Jueves, 29 de julio de 2021    
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G7: falta lo mas importante, la letra pequeña

Este fin de semana, el G7 (EEUU, Canadá, Japón, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido) ha alcanzado un acuerdo para la creación de un Impuesto de Sociedades mínimo global de al menos un 15%, sentando las bases para permitir que los gobiernos impongan gravámenes a las tecnológicas estadounidenses.
Actualizado 9 junio 2021
Victoria Torre Pérez Responsable de Oferta Digital Departamento de Marketing y Comunicación  SINGULAR BANK
Las negociaciones de los detalles del acuerdo fiscal continuarán en la próxima reunión de ministros de Finanzas y Gobernadores de los bancos centrales del G20 que se celebrará en Venecia el 9 de julio.

La aprobación final no está tan clara, en especial por la postura de determinados países. El acuerdo no tendrá relevancia si no lo aprueban el resto de países, entre los que destacaríamos aquellos que son considerados paraísos fiscales. Porque si este gravamen no se impone de forma unánime en todos los países, estará claro cuáles serán los futuros anfitriones de las grandes empresas.

Entre medias, EEUU ha advertido que podría eliminar deducciones fiscales en EEUU a aquellos países que no rubriquen el acuerdo.

Desde un punto de vista de justicia poética, no cabe duda de que el acuerdo es un hito, ayudando a eliminar el dumping fiscal y la competencia desleal que puede implicar esta práctica.

Pero si lo medimos desde el punto de vista económico, no todas las cuentas dan el mismo resultado. Algunos son más positivos al respecto, mientras que otros consideran que el efecto recaudatorio podría ser inferior al proyectado inicialmente. Una de esas estimaciones indica que, a nivel global, los países recaudan entre un 8-25% menos de los beneficios de las empresas que tributan en terceros países diferentes a aquellos en los se generan los mismos.

Entre todos los sectores que podrían verse afectados, sin duda el tecnológico está en el punto más alto. La tipología de estos negocios ha facilitado la deslocalización de las sedes de muchas tecnológicas, que han buscado administraciones más favorables a efectos fiscales, lo cual ha ayudado de forma importante a engordar sus cuentas.

Pero no solo ellas; en general, habrá repercusión para las grandes multinacionales: bancos, farmacéuticas, gigantes energéticos…

También habría que reflexionar sobre los países más impactados con la noticia, que serían aquellos que en la actualidad cuentan con menores tasas impositivas, como Irlanda, Hungría y Suiza. Eliminadas las diferencias, ¿optarían las empresas por volver a sus lugares de origen o permanecerían en los paisajes que tantos beneficios les reportaron en años anteriores? Mucho nos tememos que una gran parte de ellas harían las maletas para volver al “hogar, dulce hogar” y que la clave para elegir sede será distinta a partir de ahora para las empresas.

Si, efectivamente, con esta medida se consigue incrementar la recaudación, este será un aspecto positivo, especialmente en un momento en el que los estados han tenido que hacer grandes esfuerzos para paliar los efectos de la covid-19. Una manera de aliviar la carga fiscal autoimpuesta para combatir la pandemia.