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1923/1930:Un periodo borrado de historia de España

El general Miguel Primo de Rivera Orbaneja

El General Miguel Primo de Rivera gobernó España entre 1923 y 1930, en los años finales de la monarquía de Alfonso XIII, después de un Golpe de Estado incruento. Su figura como personal fue estudiada dentro del libro publicado por el historiador Israelí Shlomo Ben-Ami en 1983.

Actualizado 5 febrero 2020  
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Gonzalo Fernández.de.Navarrete y González.Valerio
  
En 1984 se publicaba en España un libro titulado “La dictadura de Primo de Rivera 1923-1930”.
 
La versión original: primera edición en inglés (1983), publicada por Oxford University Press-  tenía como título original: “Fascism from above.- que literalmente significa “fascismo desde arriba” –Dictatorship of Primo de Rivera in Spain 1923-1930. En el título en español se eliminó la primera parte del título “fascismo desde Arriba” que en inglés se refería al elitismo que lideró el sistema político establecido en esos años. 
 
Reivindicaba el libro en portada lo siguiente: “El primer estudio sistemático de un periodo hasta ahora [por 1983] mal conocido de la historia de España”.
 
La última versión del Diccionario Biográfico Español  de la Real Academia de la Historia describe así al general, y cómo llegó a ser jefe de Gobierno de España de 1923 a 1930 tras el Gople de Estado dado en Barcelona en Septiembre de 1923:
 
“Primo de Rivera y Orbaneja, Miguel. Marqués de Estella (II) y de Sobremonte (VII). Jerez de la Frontera (Cádiz), 8.I.1870 – París (Francia), 16.III.1930. Militar y político, jefe de Gobierno.[…]
 
Nació en el seno de una familia gaditana de gran tradición militar, en la que destacaron especialmente su tío Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, primer marqués de Estella (1831-1921), distinguido durante la Tercera Guerra Carlista, capitán general, gobernador de Filipinas y varias veces ministro de la Guerra.[…]
 
Como reacción a esta situación generada y agravada entre los militares por el Desastre de Annual [en el Protectorado Norte español en Marruecos]  (en el que había muerto su propio hermano, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja) y el informe Picasso, Primo de Rivera, de ideales militaristas y nacionalistas, dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923, con el apoyo de diversos sectores de la sociedad y la aquiescencia del Monarca, ante los hechos consumados.
[…]
El golpe de Estado fue fruto de la actuación, más o menos comprometida, de dos grupos militares distintos; por una parte, un sector vinculado a las Juntas de Defensa de Barcelona con Primo a la cabeza, y por la otra, el liderado por el llamado “Cuadrilátero”, con sede en Madrid, formado por los generales Saro, Dabán, Cavalcanti y Federico Berenguer, próximos al Rey y al tanto de lo que se estaba fraguando. Como principal punto a su favor tenían que, salvo raras excepciones, ningún sector importante de la Milicia estaba dispuesto a luchar al lado del Gobierno, en el caso de que éste decidiera oponer resistencia.
 
 El marqués de Estella conectaba de tal manera con la mentalidad de la época que el Gobierno no sería capaz de encontrar dentro del Ejército quien le prestara suficiente apoyo.
 
La actuación y figura de Primo de Rivera apareció aureolada por un carácter mesiánico y como tal fue recibida, ya que supo vincularse con las aspiraciones de gran parte del pueblo,[…]”
 
 
Shlomo Ben-Ami, historiador y político Israelí
El ensayo de Shlomo Ben-Ami, historiador que luego sería embajador de Israel en España, fue escrito hace más de 35 años, y fue uno de los primeros estudios integrales del periodo de la Dictadura de Primo de Rivera.
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El objetivo del autor era “reexaminar el acceso al poder de Primo de Rivera y su gobierno y ver en qué medida fue más allá de sus intenciones conservadoras originales hasta adquirir el sello de un dictador moderno.”
 
