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La huella española en la China del siglo XVII

Domingo Fernández de Navarrete, primer arzobispo de China

Existen pocos países que tengan una historia tan rica y por otra parte tan olvidada por unos poderes públicos que se dedican a la gestión política de un día a día muy mediocre, propio de la época mundial tan poco edificante que nos ha tocado vivir en este inicio de siglo XXI. Los españoles no solo fueron los protagonistas en los siglos XVI, XVII y XVIII en Europa y América, sino también en Asia

Actualizado 8 agosto 2018  
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Gonzalo Fernández de Navarrete González Valerio
  
Domingo Fernández de Navarrete es prácticamente un desconocido en la España actual, y empieza a ser reivindicado tímidamente por algunos escritores que pretenden hacer valer un pasado español que también fue importante en las tierras de Asia.
 
No solo era llamado el “lago español” el Océano Pacífico,  que lo españoles navegaron, exploraron y dominaron durante 300 años en su ruta desde Acapulco a Manila, y también de regreso de Manila a Norteamérica por la via del estrecho de Behring hasta Alaska, y bajando por la Costa Californiana hasta Acapulco de nuevo. Esta ruta española a las Indias orientales la estableció el navegante Andrés de Urdaneta como vía de retorno para las flotas de la Monarquía española desde el siglo XVI –otro de los muchos olvidados de la historia de España.
 
En este siglo XXI únicamente  quedan algunos recuerdos  desdibujados de la presencia española en Filipinas – bautizadas así en honor en a Felipe II- desde 1520 hasta 1898, momento en que la Guerra entre España y Estados Unidos supuso que por el Tratado de Paris de 1902, los Estados Unidos de América establecieran un violento régimen tiránico colonial en esas islas anteriormente españolas,  a través de una anexión que costó centenares de miles de muertos entre los Filipinos-.
 
Los independentistas filipinos que habían iniciado la guerra frente a España -entre ellos el general filipino Emilio Aguinaldo- siempre se arrepentirían en sus declaraciones y libros posteriores de haber dado pie a la intervención del entonces poder emergente americano en la zona, y que luego aplastaría y postergaría a los filipinos como España nunca había hecho en los casi 400 años anteriores .    
 
Y es que a pesar del olvido generalizado, durante los siglos de la Monarquía Hispánica como poder preponderante en el mundo entre los siglos XVI y XVIII, no fue Asia la excepción a una presencia Española global en el planeta. Tampoco China escapó al ánimo español de intervenir en todos los territorios del mundo.
 
Se suele mencionar a los Jesuitas, orden fundada por los españoles Francisco Javier y por Ignacio de Loyola,  como la orden religiosa que mayor presencia de misioneros tuvo en la China Imperial en los siglos XVI y XVII.
 
Sin embargo el clérigo que mayor conocimiento e influencia tuvo en la China del siglo XVII fue un dominico español llamado Fray Domingo Fernández de Navarrete
 
Un dominico, el mayor conocedor de la China del siglo XVII
Nació Domingo Fernández de Navarrete alrededor de 1610 en Peñafiel,  aunque su apellido pertenecía a uno de los linajes más prominentes surgidos en La Rioja en el siglo XIV, y que durante los siglos posteriores extendería su presencia por muchos de los territorios europeos, americanos y asiáticos de Monarquía Hispánica. Participaron los Fernández de Navarrete fundamentalmente en el ámbito de las letras, de la iglesia y de las armas.
 
De hecho fue su pariente Juan Fernández de Navarrete “ El Mudo” .-también denominado el Apeles español- quien había sido el pintor preferido de Felipe II, que lo seleccionó como pintor principal de El Escorial. Otro pariente nacido en el siglo XVI, el canónigo de Santiago llamado Pedro Fernández de Navarrete había publicado en 1621 uno de los libros más importantes de la escuela de pensamiento Arbitrista, por orden de Felipe III, titulado de forma abreviada “La Conservación de Monarquías”.
 
