Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?

Suscríbete a nuetro boletín gratuito
Está usted en: Historia > Historia
La modernidad de España

El acceso de la mujer a la Universidad en los siglo XIX y XX

La caída de España como principal Imperio colonial del mundo en el 1824 supuso una deriva de inestabilidad política muy autodestructiva para la España peninsular en el resto del siglo XIX, por el cual muchos españoles se creyeron el relato que sus antiguos enemigos habían labrado desde el siglo XV para hacer menguar su poder y autoestima.

Actualizado 22 mayo 2019  
Compartir:  Comparte esta noticia en Twitter 
 Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Enviar  |  
Comentarios 0
Gonzalo Fernández de Navarrete González Valerio
  
En estos tiempos digitales del siglo XXI en que la tecnología supone una inmediatez extrema en la recepción de noticias –y también de bulos- , se observa como los mitos acuñados durante siglos son reformulados y siguen teniendo vigencia.
 
 
La “historia” –que no es más que la venta de relatos históricos que se transmiten en los medios como cualquier programa político-,  y  en el siglo XXI parece cada vez menos relacionada con unos hechos concretos, analizados racionalmente en sus acaeceres y en sus efectos para extraer conclusiones.
La “creencia” irracional forma parte del hombre tanto o más que su vertiente analítica y deductiva.
 
El relato de la Ilustración  como movimiento cultural y político que reivindicaba el raciocinio humano, y que se extendió durante todo el siglo XVIII occidental, quedó en entredicho a finales del siglo XIX –siglo liberal por excelencia- , en el que a pesar de haber un gran progreso material y de que se avanzó el sufragio individual universal masculino hasta extremos insospechados al principio de siglo. Sin embargo la “crisis finisecular” con una sensación de hastío del liberalismo supuso que todo ese progreso del siglo XIX quedó arrasado  en lo intelectual por el auge de los antiliberalismos durante el primer tercio del siglo XX en todo el mundo.
 
Y todo ello fue por la gran capacidad de esos antiliberalismos para venderse como “modernos” frente a lo que el siglo XIX liberal había supuesto. No era nada nuevo: La Ilustración borbónica también denostó al anterior gobierno de la dinastía Habsburgo en España. 
 
 
La modernidad, cualidad de lo “moderno” es definida en una de sus acepciones así por la Real Academia  Española de la lengua del modo siguiente:
“Contrapuesto a lo antiguo o a lo clásico y establecido”.
 
Según va haciéndose uno mayor, observa que lo “moderno” no deja de ser una sensación, más allá de los logros reales que se consigan.
 
 
Desde es el punto de vista histórico, España ha liderado en la mayor parte del tiempo posterior al Renacimiento en el mundo el “Zeitgeist” –espíritu de los tiempos- ya sea con la era de los descubrimientos y colonizaciones de los siglos XV, XVI y XVII, con la Ilustración y sus recentralizaciones del siglo XVIII borbónico español, o con la Constitución liberal de Cádiz de 1812, tan irreverente en su redacción que supuso la Intervención militar en 1823 de las otras monarquías europeas en España para frenar al sumisión del monarca a la Constitución.
 
La percepción actual de España de los propios españoles y de los habitantes sus vastísimos antiguos territorios  en las Indias Occidentales y Orientales -actuales América y Asia-  poco tienen que ver con la realidad de los hechos.
 
 
Pocas monarquías  -o  países- han sido tan innovadores y a la vez  se han “autoflagelado” tanto como España una vez caídos del pedestal del liderazgo mundial.
 
Y es que España  - y hoy en día el resto de potencias europeas que sucedieron a España en su dominio planetario- son víctimas de una sensación de fracaso y declive que es alimentada por los países que han tomado el relevo en el dominio planetario.
 
Y sin embargo los datos demuestran que la España de finales del Siglo XIX, y de principios del siglo XX fue mucho más moderna de lo que muchos españoles creen hoy en día.
 
 
La incorporación legal de la mujer a la Universidad en España
 
Durante el siglo XIX el liberalismo buscaba codificar y regular muchos apartados de la vida de un país.  
 
En la España medieval o en la España Renacentista y Barroca son habituales los casos de grandes escritoras y poetisas que accedían a los libros que se encontraban en los monasterios y conventos.
 
Sin embargo en el siglo XIX la laicización progresiva de la sociedad hizo necesaria la regulación del acceso a las Universidades, donde la mayoría masculina era absolutamente apabullante.
 
En el año 2010 se publicaba una declaración institucional de la Comisión de Educación y Deporte del Congreso de los Diputados de España, para conmemorar el centenario de la Real Orden de Instrucción Pública, de 8 de marzo de 1910, que autorizaba el acceso oficial de las mujeres a la universidad. En esa declaración del Congreso  se hacía una breve e interesante recapitulación de las normativas de acceso a la Universidad del siglo XIX y XX en España:
En 1872 se matricula María Elena Masseras en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, convirtiéndose en la primera vez que una mujer lo hacía en una Facultad española, en concreto, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Una joven catalana que se vio obligada a solicitar un permiso especial para realizar los estudios de segunda enseñanza y posteriormente los universitarios. A partir de 1873, distintas universidades españolas empiezan a conocer la presencia de alumnas entre sus estudiantes. Nueve mujeres se matricularon entre 1872 y 1882 en las Universidades españolas. No obstante, los trámites seguidos por estas alumnas distaban mucho de los exigidos a sus compañeros.”
 
