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LA PAC, EL EURO Y EL DESPILFARRO

LA P.A.C. Entre los numerosos objetivos de la política agrícola común, el art. 33 de la versión consolidada del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea contempla: "a) Incrementar la productividad agrícola, .
Actualizado 21 junio 2008
Isidro Garcia

fomentando el progreso técnico, asegurando el desarrollo racional de la producción agrícola, así como el empleo óptimo de los factores de producción, en particular de la mano de obra.

b) Garantizar así un nivel de vida equitativo a la población agrícola, en especial, mediante el aumento de la renta individual de los que trabajan en la agricultura”.


De tantos, numerosos e imprecisos objetivos, adjetivados, hoy nos vamos a quedar con lo de “garantizar un nivel de vida equitativo a la población agrícola”. Por cierto, ¿qué se entiende por “garantizar”/”nivel de vida”/”equilibrio”/”población agrícola”/.?
A efectos de este artículo parece oportuno recordar que más del 40% de todo el Presupuesto comunitario se destina a la P.A.C. -unos 45.000 millones de euros-, y que, al menos, la misma proporción del presupuesto de funcionamiento de las Instituciones comunitarias debe adscribirse a gastos relacionados con la P.A.C. A estos costes comunitarios hay que añadir los derivados de la pléyade de funcionarios y agentes económicos estatales, autonómicos y municipales que intervienen en la compleja programación y gestión para que las ayudas lleguen a los que las perciben. Por cierto, ¿qué se entiende por “los que trabajan en la agricultura”?.
EL Euro. Entre los objetivos de esta pieza, clave de la Unión Europea, figura el de garantizar la posibilidad de comparar los costes y precios de toda la Unión, con una integración de los mercados financieros en un ámbito mucho más amplio para los agentes económicos etc., etc. etc. Para esta ocasión nos quedamos con lo de “la posibilidad de comparar costes y precios”.

•   Definidos nuestros puntos de atención, los de, “garantizar un nivel de vida equitativo” (P.A.C.) y “comparar costes y precios” (Euro), pasamos a relacionarlos.
Según los datos provisionales difundidos en la web de la Unión Europea, la distribución de todas las ayudas directas concedidas en España, en el año 2006, en aplicación de los Reglamentos nos 1.259/1999 y 1.782/2003, fue la que figura en el cuadro adjunto De conformidad con esos datos, del total de perceptores; que deberán cumplir con los principios de condicionalidad del Reglamento (CE) 1782/2003 del Consejo, de 29-09-03, y del Real Decreto 2.352/2004 del M.A.P.A., de 23.12.04, sobre aplicación de la condicionalidad en relación con las ayudas directas en el marco de la política agrícola común, y normas autonómicas que le desarrollen:
-  Un 50,6% ha recibido una ayuda media de 1,12 €/día
-  Un 26,7% ha recibido una ayuda media de 7,8 €/día.
Echando mano del objetivo euro de “comparar costes y precios”, podemos decir que en el año 2006, 453.700 perceptores ¿de la población agrícola que trabaja en la agricultura? han tenido garantizado un nivel de vida equitativo equivalente al precio de un café diario, y que otros 239.600 perceptores, quizás por su mayor “aportación a incrementar la productividad agrícola, fomentando el progreso técnico, asegurando el desarrollo racional de la producción agrícola, así como el empleo óptimo de los factores de producción, en particular, la mano de obra”, ha tenido garantizado un nivel de vida equitativo equivalente al precio de un bocata de calamares y una caña. De costes  de las Instituciones no hablamos pues, los de gestión de los complejos sistemas administrativos, supera en muchos casos el montante de las ayudas concedidas.
Nos preguntamos, ¿no es esperpéntico destinar anualmente, con unos gastos administrativos y de gestión faraónicos, 822 millones de euros para que 693.000 perceptores españoles, que quizás no sean población agrícola ni trabajen en la agricultura, “tengan garantizado un nivel de vida equitativo equivalente bien a un café bien a un bocata de calamares y una caña al día?, y que, en ningún caso, tienen nada que ver con una política agrícola común sino, más bien, con una política social vergonzante.
Si este sencillo análisis basado en datos oficiales y objetivos comunitarios, se extrapolase a toda la UE, el resultado sería prácticamente el mismo, salvo que, el estúpido “gasto en cafetería “sería del orden de 10.000 millones de euros. Un carísimo gasto, excesivo e innecesario, ¡ un DESPILFARRO! de fondos públicos, aportados por todos los ciudadanos.
Solo focalizando las ayudas directas, a los estratos de nivel de percepción superior a 5.000 €/año, parece tener sentido el gasto de la PAC, si se desean alcanzar los objetivos de productividad, progreso técnico, desarrollo racional de la producción agrícola y empleo óptimo de los gastos de producción (letra a) del artículo 33.)