Coetáneo de Domingo Fernández de Navarrete fue su también pariente llamado como el pensador arbitrista anteriormente mencionado en el párrafo previo. Fue este “otro Pedro” el militar Pedro Fernández de Navarrete y de Ayala, que en esas fechas del siglo XVII era Almirante General de la Mar Oceána, e intendente de la Armada de Flandes con el último rey español de la dinastía de Austria;  Carlos II. Terminaría Pedro Fernández de Navarrete y Ayala sus días como Gobernador Perpetuo de las Armas de Guipúzcoa, este último cargo en los primeros años del reinado del primer rey de la dinastía Borbón; Felipe V.
Con esos antecedentes no era por tanto extraño que Domingo Fernández de Navarrete acabara explorando el mundo .
 
La enciclopedia Católica, en artículo de Joseph Schroeder describe así el perfil de Domingo Fernández de Navarrete:
“Misionero dominico y arzobispo, nacido en 1610 en Peñafiel, Castilla la Vieja; fallecido en 1689 en Santo Domingo. Recibió los hábitos religiosos en torno a 1630 y, tras completar sus estudios, se le ofreció la cátedra de teología tomística en varias universidades españolas. Él prefirió, sin embargo, dedicar su vida a la conversión de los paganos, y en 1646 con veintisiete hermanos dejó su tierra nativa y se dirigió a través de Méjico a las islas Filipinas, a donde llegó el 23 de junio de 1648.”
 
En Manila estuvo varios años, donde conoció tanto la cultura filipina como la de la vecina China, dónde pasó a partir de 1657 a predicar en el imperio Chino.
 
Gabriel García-Noblejas, en su artículo publicado en el sitio del Instituto Cervantes  menciona así como llegó Fray Domingo Fernández de Navarrete a ser uno de los grandes conocedores de China en el siglo XVII, pues residía en Manila desde 1648:
“Fray Domingo pertenecía a la Orden de Santo Domingo, era catedrático de Prima de la Universidad de Santo Tomás de Manila y, […], ostentaba el cargo de procurador general de la provincia del Santísimo Rosario de Filipinas. […]
 
El autor debió de aprender el chino en Manila, pues los misioneros que allá llegaban con la idea de evangelizar China solían estudiar dicha lengua con los sangleyes, es decir, con los emigrantes chinos afincados en Manila.”
 
Sus principales obras sobre China
La obra principal de Fernández de Navarrete se considera una de las más importantes obras de estudio de la China del siglo XVII, y fue una referencia en la Europa continental. Fue publicada en Madrid en 1676, a su regreso de  las misiones. García- Noblejas la describe así.
 “Su extensa obra, sin duda una de las mayores escritas sobre China durante el siglo XVII, se titula Tratados Históricos, Políticos, y Morales de la Monarquía de China1 e incluye unas igualmente extensas traducciones de filosofía clásica china.”

Sus otras obras incluyen títulos en latín  como el catequismo el lengua China que él mismo tradujo y publicó en dos volúmenes:  “Catechismus, lingua sinica," y también "Præceptor ethnicus ex optimis quibusque Sinensium libris extractus, et ex eorumdem sententiis concinnatus, lingua sinica."
 
Domingo Fernández de Navarrete, propuesto para Arzobispo de China
Fue Domingo Fernández de Navarrete uno de los hombres de confianza del Papa Inocencio XI. De hecho el Papa quiso que Fernández de Navarrete fuera el primer arzobispo de China, sin embargo Domingo Fernández de Navarrete no aceptó. Según describe la enciclopedia Católica
 
 Fue muy estimado por Inocente XI, que quiso nombrarle obispo de las misiones chinas. Él rehusó ese honor[…]
 
Pero Fernández de Navarrete no pudo continuar durante su labor en China mucho tiempo. Así como Japón había cerrado la puerta a los misioneros cristianos portugueses y españoles en 1639, ordenando el  gobierno japonés del Shogunato Tokugawa el “sakoku” o cierre del país, política japonesa que con pocas excepciones permanecería inmutable hasta finales del siglo XIX, China no tardaría en aplicar una política similar en los siguientes decenios.
Varios serían los mártires católicos españoles en Asia, entre ellos varios  parientes de Fernández de Navarrete, ejecutados en Japón en 1617 y 1624, considerados protomártires del Cristianismo en esas tierras.
China tardaría pocos decenios en hacer lo mismo que su vecino japonés, y sería en1665 cuando comenzaría la prohibición de la predicación del Cristianismo y luego persecución de los misioneros jesuitas y dominicos.
 
