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Anticlericalismo en España en el siglo XX

D-   Algunas consecuencias de la Semana Trágica

La Semana Trágica de 1909 fue un anticipo de lo que desgraciadamente iría intensificándose hasta 1936: una polarización de la sociedad española. 

Actualizado 10 mayo 2017  
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Gonzalo Fernández de Navarrete G.V
  
No eran dos Españas eran muchas más- pero en algunos temas había una simplificación, evidente en varios temas mayores, uno de los principales era la pugna entre “clericalismo y anticlericalismo”.
 
Es lo Manuel Suárez Cortina había descrito así::
“ el anticlericalismo constituyó un fenómeno unitario en el que se concentró toda la tensión que emergía del enfrentamiento entre tradición y modernidad. Juego simbólico de valores enfrentados tradición y modernidad representaron los universos antagónicos sobre los que se construyó el mundo moderno. Un universo de representaciones y discursos bipolares cargados de valores excluyentes[…]”
 
Aún así, aunque era una batalla simbólica que desgraciadamente la sociedad española no supo controlar, y fue uno de los elementos de confrontación principales de 1936-1939,  la “Semana Trágica” de 1909 tuvo unos efectos concretos en la política española que permitieron controlar la “Revolución Social” que muchas fuerzas que hacían bandera del anticlericalismo predicaban.
 
Durante la semana posterior la prensa española informó  la suspensión de la “redención a metálico”  que realizó el gobierno. La percepción de que solo los que no tenían dinero eran movilizados, y que los ricos y poderosos evitaban ir a una guerra que además era percibida como injusta y en defensa de intereses económicos particulares de políticos y capitalistas eran factores que alimentaban la protesta social.
 
Aparecen noticias en ABC y La Vanguardia en la primera semana de agosto de 1909 con la ““la organización de un batallón formado por caballeros, que voluntariamente se afiliarán, costeándose cada uno los gastos.”
Eran consecuencias estas de la voluntad de reducir la tensión, y eliminar la asociación automática de que ricos y poderosos no acudían a la guerra, mientras los pobres morían en guerras ilegítimas.
 
Más allá de estas consecuencias operativas, lo cierto es que la Semana Trágica  tuvo varias consecuencias importantes –entre ellas la caída del gobierno largo de Maura por las protestas internacionales tras el fusilamiento de Francisco Ferrer- , pero en opinión de Suárez Cortina sorprende especialmente la desaparición repentina de las muestras  de anticlericalismo social tras la misma:
 
“Sorprende sin embargo, mucho más que la propia manifestación anticlerical de julio de 1909 su repentina desaparición y la ulterior tranquilidad que caracterizó las décadas siguientes. Hubo, sin duda, una continuación de la política anticlerical por parte de liberales y republicanos. Pero, sus manifestaciones se sitúan claramente en al ámbito de la política liberal, lejos de manifestaciones rituales y sacrofóbicas como las señaladas.”
 
Según Suárez Cortina, los efectos prácticos principales  se concentraron en la educación, pues se suspendieron las escuelas “laicas” y “neutras”:
“Connelly Ullman ha establecido el alcance del anticlericalismo popular tanto para la vida parlamentaria, como para el movimiento obrero y las escuelas laicas. Fueron estas las grandes afectadas por la política conservadora y sobre quienes se aplicó la política represiva con su suspensión. “
 
La caída del gobierno de  Antonio Maura, y la llegada de los liberales al poder Tras la campaña “Maura No”, primero los 3 meses de Moret y luego Canalejas, supusieron que éste intentara abordar el problema de las órdenes religiosas entre 1910 y 1912. Según Cortina:
 
“[…]  los motines anticlericales reactualizaron la política anticlerical de los liberales que en los dos años siguientes trataron de redefinir, sin demasiado  éxito por lo demás, las relaciones Iglesia-Estado. Su mejor expresión vino dada por la llamada “Ley del Candado” que canalejas intentó tras la llegada de los liberales al poder en 1910.
Con ella Canalejas no solo trató de dar continuidad a la política de control de las órdenes iniciado a principios de siglo, sino que intentaba dar coherencia al programa liberal y limitar el frente anticlerical más radical que alimentaban no ya los motines populares, sino el anticlericalismo republicano.  Todo ello, naturalmente, en unas condiciones poco favorables para el entendimiento con una Iglesia especialmente sensible a los proyectos de Canalejas y muy experta en obstaculizar los proyectos del líder liberaldemócrata. ”
 
Canalejas,  además de la oposición de la Iglesia,  no contó con apoyo de la Conjunción republicano-socialista.  Finalmente quedó en una posición de soledad y “se vio abocado a llevar una política cada vez más restringida, muy cercana a la propugnada antes por Moret.”
Los socialistas reivindicaban el “anticlericalismo auténtico” como especificaba El socialista en 1910. Los republicanos con La  Liga Anticlerical Española de (1911)  querían incorporarse al movimiento anticlerical europeo.
 
Cortina considera que salvo en 1913 con el debate sobre el catecismo en la escuela: “Con la muerte de Canalejas, puede decirse que la cuestión religiosa, bajo la forma de confrontación clerical/anticlerical desapareció de la vida política y social”
 
El problema, que estuvo congelado por la primera guerra mundial y la revolución rusa, así como por la dictadura de Primo de Rivera reaparecerá en la segunda República, una vez terminado el periodo de la Restauración.
En opinión  de Suárez Cortina,  si hubiera triunfado la propuesta de Canalejas de control civil sobre las órdenes religiosas y la educación, esa circunstancia hubiera restado virulencia al anticlericalismo de  la IIª República.
 