Nacido  en Tánger, Marruecos, en 1943. De origen sefardí, emigró a Israel en 1955. Ben-Ami estudió Historia y literatura en la Universidad de Tel Aviv. Realizó un Doctorado  en Historia en 1974 en el Universidad de Oxford.
Desde 1974 a 1980 fue profesor y luego Director de la Escuela de Estudios Superiores Historia de la Universidad de Tel Aviv (1982-1986). En 1980 impartió clases en Oxford, dónde terminó esta obra. De 1987 a 1991 fue embajador de Israel en España, el primero tras el reconocimiento de Israel por España. “Dentro de su carrera como político ha sido miembro del Partido Laborista Israelí. En 1999 fue nombrado Ministro de Seguridad Pública, un año después se le dio el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores”.
 
Participó Shlomo Ben-Ami en negociaciones e intentos de resolución del problema Árabe Israelí.
 
Su tesis doctoral, dirigida por el prestigioso historiador e hispanista Raymond Carr, versó sobre la Segunda República española. Además ha escrito obras en idiomas hebreo, inglés y francés, siendo el tema del proceso de paz palestino israelí importante en su obra.
 
Esta obra constituyó la culminación del estudio dela dictadura de Primo de Rivera del autor, pues había escrito Ben-Ami artículos y obras previamente sobre aspectos de la misma.
 
 
Una obra que sigue siendo una referencia para el estudio del periodo 1923-1930.
El ensayo de Shlomo Ben-Ami , a pesar del paso de los años, sigue siendo un referente para estudiar el periodo de la dictadura de Primo de Rivera. Publicado originalmente en inglés en 1983, Fascism from above.-literalmente “fascismo desde arriba”– Dictatorship of Primo de Rivera in Spain 1923-1930. En su traducción española en 1984, se eliminó la primera parte del título. Está estructurado en diez capítulos, que se inician con el golpe de Estado, para abordar posteriormente  las fases de la Dictadura hasta su derrumbamiento, realizando un análisis de los principios de lo que Ben-Ami considera un  “Nuevo Estado” en sus diferentes elementos de  política económica, y la política social
 
 
Su reivindicación reivindicaba ser  “El primer estudio sistemático de un periodo hasta ahora [por 1983] mal conocido de la historia de España, y el objetivo del autor era “reexaminar el acceso al poder de Primo de Rivera y su gobierno y ver en qué medida fue más allá de sus intenciones conservadoras originales hasta adquirir el sello de un dictador moderno.”
 
El autor, si bien reconocía ciertas características originales al régimen del general primo de Rivera (1923-1930), inserta sin embargo a España -en perspectiva comparada- en el “paradigma de la normalidad”; lo que Ben-Ami denomina “Zeitgeist” – espíritu de los tiempos- de la época.
 
Es el entorno ideológico lleva a países europeos entre los años 20 y 30 del siglo XX a establecer dictaduras de derechas con ciertas características comunes en Portugal, Grecia, Yugoslavia, Polonia o Rumanía, dirigidas por dictadores como Oliveira Salazar, Matexas, Stojadinovic, Pilsudski, Rydz-Smigly, Calinescu y Antonescu, que comparten elementos antiliberales de reacción al sistema parlamentario, elementos  tradicionalistas, y de populismo que estarán presentes en la España de Primo de Rivera.
 
El régimen de Primo de Rivera combinó la denominada  “revolución desde arriba” idea política mencionada por Antonio Maura Montaner – político conservador Presidente del Consejo en varios momentos de principios del siglo XX-   con elementos regeneracionistas –que pretendían repartir el progreso económico y la educación entre todas las clases sociales- con ciertos aspectos de movilización y estéticos afines al fascismo italiano de Mussolini –de ahí el título original en Inglés del libro “Fascism from above”,  aunque Ben Ami refuta el carácter “fascista” de la dictadura de Primo de Rivera en su fondo ideológico, aun mostrando algunos rasgos de dictadura “moderna” de derechas.
 
Diferentes visiones sobre el origen y significado histórico de la Dictadura de Primo de Rivera. Juicios de obras previas a Shlomo Ben-Ami.
La obra de Ben-Ami tiene la virtud de estudiar sistemáticamente el periodo, con un manejo de fuentes primarias relevantes,  complementado con fuentes secundarias que transmiten una visión bien fundamentada del periodo. Una de las tesis que más controversia ha generado es la afirmación de Ben-Ami:“El pronunciamiento de Primo de Rivera tuvo lugar precisamente en un momento en que el sistema parlamentario daba muestras de volverse auténtico […]”. Es indicativa su coincidencia con el director de su tesis doctoral Raymond Carr en la visión optimista  de la democratización de la Restauración que Primo de Rivera interrumpe.
 
