Miércoles, 15 de julio de 2020    
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Una aventura, un fado, una excelente comida

El resumen de este intento de probar la comida portuguesa se podría resumir de la siguiente manera: se trataba de dar con algún que otro delicioso lugar en la costa portuguesa, cercano a la desembocadura del Miño, y que, ante el desconocimiento de la zona, como certificado de garantía, fuese valorado por los lugareños, ya que de otra manera se pueden correr riesgos de hambrientos turistas primerizos.
Actualizado 24 agosto 2013
Redacción Ocio

Con esa serie de condiciones terminamos  en Mariana. Estamos en la costa. La arena de la playa comienza a unos pocos metros del restaurante. Lógicamente, el “peixe” ocupa un lugar destacado en la oferta, y siempre muy fresco, casi recién pescado. No se complican la vida. Lenguado, y “obalo” (lubina) o merluza “al estilo de la casa”, que consiste en hervir la pieza entera, con algas marinas, -se las conoce como "butelha" -de la zona, que dan al pescado un peculiar aroma y sabor. ¿Se  le ocurre un plato más marino que pescado y algas?
Como había que elegir, Optamos por el “obalo”. Perfecto de punto de cocción. La guarnición, muy abundante: judías verdes y patatas hervidas, también en su punto. Algo de ensalada con aceitunas negras: ¡que no falte la fibra!
Lo que no nos explicaron  es el motivo, la razón por la que  presentan la lubina como el besugo a la madrileña: con varias incisiones en el lomo superior, con rodajas de limón. Y un detalle con intenciones estéticas, pero que produce un efecto aterrador: en el ojo le ponen una aceituna negra, que da a la lubina un cierto aire de Frankestein. Todo esto va acompañado por dos cuencos: uno con salsa verde (cebolla, perejil y aceite) y otro con una mayonesa de mostaza de Dijon y aceite de oliva virgen extra, que tiene una potencia descomunal. Mejor no aplicarlas a la delicada carne de la lubina, pero sí van muy bien, después, con las patatas.
Para que el lector se haga cargo del tamaño de la ración, la botella que aparece en la foto, con la lubina, es normal, de 0,75 l; no media.

Pasamos al segundo –y último- acto: la carne. Su calidad y la maestría con la parrilla son notables. Optamos por una chuleta de “vitelo” a la brasa. En su punto de cámara. Acompañada por una salchicha muy sabrosa, y una generosa guarnición de patatas fritas, arroz blanco y ensalada. De primera. Tengase en cuenta que el gusto de la zona es tomar la carne tirando más bien a pasada. Si la quiere al punto, o poco hecha, debe tomar la iniciativa y decirlo; porque lo más seguro es que no le pregunten cómo la quiere.
Atento.
¡¡Aviso a los navegantes que se dejen caer por Marioana¡¡
Es costumbre que sirvan de aperitivo un plato con demasiadas ofertas: aconsejo tomar sólo el pequeño queso de oveja, y vale la pena dejar parte de él para los postres. Los demás estuches (patés de sardina y atún, mantequillas varias) resultan atractivos, pero no pique: le quitarán ganas para la abundancia que llegará después.

La carta de vinos es amplia. En blancos, ofrecen 10 vinos verdes –estamos en su zona-, y 15 maduros, entre 9 y 19 €. Ofrecen varios en medias botellas. Y en tintos, ofertan unos pocos vinos verdes, y más de 20 vinos maduros, entre 9 y 26 €. También ofrecen varios en medias botellas. Pero la carta está por debajo del nivel de la cocina. Se mueve en la gama media-baja: es lo que piden los clientes. Pero se echa en falta algún vino de más calidad, reserva o similar. En la sección "Catas de Cronica" se comentan los dos que tomamos, uno blanco (Reguengo de Melgaço 2011) y otro tinto (Quinta do Carmo 2009).

La oferta de postres caseros es abundante y de calidad, como corresponde al país vecino. El café, excelente, portugués.

Como está a unos 30 km de la frontera de Tuy, vale la pena acercarse desde España, si está por la zona. La carretera va junto al río Miño, con parajes de singular belleza. Recuerde que hay una diferencia de una hora entre España y Portugal. Comienzan a servir comidas a las 12 horas portuguesas, que son las 13 españolas.  Pero, los aficionados a la buena comida  deben  conocer este restaurante, y a las personas que lo sacan adelante. Cocina popular, con clase. Un restaurante popular, con unas materias primas excelentes, una carta breve, y una cocina muy buena. Precios razonables, y más si tenemos en cuenta lo generosas que son las raciones..


Restaurante Mariana.
Estrada Pedro Homem de Melo 42.
AFIFE (Portugal).
Tfn. 258981327.


En la entrada está la pequeña piscina con el marisco vivo (bogavantes, nécoras, centollos,…), y otras ofertas. En esta ocasión, un viernes, eran percebes a 40 €/kg y quisquillas, a 55 €.
Cuenta con dos comedores con distinta decoración, uno con mesas normales, y otro con bancos y mesas corridos