Regreso a Roma y nombramiento como Arzobispo de Santo Domingo
En 1673 regresaría a Roma según especifica Joseph Schroeder:
“[…] marchó como prefecto de las misiones dominicas a Roma en 1673 para declarar delante de las autoridades de allí en relación con el asunto de los ritos chinos, que había provocado un agudo enfrentamiento entre los jesuitas de una parte y los dominicos y franciscanos de la otra
 
Acabaría sus días en la Isla de Santo Domingo, dónde sería arzobispo de 1677 a 1689, año en que fallecería.
“ […] tras su regreso a España en 1677 el papa, a sugerencia de Carlos II, le obligó a aceptar el arzobispado de Santo Domingo, donde trabajó con celo y fidelidad hasta su muerte. “
 
La polémica con los Jesuitas.
Muchos textos consideran a Domingo Fernández de Navarrete el artífice de la crítica pontificia contra los jesuitas por sus ritos en China. Es cierto que fue Navarrete quien transmitió de primera mano en Europa y América lo acaecido en China. Sus textos fueron traducidos a múltiples idiomas en el siglo XVII, y tuvieron mucha popularidad en Inglaterra. De hecho los Jansenistas franceses y Voltaire alabaron su obra, fundamentalmente con el objetivo de atacar a los Jesuitas.
 
Sin embargo Schroeder considera que fue la crítica realizada por Fernández de Navarrete a los jesuitas nunca tuvo ese objetivo para el que la utilizaron los anglicanos, los jansenistas y Voltaire. Era una crítica en criterio de Schroeder en cierto modo constructiva y realizada desde el afecto:
“Mientras que en lo referente a los ritos chinos se opuso a los jesuitas, a veces atacándolos con severidad, en su diócesis abrigó para ellos la más alta estima. En sus cartas al virrey y al rey, pidiéndoles que permitieran a los padres de la Sociedad que establecieran un colegio en su ciudad de residencia, les dedicó un tributo entusiasmado.
 
Y es que Fray Domingo Fernández de Navarrete fue uno de los grandes conocedores de la China del siglo XVII. Traductor de la lengua China acabó sus días en Santo Domingo como arzobispo, pero la primera propuesta que recibió por parte del Papa Inocencio XI fue la de ser arzobispo de China.
 
De hecho en la versión reducida y acortada del libro Tratados Históricos, Políticos, y Morales de la Monarquía de China que publica la Editorial la nave a mediados del siglo XX titulada en su versión extractada como “China y Oriente” en edición de Miguel Herrero. En su opinión sobre Navarrete y su obra,  Herrero considera:
Su visión de China es directa; su observación de los hombres y de las cosas es menuda y detallista y lo que más admira es su humana comprensión  del carácter chino. Infinidad de veces disculpa sus errores, incluso toma su defensa, y hasta llega a convertirse en su panegirista.

[…] Bien puede decirse  que su libro representa la suma de cuanto en Europa se sabía de China a mediados del siglo XVII.””
 
El relato costumbrista y a la vez profundo de Fernández de Navarrete sobre la cultura China es una muestra más de esa epopeya española entre los siglos XV y XIX–no solo colonial sino también misionera en imperios no colonizados por España como China y Japón- , que impresiona por lo amplio y extenso de su presencia y por las influencias a nivel planetario de la monarquía Hispánica y sus clérigos durante tantos siglos.
 
Y es que - por aportar solo un ejemplo más de esta influencia española  política, religiosa y económica en el mundo- hasta bien entrado el siglo XIX el “real de a ocho”, - la moneda española- fue la moneda principal del mundo, y también se utilizaba en China como elemento preferido para pagar intercambios comerciales.
 
Y aquí seguimos aburridos en el siglo XXI, en esta España “pequeña” de los siglos XX y XXI,  mirándonos el ombligo peninsular con problemas domésticos de tercera categoría, sobre si hay que descentralizar el gobierno en algunas regiones todavía más, o incluso permitir se deshaga la que ha sido una de las estructuras políticas más importantes y longevas del planeta….
vaya diferencia, vaya decadencia….
 
Pobre España. Pobre Europa.

 
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