En palabras de Sueiro Seoane, 
Ben-Ami, por su parte, escribió que la solución extraparlamentaria del año 23 se produjo como reacción a una resurrección del parlamentarismo español más que a su degeneración”.
 
Sin embargo Sueiro ha considerado que hay:
“[…] otra visión mucho más pesimista sobre las posibilidades de una transformación significativa del sistema  al considerar que existían otros muchos factores que dificultaban enormemente una transición democrática. Algunos, entre los pesimistas, creen que el régimen estaba agotado y que por ello era previsible y perfectamente lógica la quiebra del sistema para dar paso a un gobierno autoritario”.
 
Esta es quizás la parte más interpretativa de la tesis de Ben-Ami- y la más discutible, pero no interfiere con el desarrollo posterior del libro. Si hubiera podido hacerse una transición desde la Restauración a un sistema más democrático con menos caciquismo al estilo francés o británico  -minoritarios por otra parte en la Europa de los años 20 y 30, donde las dictaduras antiliberales de derechas dominaban el espectro-  es algo que nunca sabremos. Lo que no parece es que la Restauración fuera sólida en 1923 por la poca oposición que tuvo el golpe. 
 
El general Primo de Rivera: una personalidad carismática y controvertida
Nos centraremos en estas líneas  en el análisis realizado por Ben-Ami de la personalidad de Primo de Rivera, en que el autor profundiza o modifica visiones historiográficas previas superficiales o simplistas, para posteriormente añadir las opiniones de otros historiadores –previos y posteriores a Ben-Ami- que han estudiado al dictador y su personalidad.
 
En este sentido Ben-Ami mencionaba:
 “Se ha tomado con excesiva frecuencia a Primo de Rivera por una especia de Santa Claus nacional, un Harum-el-Rachid que daba decretos a derecha e izquierda, como un andaluz simpático decidido a imponer a toda la nación sus filosofía política primitiva y simplista. Se le ha presentado como un político de café el prototipo de la masa de los españoles, en la cual había probablemente millones de dictadores en potencia, que no podían hacer otra cosa que aplaudir el espíritu anárquico y la política ecléctica de su bienintencionado héroe. Jacques Bainville escribió que primo de Rivera “se parecía a los toreros de su país, que una vez terminada la corrida, sólo piensan en hacer el amor”. Algunos contemporáneos, especialmente en América Latina, lo consideraron un general “a la Mexicana” […]. Carente de toda base doctrina, la dictadura, argüían sus críticos, era una autocracia al viejo estilo.[…] .
 
El objetivo anunciado de Ben-Ami con su estudio del General era hacer avanzar a la historiografía: “Aferrarse a los rasgos “folklóricos” del primorriverismo no hace avanzar la investigación histórica, y no ayuda a nuestra comprensión del periodo que se estudia y su lugar en la historia de España del siglo XX.”
 
Ben-Ami consideraba:
“[…] sea cual fuere el enfoque de historiográfico que se adopte, todavía hay que desenterrar al Primo de Rivera “serio” si se quiere llegar a una conclusión válida sobre su régimen. Este no era un déspota oriental o un benefactor carente de cualquier orientación conceptual. Ni él era el tipo elemental de un caudillo decimonónico. Su gobierno estuvo imbuido de ingredientes ideológicos y de componentes institucionales cuya afinidad con las dictaduras “modernas” no puede pasarse por alto.”
 
Ben-Ami concluía: “Pero los rasgos oportunistas de la dictadura no han de ocultarnos su novedad. Ningún militar, antes de Primo de Rivera había desarrollado en España una noción de nuevo Estado hasta el punto que él lo hizo”.
 
Y es que en obras previas a la publicación del estudio de Ben-Ami los elementos superficiales –o “folklóricos” como los denomina el autor dominaron la visión del periodo. Baste mencionar aquí algunas descripciones del dictador de personas que lo trataron, que inspiraron la historiografía posterior. Sin ánimo exhaustivo, citaremos  algunos juicios de Alfonso XIII, y de los políticos republicanos moderados Miguel Maura y Salvador de Madariaga, que trataron al dictador, así como historiadores: Seco Serrano y Raymond Carr, todas ellos previos al libro de Ben-Ami.
 
