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Casa Lobo

La calidad también es posible en los barrios residenciales

De un tiempo a esta parte, se están produciendo una serie de cambios en la ubicación de restaurantes. Hasta hace muy poco, todo aquel que quería tener "éxito" buscaba zonas, mas o menos céntricas o áreas en las que ya estaban ubicados otros restaurantes para así, generar las sinergías suficientes como para que donde "comía uno", comiesen varios, por aquello de dinero, llama dinero.

Actualizado 17 enero 2015  
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Redacción Ocio
  
Un local en una zona residencial en la que la restauración florece
Sin embargo, ese modo "empresarial" de actuar que generaba una especie de núcleos gastronómicos en los que poder optar a distintas cocinas ha dado paso a otro distinto en el que lo que se busca es que el cliente no tenga que desplazarse, que el restaurante sea una prolongación de su oficina, de su casa. Y es que los usuarios son cada vez mas perezosos gracias al riesgo de la multa. Es fácil de entender. Hasta hace poco, se podía comer  y disfrutar de un buen vino y una agradable sobremesa en compañía de una copa de brandy, armagnac, ron o incluso de un simple gin tonic. Hoy ya eso es una quimera, un riesgo que hace que los clientes traten de buscar la proximidad, bien a la oficina o despacho, bien a la casa familiar. Esa cercanía hace que el riego de la carretera, a la perdida de los puntos, a la cuantiosa multa, etc se minimice. Todo ello hace posible que en áreas como, por ejemplo Arturo Soria se estén produciendo apertura de locales conocidos que diversifican su oferta buscando la clientela.

Y ese ese el caso de Casa Lobo, un nuevo restaurante fundamentado en la filosofía conceptual de los exitosos Martinete, Casa Mono o Atenecuyo secreto es “hacer que los clientes se sientan mimados, cómodos y especiales”, en un ambiente envolvente y evocador y en torno a una oferta cuidada, versátil y actual. Porque, dicen, “no sólo importa el plato sino las sensaciones que se viven en torno a él”.

Con esta premisa  hay que añadir  que el local sorprende desde el momento en que se divisa su fachada: semicircular y abierta al interior a través de amplios ventanales, que recuerda un ambiente veraniegpo, de viejo club náutico con terraza al puerto. El proyecto de interiorismo lleva la firma de Lázaro Rosa-Violán que, como en todos sus proyectos, consigue aquí dotar de ese regusto del pasado y de lo vivido a un espacio nuevo y rabiosamente contemporáneo, a través de la fusión de estilos y elementos decorativos. Lámparas años 50, confortables butacas estilo vintage, iconos del diseño actual y elementos creados ad hoc, como la futurista chimenea cónica que corona la sala principal, conforman el local. El resultado, un espacio que conjuga la elegancia del bistró parisino con la serena comodidad de un club inglés y la alegre frescura y luminosidad del estilo mediterráneo, con paredes de blanco impoluto y reminiscencias a la tasca de “Puerto Viejo” tanto en el azul de puertas y ventanas como en los botelleros que separan la estancia invitando al buen beber.
 
En lo gastronómico Casa Lobo apuesta por una cocina sencilla, pero variopinta  en la que conviven  unas croquetas -de jugosa besamel envuelta en pan japonés-, con un ceviche de corvina, un  tartar de salmón, un  tataki de atún o la hamburguesa de Wagyu. Pero también, propuestas de temporada y de propio cuño en las que se desvela el amplio recorrido profesional de un equipo que domina tanto la cocina burguesa y tradicional como la vanguardia más evolucionada y la fusión con lo internacional. Y efectivamente se trata de una cocina sencilla pero que gusta, como lo demostraba que en una semana como en la que nos encontramos y con tan solo unos pocos meses de vida el restaurante estaba medio lleno, sin apreturas, pero lleno.

Lo `primero que hicimos fue tomar una copa de vino en la barra y sorprende que ya en la barra se cuide la calidad, porque pedimos un albariño y disfrutamos de un "paco y lola" que no resulta habitual en nuestras barras y que luego nos acompaño durante todo el almuerzo. En ese sentido, la carta de vino es una carta corta, pero muy bien seleccionada en la que encuentras solución a todos los "acompañamientos"  del almuerzo.

Con la bebida solucionada empezamos  con un tarta de salmón con aguacate y aji, un guiño a la cocina peruana francamente muy bien resuelto y que hacen del plato una gran conjunto que se deja comer con facilidad y resulta distinto, siendo su base el conocido, e incluso socorrido  salmón de muchos platos.
A continuación probamos las croquetas. Veredicto final, merece la pena que las pruebe. También son distintas de las habituales ya que su masa es mas liquida que las tradicionales bechameles , pero su cobertura de pan japonés y una fritura perfecta hacen que en la boca exploten con una mezcla  de sabores que lo convierten en un bocado distinto. Seguimos con uno de los platos de mas éxito, los mejillones con salsa de coco que siendo un gran plato, tiene en nuestra opinión un pequeño problema que el coco se come al mejillón hasta  hacer que prácticamente no sepa mas que a coco, pero de gustos no hay nada escrito.

Cerramos  el almuerzo con dos pequeñas demostraciones de la cocina de Cas Lobo unos chipirones con setas y unos raviolis rellenos de pato  El primero un plato que sorprende porque nunca había visto unos chipirones rellenos de setas y la combinación es de las que funciona; el segundo, una agradable combinación de sabores distintos.
En los postres no se falla, son los de Oriol Balaguer .

Casa Lobo
Torrecilla del Puerto, 5, esquina calle Asura.
91 201 42 62.

Precio medio: 35€.
Menú entre semana: 15 € de lunes a jueves.
Horario: de lunes a domingo en horario ininterrumpido de 12:00 a 2:00.
Servicio de aparcacoches

 
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