetivo quiere, la COAG, alcanzarlo con unidades familiares individuales?
Concentración de la producción (y la riqueza) en menos manos.
El último informe sobre la Caracterización del sector agrario en el Estado español, publicado recientemente por el MAPA, es más que ilustrativo. En España hay 1 millón de explotaciones agrarias.  El 93,4% con titular físico y el 6,6% empresas. Ese 6,6% de las explotaciones, que son personas jurídicas, obtienen ya el 42% del valor de la producción. ¿No entienden nada de nada, la concentración productiva en un camino lógico para lograr lo deseable?¿Aspiran acaso a una estructura agraria similar a la de los años 50 con más del 40% de población activa agraria?
Aterrizaje de los fondos de inversión.
En los últimos años el sector primario ha experimentado una creciente entrada de capital externo. La presencia de inversores ajenos no es nueva, pero en los últimos tiempos se constata un aumento del interés de los inversionistas por la agricultura. Las causas para este floreciente atractivo son múltiples y combinadas. Hay cuestiones estructurales como, por ejemplo, la política europea de inyecciones de liquidez y bajos tipos de interés que conduce a una mayor disponibilidad de recursos financieros para la inversión. Pero, sobre todo, las perspectivas de crecimiento de población y de necesidad de alimentos, con recursos productivos cada vez más escasos, muestran un potencial de rentabilidad indiscutible y el valor estratégico de las empresas agrarias. ¡Pero cómo es posible que no aspiren a la máxima inversión para el Sector!
Conformación de oligopolios.
Además, comienzan a verse procesos de integración toda la cadena, tendentes hacia el oligopolio, desde los proveedores de insumos, pasando por la producción hasta la comercialización que llega al consumidor. En esta situación de integración, los agricultores/as se pueden ver inmersos en el proceso de alineación de intereses de la cadena y convertidos en meros obreros y maquileros, con riesgo además de ser automatizados y sustituidos por robótica. ¡Les parece mal, el único camino deseable y posible para rentabilizar y hacer competitivo el subsector producción ¡
Cadenas de valor integradas.
La operativa integrado parte de una premisa básica; los agricultores asumen el riesgo productivo, mientras mantienen la propiedad de la tierra. Tienen contratos de compraventa de producto a largo plazo con las empresas integradoras y reciben asesoramiento técnico, insumos productivos y permisos para plantar y producir – previo pago del royalty correspondiente – las variedades de los productos agrícolas que son propiedad de las integradoras. Los costes son elevados, ya que se busca un producto de calidad. Los precios que se pagan al agricultor cubren los costes de producción, pero con una rentabilidad supervisada y muy limitada.
La integración puede presentar beneficios, pero también riesgos: la integradora asegura una rentabilidad en tanto en cuanto tenga voluntad de hacerlo. La supervivencia de un agricultor, en especial si su explotación no está diversificada, queda supeditada al destino y a los intereses de la empresa integradora. Si la empresa integradora quiere hacerse con los medios de producción del agricultor, con sus tierras o sus derechos de agua, no tiene más que ajustar los precios de compra o elevar los costes de producción para ahogar financieramente al proveedor, que acabará cediendo a las presiones de venta. Otra posibilidad es que las integradoras acaparen suficiente producción propia y no necesiten mantener relaciones de integración con productores, que se verían abocados a estrellarse en el mercado, al no existir estructuras comerciales al margen de estos gigantes, además de padecer serias dificultades financieras en el desenganche de estas compañías.
¿Y por qué la integración, absolutamente deseable no la producen los propios productores y sus Asociaciones?, ¿qué pintan las Asociaciones Profesionales perdiendo el tiempo, mendigando subvenciones y mamandurrias para su supervivencia?
Especulación y deslocalización.
Por otro lado, la entrada de fondos de inversión en estas grandes empresas, para soportar su crecimiento y la necesidad aparejada de liquidez, eleva la especulación y pone el riesgo el futuro a largo plazo de las propias empresas y, con ello, de los agricultores que dependen de ellas, dado que buscan un retorno económico en un plazo muy concreto y no tienen problemas en abandonar las empresas una vez obtenido, al carecer de arraigo sectorial o territorial. Pero no sólo afecta a empresas y agricultores, sino también a toda la economía y empleo que se genera en las zonas de producción.

Transformación digital. La digitalización agraria es un gran reto para el sector, con grandes oportunidades, pero también riesgos y amenazas para nuestro modelo de agricultura y alimentación. En COAG tenemos claro que, cuando hablamos de transformación digital, hablamos de situar al agricultor en el centro del proceso y convertirlo en protagonista del mismo. Si no ponemos en valor el papel de relevancia que tenemos en este cambio, tomando conciencia de que ahora no sólo produciremos alimentos sino también datos – que tienen mucho valor – corremos el riesgo de que este tsunami acabe con el modelo de producción familiar y profesional. Apostamos por una transformación, digitalización inclusiva y democrática.
¿En qué quedamos, globalización o no, modernización o no, España “vaciada” o no, socialización o libertad económica, empresa libre o mantenimiento de eternas dependencias institucionales, … …?
Ustedes mismos, a nosotros las propuestas COAG nos parecen absolutamente decimonónicas, con cierto sentido allá por y para los años 50-60 del siglo pasado cuando este tipo de agricultura y agricultores a la que se aspira coexistía con oficios como los de, sereno, afilador, pregonero, recadero, herrero, colchonero, mielero, hachero, resinero, barquillero, campanero … …, oficios ya desaparecidos, gracias al desarrollo económico y la libertad vivida por toda la ciudadanía y en especial por los ciudadanos rurales que han encontrado, otros medios de vida mucho más gratificantes y unos nuevos horizontes que, indubitablemente, les han compensado del dolor de abandonar su terruño en el que malvivían,sin futuro alguno para sus descendientes.
Y terminamos recordando a todos los COAG´s de turno que, el proceso de cambio y ajuste seguirá porque es absolutamente irreversible, salvo hecatombe gubernamental “comunistoide”. El hombre siempre sentirá la llamada de la libertad y aspirará a desarrollarse donde y como quiera.