Según menciona Carlos Seco Serrano, Alfonso XIII  destacó como  cualidades de Miguel Primo de Rivera las siguientes: “militar de los pies a la cabeza”, “honestidad perfecta”, “falta de móviles egoístas”, pero  menciona  a su vez que cosas como “lo improvisaba todo”, “enorme capacidad de adaptación”, “sin cultura especial”, “su natural inteligencia”, “campeón del sentido común”. Y atribuye su caída  a que “se equivocó en la longevidad de que era susceptible su llamamiento al sentido común”  y “descubrió por sí mismo  que la nación se había cansado de él.”
 
En obra publicada en 1962, Miguel Maura Gamazo –político republicano moderado-  ocuparía la cartera Ministerio de Gobernación en el primer gobierno de Manuel Azaña en 1931, y que conoció bien a Primo y lo consideraba “simpatiquísimo”, no menciona elementos “modernos” del régimen, y se contentaba con significar el perfil personal  y la falta de eficacia del régimen:
 
“De entre la fauna de dictadores que han padecido pueblos y naciones, en las décadas que van del presente siglo, es sin discusión posible, el más simpático, el más llevadero, el más inofensivo, el más pintoresco, y el mejor intencionado. Si la eficacia no correspondió al propósito, no fue sólo por culpa suya, sino en buena parte, también, por le España de entonces”.
 
Salvador de Madariaga, político republicano moderado e historiador,  testigo de época, profundizó algo más en el análisis. Dedicaba calificativos como “espontáneo, intuitivo, no informado, […] dado a opiniones simplistas” su generosidad […] no tenía rencor […] Tenía buen corazón […] era hábil y aun fino  evaluaba de este modo al dictador en libro publicado en 1978:
El general Primo de Rivera trabajaba por instinto e inspiración. Era su sistema “confiar en Dios y veremos”; su divisa “Patria, Religión y Monarquía”, con particular insistencia en el orden en que había de servirse a las tres deidades
 
 Madariaga por su parte lo consideraba un personaje que encarnaba  el pasado:
Creyó sinceramente ser el hombre representativo de un régimen nuevo, pero lo era, no ya del viejo, la Restauración, sino del viejísimo, la era de los pronunciamientos, que ocupa todo el periodo que va de Riego a Martínez Campos”.
 
Pero Madariaga sin embargo reconocía que la “dictadura innovó en materia social quizá con más fortuna que en ningún otro campo”  y es de los primeros en ver amalgama y algunos elementos modernos en la política de Primo de Rivera:
 
 “Radicaba su originalidad en que no era fácil clasificarlo en política ni como liberal ni como reaccionario. El siglo es ecléctico como lo fue el general. Y así le vimos liberal en cuestiones municipales, socialista a su modo en cuestiones obreras, conservador en ideas constitucionales, reaccionario en instrucción pública, oportunista (con pocas oportunidades) en cuestiones militares, jefe animoso y resuelto en el problema de Marruecos, y pésimo aficionado a la política extranjera”.
 
Por su parte el historiador Carlos Seco Serrano, era muy crítico en 1969 con la personalidad del dictador y con su régimen “Si Primo de Rivera fue considerado por algunos –por él mismo, sin duda- como el providencial “cirujano de hierro” al que algún día aludiera Costa, la realidad se descubrió muy distante de esta imagen” . Según Seco, Primo de Rivera : ”desconcierta aún hoy la ingenuidad simplista de los términos en que estaba rescatado el manifiesto que sirvió de plataforma a la organización del Directorio”.
Seco  calificaba de “fracaso” un régimen cuyo único logro fue destruir la Restauración: “el único saldo que en el orden político dejó, como rastro irreparable, el gobierno de Primo de Rivera, fue de carácter negativo. Había destrozado el antiguo instrumental de la Restauración y no había logrado facilitar uno nuevo” .
 
Raymond Carr, historiador que posteriormente sería director de tesis de Ben-Ami, mencionaba en 1970 “su ingenuidad fue una virtud salvadora”, y añadía elementos de su vida privada: “El libertino andaluz, dedicado a las mujeres y al vino alzaba ante sí mismo la imagen de salvador austero y sacrificado que la providencia enviaba […]”.
 
