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Un hermano pequeño de armas tomar

Château de Fonsalette Réservé 1999 (tinto). SCEA Château Rayas. Côtes du Rhone (Francia). El hermano pequeño del mítico Château Rayas: pequeño pero matón.
Actualizado 10 septiembre 2016
Redacción Ocio
1. Bodega y elaboradores.
Bodega (www.chateaurayas.fr) con indudable encanto; pero rara, como raros y excéntricos vienen siendo sus propietarios y gestores en las cuatro generaciones que ha habido desde que esta bodega comenzó su andadura, ayá por el año 1880. Se trata de la familia Reynaud. Vamos a recorrerla, desde sus orígenes. Todo comenzó en 1880, cuando Albert, notario en los alrededores de Avignon, se quedó sordo con 45 añitos. Decidió reconvertirse en cazador, y le faltó tiempo para comprar la finca Rayas, de unas 13 ha., para dedicarse por entero a su nueva afición.  Pero entre batida y batida, se dedicó a otra afición, secundaria: vigneron. Plantó algunas cepas, elaboró algunos vinos. No se le daba mal, no. Pero no pasó de ahí. Y claro, al bueno de Albert le llegó la hora de pasar a mejor vida. Fue en ese momento cuando apareció el personaje que cambió el destino de Rayas. Su hijo Louis. Personaje inquieto y peculiar, pasaba de la caza. Y se dedicó full time a conseguir un buen vino. Una característica de la actual finca Ch. Rayas es su suelo: arenoso. No tiene los típicos “galets”: enormes cantos rodados que suelen cubrir los suelos de los viñedos en Châteauneuf. Pero al pricipio no fue así. Fue nuestro Louis quien las quitó, ¡a mano!, porque aseguraba que perjudicaban la buena maduración de sus uvas. Decía: "Suelo fino, vino fino". De las 13 variedades autorizadas en la AOC, plantó sólo Garnacha. Pero no paraba. Después, en 1920, se lanzó a embotellar y a comercializar. Más tarde compró el Domaine des Tours y el Château de Fonsalette.
Lo de Château aplicado al Rayas, se lo sacó Louis de la manga, porque le sonaba bien. En Rayas no hay ni atisbos de Château. Es más, la sede material de la Bodega es y ha sido siempre un desastre, que a muchos haría dudar de que de allí pueda salir algún vino bebible, con las condiciones mínimas para ser aprobado por Sanidad. Incluso durante una temporada llamó al Rayas “1er Cru” – que no existe en la AOC- porque le sonaba bien. Es ley de vida, y en 1978 también le tocó a Louis pasar a mejor vida. Correspondió a su hijo Jacques pilotar la nave Rayas. Y “de tal palo, tal astilla”. Recojo sólo alguna de las muchas historietas peculiares de Jacques. Por ejemplo, no dejó entrar a Robert Parker en su Bodega, porque llegó tarde a la cita. Otra vez, le llamaron por teléfono para conseguir unas botellas. Respondió: "mire, todavía no he comido, y así soy incapaz de pensar. Llámeme después de comer y hablaremos”. En otra ocasión, un amigo visitó la bodega. Jacques le dió unas botellas sin etiquetar. Acto seguido le dio las etiquetas y le dijo: "toma, pégalas tú". Y claro, también le llegó su hora. Fue en 1997. Y aquí aparecen su hermana Francoise y su sobrino Enmanuel. Ellos son actualmente los guardianes del secreto de estos vinos: mezcla de leyenda, mito y obra de arte. Nadie es capaz de saber qué pasa dentro de la Bodega, porque una de las características de los Reynaud es su rebeldía respecto a las normas y la burocracia de la AOC. Por ejemplo, no descalifican el 5% de la uva, como manda la AOC Châteauneuf-du-Pape. Y si un poco de vino de una buena añada puede mejorar el vino de una vendimia peor, lo añaden con toda paz. Su filosofía es muy elemental: "si algo es bueno para el vino, lo hacemos". Con la fama que tienen sus vinos, a ver quién se atreve a regañarles.
La finca actual tiene 11,8 ha de Garnacha, y 1,8 ha de uva blanca: mitad Clairette y mitad Garnacha Blanca. Los rendimientos son mínimos. Suelen dejar que la uva madure mucho. Allí la maduración es lenta. La producción media anual de Rayas es muy pequeña: unas 30.000 botellas. Pero este dato, como tantas otras cosas de la bodega, es confuso. Además de la falta de transparencia, últimamente ha surgido otro problema: su irregularidad. A ver si Enmanuel se asienta.
Elaboran un segundo vino, Ch. Pignan, sólo tinto, en algunas añadas. Suele ser fantástico. Pero es que su tercer vino, nuestro Fonsalette, es también una maravilla. Y el cuarto, por así decir, lo es también: el Pialade (Côtes du Rhône). Y los Domaines y Châteaux des Tours, son maravillosos.
 
2. Precata.
PVP. Unos 100 €.
Uvas. 50% Garnacha, 35% Cinsault y 15% Syrah.
Elaboración. 12 meses en barricas de roble francés, muy usadas.
Alcohol. 14º.
 
3. Cata. En agosto de 2016.
Color. Rojo frambuesa, de capa media con riebete teja. Limpio y brillante. algo de poso fino. Bonita lágrima, poco tintada.
Nariz. Expresiva, de media intensidad, en la que inicialmente dominan las notas animales para dar paso a elegantes notas de flores ajadas, tabaco rubio, cueros, fruta roja y delicados toques minerales de tipo pizarroso.
Boca. Ligero, y a la vez con nervio y carácter. Excelente acidez. Muy bien ensamblado, largo y atractivo. Curioso: la fruta inicial es cereza licorosa, pero al final deja un posgusto de higo seco. Carnoso, redondo. Consigue aumar poderío y elegancia.
En conjunto. Un gran vino. Muy Ródano Sur: uva soleada. Con años por delante, aunque está ya en un momento fantástico.
 
4. Calificación. 9+/10.
Otras calificaciones:
CellarTracker     92 /100
Stephen Tanzer 88 /100
Wine Spectator 87 /100
La Revue du Vin de France 16 /20