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Boggo

Todo ha cambiado, pero se ha hecho bien

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La trasformación de un local, en algo distinto, pero dedicado a lo mismo que el anterior no deja de ser una dificultad añadida a cualquier proyecto empresarial. Asi se podría resumir la suculenta historia de Boggo que abrió sus puertas hace ya hace nueve años de la mano de un grupo de socios y que ahora se reinventa bajo la dirección de un nuevo y único propietario con alma de anfitrión, Gómez Pineda.

Actualizado 1 febrero 2014  
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Redacción Ocio
  
En el fondo del proyecto subyace  la idea de poder disfrutar  en un local dotado de todo aquello que, como cliente exigente y bon vivant, siempre se sueña : un mismo local: un ambiente fresco, joven y confortable, gente guapa del más variopinto perfil, música selecta, copas bien servidas y una cocina de mercado que permite tanto compartir entre amigos como darse un homenaje en familia o pareja.  Sería el otro resumen que podría definir el nuevo Boggo. Por otra parte, tiene a su favor una ubicación privilegiada  en uno de los mejores enclaves del ensanche del marqués, en pleno Barrio Salamanca, en el que todo –decoración, oferta y detalles- han sido ideados “para que el cliente disfrute y se lo pase bien”.

Esa filosofía , esa manera de entender el negocio se nota ya nada mas entrar  en un ,local con dos plantas: la superior el restaurante, la inferior las copas. Un detalle importante  y que define el tipo de local que es Boggo es   que desde la entrada te sientes arropado por un servicio atento y cercano que danza, con la invisibilidad debida, pero que hace que todo llegue rápido, sin que apenas se note que van o vienen.
La carta es sencilla pero puedas encontrar todo tipo de sugerencias que una cocina  basada en la materia prima y en una elaboración clásica, sin concesiones a las florituras pero en la que se busca  la mejor relación calidad/precio posible. Pero es que, además  es posible compartir raciones, picotear del centro de la mesa, comer con las manos o deliberar sobre su rica variedad son algunas de las cosas que permite la carta de Boggo que, por si fuera poco te advierte de los platos mas vendidos, los que mas calorías tienen, lo mas tradicional y lo mas dulce , facilitando   la elección en razón  del momento, de la compañía o incluso del apetito que ase tenga en ese momento. Ideales para una comida son por ejemplo la ensaladilla rusa, las croquetas de salmón y puerro o de jamón con pollo de corral (de besamel blanca y casi líquida), la pizza de Carpaccio (de masa finísima y casera), las samosas de pato o la rusticidad de unos nachos con todos sus sides. Propuestas muy enfocadas para probar y compartir que conviven también con productos de primer orden como las anchoas de Santoña, el jamón ibérico D.O. Extremadura (servido con pan cristal, tomate y aceite de oliva picual), la hamburguesa de vaca retinta (“el vacuno de moda”), la ternera de Guadarrama o unos deliciosos chipirones. Y es que para encuentros más formales, como esa primera cita o un almuerzo de trabajo, también puede hacerse una comida clásica de primero y segundo y postre a base de entrantes, ensaladas, pescados y platos de carne entre los que sobresale uno de los mejores steak tartar de Madrid, cortado a cuchillo y aderezado al gusto de cada comensal.

Tras poder leer todas esas propuestas optamos por lo que podría ser un almuerzo de trabajo o de compañeros de despacho para preparar una reunión con un cliente, en el que además de comer bien, hay que hacerlo deprisa porque normalmente se disponed de una hora larga y luego hay que seguir trabajando.  Asa que , pedimos  unas croquetas, mitad de jamón, mitad de salmón y una ensaladilla rusa. Dos platos clásicos que todos conocemos y que tienen que estar muy bien hechos para tener éxito. De las croquetas destaca la bechamel muy liquida, pero en su punto y una buena fritura, perfecta;  de la ensaladilla rusa la frescura de los elementos que la componen y un perfecto aliño en el que la mahonesa cumple el papel que siempre ha de cumplir, ligar todos los elementos que la conforman. Un buen comienzo.
De segundo plato pedimos unos chipirones y un steak tartar. Los chipirones sobre una cama de verduras y a  la plancha resultan un plato francamente recomendable. Por su parte el steak, efectivamente cortado a mano estaba muy bien aliñado, sin que el picante fuese estridente, eso si, en función del apetito del momento puede ser recomendables pedir medio, como hicimos nosotros,  ya que  con las patatas fritas  que le acompañan  son un plato solido y suficiente.
Cerramos el almuerzo con dos postres  un helado de chocolate y un curioso pastel árabe. Se trata de una especie de milhojas con solo unas pocas capas de masa entre las que una dulce crema se trasforma en un dulce final  ligero y suavemente. .

Pero el local no se termina en ele restaurante. El piso bajo, por denominarlo de alguna manera se trasforma en  un animado bar en el que se puede acabar la velada, tomar un aperitivo, disfrutar del alter work, picotear a base de raciones o comenzar la noche a ritmo de cócteles, gin tonics bien servidos y la música más actual. Para ello cuenta con un puñado de mesas bajas tipo lounge, una amplia barra repleta de botellas, y, entre ambos, un espacio diáfano para el que se anime a bailar.


Boggo
Velázquez, 102.
Teléfono: 91 781 10 38.
Precio medio: 25 €.
Horario: abierto todos los días de 13 h. a 3 h. excepto domingos (día de cierre).

 
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