Aunque se importaron uniformes y las fórmulas idiomáticas fascistas, Carr consideraba que  “ la dictadura de Primo de Rivera no era fascista”, “se emparentaba más con la escolástica aristotélica que con el totalitarismo, siendo  el discurso de Primo una mezcla de antiliberalismo y “de regeneradores radicales desde Costa a Ortega y Gasset”.”
 
La aportación de Ben-Ami sobre Primo de Rivera: Rasgos de modernidad social flexibilidad, carisma y populismo.
Ben-Ami,  en la obra de 1984 a la que nos referimos como hilo conductor de este texto retomó visiones de obras previas, pero no permaneció en la superficie de los juicios de Alfonso XIII y Miguel Maura, ni fue soporte de las críticas de Seco Serrano. Ben- Ami sistematiza visiones como la de Madariaga sobre elementos modernos del periodo, profundizando el análisis de Carr, y no compartió los juicios de “paréntesis” de buena parte de la historiografía sobre lo que significó la Dictadura de Primo de Rivera en la política española.
 
Afirma Ben-Ami: “No puede negarse que muchas de las críticas acerca de Primo de Rivera, en especial las referentes a su personalidad, eran acertadas”. “[…] los rasgos oportunistas de la dictadura no han de ocultarnos su novedad. Ningún militar, antes de Primo de Rivera había desarrollado en España una noción de nuevo Estado hasta el punto que él lo hizo”.
 
Ben-Ami describe el periodo como anticipo de elementos que aparecerán en el periodo republicano posterior en los partidos CEDA y Falange –considerando Ben-Ami que su hijo José Antonio Primo de Rivera solamente  “refinó” ideológicamente ciertos elementos presentes en la dictadura de su padre Miguel Primo de Rivera -  y que serán  asumidos y amalgamados con posterioridad por el franquismo con su Movimiento Nacional.
 
Ben-Ami presenta un Primo de Rivera hábil, flexible, capaz de adaptarse a los diferentes momentos desde el golpe hasta la caída.  Detrás de esa imagen primitiva, simplista, sentimental, de hombre que cambia repetidamente de opinión,  Primo de Rivera supo leer el entorno:  Según Ben-Ami,  su llegada a “jefe de la conspiración”  “[…] se debió a su habilidad en echar agua al vino de su posición abandonista, una vez se decidió  a conspirar del mismo modo que lo hizo con su espíritu centralista, cuando selló su alianza con el autonomismo catalán”.
 
Aunque  Primo de Rivera define como objetivo realizar una “operación quirúrgica” tras la cual devolvería el poder a los civiles, con “su gobierno como de un “paréntesis de curación” que duraría “quince, veinte, treinta días” pero también prometió establecer un nuevo régimen […]  finalmente irá adaptando el general su discurso a las circunstancias, llegando a consolidar su poder y a intentar institucionalizar el régimen en un directorio Civil a partir de 1925, tras el primer periodo de 1923 a 1925 en que su Gobierno fue articulado en Un directorio Militar:
 
 “el diluvio de decretos  iba acompañado habitualmente de largas notas oficiosas en las cuales el dictador mostraba su “bonhomie” su ferviente patriotismo y una creencia casi mística en su “intuición”, esa palanca con la cual “reconstruiría” y “regeneraría” un Estado español decadente”.
 
Ben-Ami no omite críticas a la personalidad del dictador, especialmente en dos campos: primero  cita la visión de Menéndez Pidal que asume la falta de respeto de la dictadura por la ley, vertiente populista dónde más pareció un Sultán o un Robin Hood, con su vindicación de que la ley moral es superior a la ley escrita; algo común a todas las dictaduras, aunque algunas se esfuerzan al menos en cambiar la ley y destruir la separación de poderes para simular un respeto a su propia legislación. Segundo -a pesar del éxito de Marruecos- la incursión en política  exterior del dictador  es duramente criticada por Ben-Ami: ““la política audaz del todo o nada” “se recurrió a esta más bien grotesca exhibición de orgullo nacional solo cuando falló la diplomacia de la extorsión”.
 