En 1888 se cambió la regulación para el acceso de las mujeres, pero que aun así seguía siendo muy restrictiva:
 
 “La Real Orden de 11 de Junio de 1888 disponía que: "las mujeres fueran admitidas a los estudios dependientes del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes corno alumnas de enseñanza privada, y que cuando alguna solicitara matricula oficial –o sea pública- se consultara a la Superioridad para que ésta resolviera según el caso y las circunstancias de la interesada," y su circunstancia era ser mujer.”
 
Y fue ya en el siglo XX, en 1910 y bajo el reinado de Alfonso XIII, cuando España incorporó a la mujer a la Universidad en un plano de igualdad: decía literalmente la Real Orden: “no hacer distinción por razón de sexos, autorizando por igual la matrícula de alumnos y alumnas […]. El párrafo completo rezaba así:
 
No fue hasta el Siglo XX, cuando se derogó la citada Real Orden de 11 de junio de 1888 que obstaculizaba la incorporación de la mujer a la Universidad, con otra Real Orden de 8 de marzo de 1910 que decía: "Considerando que estas consultas, si no implican limitación de derecho, por lo menos producen dificultades y retrasos de tramitación, cuando el sentido general de la legislación de Instrucción Pública es no hacer distinción por razón de sexos, autorizando por igual la matrícula de alumnos y alumnas, "[…]. “
 
Y es que la España posterior al “desastre” de 1898 fue una España que supo rehacerse del golpe de perder sus últimas colonias : Filipinas, Puerto Rico y Cuba, así como varios Archipiélagos e islas del Pacífico como Guam , Las Carolinas y las Marianas.
 
De esa época posterior a la pérdida de las últimas colonias son el Instituto de Reformas Sociales (1903), sucesor de la Comisión de Reformas sociales creada en 1883, la Junta de Ampliación de Estudios (1907) La Residencia y el Patronato de Estudiantes (1910),  la Ley de Casas Baratas (1911) o la mencionada Real Orden que plasmaba la Igualdad de trámites en el acceso de hombres y mujeres a la Universidad (1910). También se realizó en ese primer tercio del siglo XX el proyecto de la Ciudad Universitaria de Madrid.
 
Desgraciadamente esa vanguardia española, y esa capacidad de regeneración  increíble demostrada en el primer tercio del siglo XX, no fueron suficientes para evitar la autodestrucción de la Guerra Civil de 1936-1939.
 
De nuevo los españoles  se dejaron cegar por cantos de sirena, y esta vez fueron  los antiliberalismos del siglo XX. Liderados por el marxismo-leninismo, el anarquismo y su escisión fascista creada primero en Italia, distorsionarán la realidad de los hechos,  y truncaron de forma abrupta lo que era un gran momento de estabilidad y progreso de España, que desgraciadamente desde 1930 se truncó y España entró en un círculo vicioso de inestabilidad,  autodestructivo,  que culminaría con la Guerra Civil iniciada en 1936.
 
No fue España tampoco el único país que quedó deslumbrado por esas ideologías antiliberales y totalitarias en el siglo XX, baste con citar Rusia y sus múltiples satélites soviéticos, a Italia, o a Alemania.
 
Además desde 1945 tras la segunda guerra mundial, los antiguos territorios coloniales de Reino Unido y Francia se independizarían de sus antiguas metrópolis sumiendo confirmando el declive Europeo en el liderazgo  mundial.
 
La España del primer tercio del siglo XX fue mucho mejor de lo que sigue siendo hoy relatado ese periodo de la vida nacional en estos primeros decenios del siglo XXI. El aspecto animal, irracional, destructivo del ser humano reaparece periódicamente en cualquier lugar del planeta, y en los imperios caídos –como los países principales de la actual Unión Europea-  las sensaciones de fracaso pueden arrastrar a mecanismos autodestructivos más fácilmente.
 
Esperemos y confiemos que esas fuerzas autodestructivas no sean tan grandes en el siglo XXI como las del Siglo XX, aunque el ser humano ha demostrado a través de los siglos que muchas veces la invocada “modernidad” significa retroceso y no progreso. 
 
Comentario (máx. 1500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)


Título (obligatorio)


Nombre (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen superior
     
NOTA: Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9:00 y las 21:00. Los que se remitan fuera de este horario, serán aprobados al día siguiente.
CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de cronicaeconomica.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
cronicaeconomica.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. ¿Te ha gustado? ¿Qué destacarías? ¿Qué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
 Otros artículos de Historia

1868: Demoliciones en Madrid

Carabanchel: algunos palacios y una cárcel.

De "Espanna" a "España"

Fray Junípero Serra y las misiones de California.

1769: La colonización de la Alta California

California, tierra española

El eterno fantasma de la España "federal"

Los apellidos de las mujeres en España

El apellido patronímico: el nombre del padre

El origen de los apellidos en España

© Copyright CRÓNICA ECONÓMICA, S.L. 2019 | Suscríbete al boletín | Mapa web | Contacto | Publicidad | Política de cookies | Política de privacidad | Estadísticas | RSS
Celindas, 25. 28016 Madrid.