La visión de Julio de la Cueva es la siguiente:
“Sin embargo, lo que marcó dramáticamente  el bienio de Maura fue el estallido de anticlericalismo incendiario que tuvo lugar en Barcelona y otras localidades catalanas a finales de julio de 1909, enseguida conocido como “Semana Trágica”, y la represión posterior, que encontró en el pedagogo libertario Francisco Ferrer y Guardia la víctima principal. Tras la salida de Maura del gobierno, de nuevo el partido liberal colocaba a sus hombres en el consejo de ministros y el gobierno Canalejas (1910-1912) señalaba la pleamar del anticlericalismo gubernamental, desarrollando diversas medidas tendentes a hacer valer la supremacía del poder civil frente al eclesiástico.”
 
Para De la Cueva, el asesinato de Canalejas truncó una política que por otra parte contaba con pocos apoyos.
“La concreción más conocida de esta política fue la famosa “Ley del Candado”, que prohibía el establecimiento de nuevas órdenes religiosas en España, sin autorización ministerial, durante dos años, plazo que se daba para la promulgación de una nueva ley de Asociaciones. El asesinato del prócer liberal impediría comprobar la firmeza de una política, por otro lado tambaleante”.
 
 De la Cueva ha considerado que lejos de aplacar los ánimos, la caída de  Antonio Maura tras la Semana Trágica y el asunto de Francisco Ferrer Guardia acabó movilizando a los antiliberales de derecha:
 “Cayó el gabinete de Maura y después de tres meses de Moret   en la presidencia del gobierno, el 9 de febrero de 1910 Canalejas accedía al cargo. Durante el primer año de gestión canalejista el conflicto clerical-anticlerical alcanzaría una de sus cimas, quizás el punto álgido de la tensión sostenida en una década. En efecto la salida del odiado Maura del gobierno no aplacó los ánimos de los antiliberales; antes bien, la perspectiva de un gobierno liberal y el anuncio efectuado por Canalejas de disponerse a tomar medidas en sentido secularizador los exaltaron más.”
 
Y por tanto la cuestión clerical-anticlerical sería uno de los asuntos que permanecería en el subconsciente colectivo, y rebrotaría la violencia con fuerza años después. Mientras tanto continuó la batalla en el ámbito simbólico desde 1910. En opinión de De La Cueva:
 
“ Para los católicos, la política anticlerical de Canalejas actuó como un segundo revulsivo(el primero había sido el proyecto de Dávila) que intensificó su actividad organizativa y movilizadora .[…].
Los anticlericales no se mantuvieron indiferentes a los estímulos que, desde su propio campo y desde el contrario, los apremiaban a la acción. Seguramente tampoco fue casual que los elementos más radicales eligieran este año para sacar al aire libre los actos irreligiosos  de Semana Santa. Mayor resonancia tuvo, sin embargo, la manifestación del 3 de julio [1910] , organizada por la Conjunción Republicano-Socialista con la adhesión del Partido Liberal, en apoyo de la política secularizadora del gobierno.” 
 
Aunque las escuelas laicas volvieron a abrir en Febrero de 1910 con Canalejas en la presidencia, en opinión de la De la Cueva tras  la Semana Trágica el cierre de las escuelas laicas volvió a ser utilizado como símbolo. Pasados los disturbios, una parte de los que rechazaron los actos de barbarie de la Semana Trágica en su momento acabaron saliendo “en la defensa de los represaliados un emblema de su apuesta por la modernidad y la secularización  […]
 
Para concluir, volviendo al juicio y ejecución de Ferrer, Susana Sueiro ha considerado sobre los efectos de la Semana Trágica:
“Ferrer, desprestigiado por la historiografía conservadora y mitificado por la progresista, fue probablemente un pedagogo mediocre y un anticlerical obsesivo, un anarquista que tenía dinero –había heredado una fortuna-, una vida cosmopolita y un comportamiento sexual libertino para los criterios de la época. […]
Desde luego no hay prueba alguna de su participación en la rebelión de la Semana Trágica. No fue, en cualquier caso, ni autor ni jefe de la insurrección, cargos por los que se le condenó y ejecutó.”
 
Cuando se fusiló a Ferrer  reaparecieron en las protestas organizadas en el extranjero los viejos mitos que los enemigos de España habían creado durante la época del auge de la Monarquía Española como primera potencia mundial en los siglos XVI y XVII, había renacido la “Inquisición” para ejecutar al  mártir Ferrer y Guardia. Unos mitos que por otra parte los españoles habían interiorizado de forma sorprendente.
 
Y así, con este episodio dónde las pasiones habían aflorado, apareció un nuevo santo, santo laico, un nuevo mártir anarquista., que sería invocado en los años posteriores: Francisco Ferrer. Una  ejecución  que prolongará esa imagen estereotipada, folclórica, exagerada,  de una España atrasada, dónde los nobles y religiosos oprimían a un “pueblo bueno” que sería salir del atraso a través de la educación laica, contribuyendo a profundizar esencialismos en esa España de principio de siglo XX, que desgraciadamente rebrotarían en los años 30, y tendrían el debate clerical-anticlerical como uno de los desencadenantes de la Guerra Civil.
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