Para Ben-Ami  el éxito inicial de Primo de Rivera está vinculado a un “encanto especial” no explicable racionalmente -lo que hoy en día llamaríamos “carisma”- de los políticos que en el Imperio Romano era denominado “levitas popularis”. El autor lo explica así
 
Evidentemente, el paternalismo de Primo de Rivera que repelía a la oposición política atraía al hombre de la calle
 
Pero el autor no permanece en lo superficial del dictador; en sus notas oficiosas; en su falsa modestia tras el halago de la prensa y masas dirigidas; en los regalos de viviendas aceptados: en  el fracaso que supuso la falta de movilización verdadera de la Unión Patriótica; ni en sus grandilocuentes ambiciones internacionales. Ben-Ami defiende que su dictadura no fue “un paréntesis” en la Restauración:
 
El general, que había llegado al poder sin otra intención que ser un “paréntesis”, se encontró desarrollando gradualmente una filosofía política que , si le quitaban su retórica simplista, impulsiva e ingenua, equivalía a la discernible anticipación de un Estado Novo español”.
 
 
El auge de la UGT y el germen de la asistencia social posterior en España durante la dictadura de Primo de Rivera.
El partido único durante la dictadura de primo de Rivera fue la Unión Patriótica, que intentó emular estéticamente ciertas formas del fascismo Mussoliniano, pero con una movilización de masas muy inferior a la italiana.
Sin embargo lo más relevante quizás del periodo fue la colaboración con el sindicato UGT (Unión general de Trabajadores) –fue bajo el gobierno de Primo de Rivera cuando el sindicato socialista hasta entonces minoritario creció de forma exponencial gracias al papel privilegiado que le otorgó el Dictador en su política sindical- , el establecimiento de los Comités Paritarios entre obreros y patronos realizado por la dictadura, y muchas medidas que favorecieron a los obreros urbanos, así como el desarrollo de las obras públicas, todas estas medidas hacen que la Dictadura  cambie la sociedad urbana española profundamente, y anticipando  muchas instituciones “modernas” luego reivindicadas por otros durante la Segunda República y la Dictadura franquista. Según Ben-Ami:
 
 “no era un demagogo social, aunque fuese una especie de populista que anticipó el Auxilio Social de Falange y la Asistencia Social de la CEDA, fomentando la apertura de clubs obreros y la distribución de comidas gratuitas y ropa a las personas necesitadas”.
 
 
La pérdida de apoyos desde 1927: un hombre decepcionado y acorralado.
La pérdida de apoyos llevará al general primo de Rivera en los últimos meses a desconfiar de sus compañeros de armas,  llegando a instruir al ministro Severino  Martínez Anido –militar famoso por su mano de hierro que también ocupará puestos de responsabilidad en los primeros años del franquismo- que vigile a los oficiales del ejército.
 
Incluso en este aspecto se mostró “moderno” Primo de Rivera, anticipándose en la utilización de formas de averiguación de opinión: en 1928 su ministro de Gobernación realizó una encuesta “que mostraba que la mayoría de los oficiales se oponía a la continuación de la dictadura”
 
 
Cuando Primo de Rivera se ve arrinconado tras los fracasos de la institucionalización del régimen, y una vez que la inestabilidad económica hace tambalearse su continuidad, muestra su humanidad, aunque en ciertos momentos se ve tentado de una salida menos “pacífica”: en su mensaje al Gral. Sanjurjo, se veía a un Primo acorralado: “Creo que no estoy solo […] pero si lo estuviera moriría matando”.
 
En la fase final de la dictadura, la UGT había rechazado entrar en la Asamblea Nacional consultiva y también contribuiría al aislamiento final de Primo de Rivera junto a militares, dinásticos, y el propio rey. “El dictador quedó sorprendido por la nueva posición socialista” , e incluso le impregna el fatalismo.
 
Primo de Rivera, que en medio de proyectos confusos llegó a evaluar incluso una salida democrática a su dictadura, pero, aislado totalmente, dimitirá en 1930. Fallecerá en París pocos meses después, muy desanimado, a causa de su diabetes probablemente agravada por la desazón que experimentaba sintiéndose abandonado por todos los que inicialmente le habían apoyado
 
Ben-Ami  atribuye la caída de Primo de Rivera no solamente a Alfonso XIII y a los militares, sino a “la asfixia provocada a intelectuales, los elementos económicos, los estudiantes, la baja de la moneda, la inquietud general”.  La Dictadura de Primo de Rivera acabaría arrastrando a la Monarquía a pesar de los esfuerzos del General Berenguer por restaurar el sistema de la Restauración en los primeros meses de 1931. El reinado de Alfonso XIII acabaría en Abril de 1931 dando paso a una convulsa IIª República que nacía con una legitimidad puesta en duda desde el primer momento por gran parte de la sociedad.
 
En conclusión de Ben-Ami , la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930) fue una “revolución desde arriba”, pero en “en muchos sentidos, no obstante” fue una “révolution manquée” – revolución fracasada- , y en última instancia atribuye a Primo de Rivera el haber sido “uno de los principales fomentadores de la causa de la democracia española” es decir de provocar el “advenimiento” de  la IIª República -involuntariamente- por la abstención que su régimen provocará en la actitud del ejército en 1931.
 
Tras el detallado análisis que la obra de Ben-Ami proporciona sobre el periodo de la dictadura (1923-1930), -con logros sociales y construcción de infraestructuras en carreteras y obras hidráulicas, así como facilitando progreso material esencialmente en un ámbito urbano-   viendo como el dictador y sus hombres de confianza como el ministro José Calvo Sotelo dimiten antes de enrocarse en unos puestos, con el objetivo de evitar pronunciamientos militares y violencia , el juicio de “fracaso” de la revolución de Primo de Rivera emitido por Ben-Ami en 1983-1984  -atribuye el autor  la destrucción de sistema político de la Restauración (1875-1923)  sin sustituirlo por otro sostenible,  coincidiendo en esto con la opinión de Seco Serrano.
 
Sin embargo -en mi consideración- es este de “la revolución fracasada” un juicio de Ben-Ami  influenciado  por el desempeño posterior y la inestabilidad perpetua del periodo de la Segunda  República más que por el periodo que el libro aborda, en el cual se observa y deduce que el régimen del General Primo de Rivera obtuvo en sus políticas de desarrollo sonoros éxitos en su política de infraestructuras viaria e hidráulica, así como en la gestión de la política empresarial y sindical.
 
Como punto negativo –señalado por economistas como Juan Velarde- el periodo sembró el germen del intervencionismo estatal en todos los ámbitos económicos y cambiarios que luego sería profundizado en los gobiernos “frentepopulistas” de la segunda República, y de modo aún más marcado en la política autárquica del primer franquismo.
 
Las ineficiencias intervencionistas no serían extirpadas hasta la Transición y la entrada de España en la Comunidad Económica Europea desde 1986, en un largo proceso progresivo.
 
 
¿Paréntesis en la historia o régimen moderno con sustancia y huella propias?
Ben-Ami defiende que la Dictadura no fue un mero “paréntesis”, y expone que anticipó muchos elementos “modernos” vindicados por otros luego. En esto tendrá éxito en influir en gran parte de la historiografía posterior.
 
La dictadura transformó de forma importante la sociedad española e hizo insostenible el mantenimiento de la Restauración, y acabó provocando la caída de la monarquía, pero probablemente si la Segunda República  hubiera controlado los intentos de sublevación de Julio de 1936 como hizo con los de Asturias de 1934 o de Sanjurjo en 1932 –algo que entra en al ámbito de la “historia ficción”-, este juicio de “révolution manquée”- revolución fracasada-  de Ben Ami no se hubiera producido probablemente, y puede hubiera quedado en el imaginario –hoy en día salvo en algunos historiadores la dictadura parece no existió- como algo positivo, aunque paternalista,  con rasgos modernos,   simple antecesor de una Segunda República que no hubiera sido tan efímera y convulsa , que finalmente  como recuerda Ramón Tamames,  tuvo menor duración que la Dictadura de Primo de Rivera.
 
Un juicio global sobre la obra de Ben-Ami: una obra que supuso un avance en el estudio del régimen del general primo de Rivera.
El texto de Ben-Ami fue un avance en el estudio de  la dictadura de 1923 a 1930 dentro de la historia española. Demostró que  tuvo  rasgos de dictadura “moderna” superando el perfil del típico pronunciamiento  militar decimonónico. Estableció en qué fue precursora de elementos que la CEDA con su asistencia social, Falange o la dictadura franquista con su partido único y sus movilizaciones de masas reivindicaron posteriormente como originales y propios. Ben-Ami es capaz de deslindar los elementos superficiales del régimen, establecidos en gran parte por el dictador Miguel Primo de Rivera, -que por su personalidad  expansiva transmitía una imagen superficial, primitiva, populista-  pero que sin embargo no han de ocultar su intento de realizar un “Nuevo Estado” corporativo, con rasgos modernos bien definidos, con su intervencionismo y su proteccionismo, a pesar de la amalgama tradicionalista y católica que presentaba.
 
 
En perspectiva comparada,  la obra  de Ben-Ami mostró los puntos comunes del periodo en España con dictaduras antiliberales europeas coetáneas,  reforzando así el autor la idea de “paradigma de la normalidad” de la historia de España, tan influida en parte de su historiografía en tantos por esencialismos recurrentes sobre la “excepcionalidad” de la historia de España, que en un análisis factual en perspectiva comparada no se sostiene.
 
Para Ben-Ami, aunque la Dictadura de Primo de Rivera  muestra similitudes estéticas con Mussolini, Ben-Ami acredita las diferencias relevantes con el fascismo italiano, ya señalados por otros historiadores como Carr y Madariaga anteriormente.
 
 
Algunos autores posteriores a Ben-Ami que han estudiado la dictadura y figura de Primo de Rivera
A pesar de los más de 30 años transcurridos desde la publicación de la obra  de Ben Ami -que lo describía como un periodo poco y mal conocido de la historia de España-,  la dictadura de Primo de Rivera sigue en una nebulosa para la mayoría de los españoles. González Calbet también lo resaltaba en 1987, con posterioridad a la obra de Ben-Ami.
 
En 2008, Ramón Tamames casi 25 años después, insistía en este aspecto:
 
“[…] la dictadura de Primo de Rivera es un tiempo de nuestro devenir como país que se prolongó por seis años y cuatro meses, y que actualmente ignoran la inmensa mayoría de los españoles. Y además, se trata de un régimen político sobre el que se han proyectado numerosos prejuicios, por su muy pasajera relación con el fascismo de Mussolini, o su pretendido carácter de antecedente de la dictadura de Franco.
 
 
El libro de Ben-Ami constituyó un avance significativo en el estudio del periodo, pero  no consiguió que cambiara significativamente el conocimiento de este periodo de la historia de España por los españoles, algo que no es responsabilidad del historiador. Ben-Ami sí  ha tenido efectos relevantes en la investigación historiográfica posterior,  y sigue siendo una obra de referencia en la actualidad.
 
Aunque la dictadura de Primo de Rivera genera un interés muy inferior a la de Franco, incluso en la historiografía, Ben-Ami ha contribuido a que los estudios no queden opacados por la personalidad del dictador, e igualmente a que la historiografía posterior a esta obra supere la idea de “paréntesis” de la dictadura que a principios de los 80 seguía siendo dominante.
 
Uno de los efectos más visibles se aprecia en González Calbet, en  obra sobre el Directorio Militar publicada en 1987.  Coincide Calbet en gran parte con Ben-Ami: evitar que la personalidad del dictador para evitar que opaque las características del periodo, algo que había ocurrido con anterioridad  a la publicación de la obra de Ben-Ami. Opina Calbet:
 “El Manifiesto del 13 de septiembre no debe ser principalmente analizado a la luz de la personalidad de Primo de Rivera, como ha sido hecho repetidas veces, aunque indudablemente, ésta incida en él, sino desde la perspectiva de los acuerdos (implícitos o explícitos) que dan lugar al golpe […]”.
 
Y difiere de la visión de mero “paréntesis” de Tusell, Gª Nieto, Donézar y López Puerta.  Calbet ve distancia entre las dictaduras de 1923-30 y 1939-1975 pero “determinadas ideas, instituciones e,  incluso hombres, fueron herederos en 1939 de la experiencia de los años dictatoriales que transcurren entre 1923 y 1930.”
Considera  Calbet que “es precisamente durante los años dictatoriales [1923-1930] cuando se produce “la verdadera transformación de la vida política española””, y no durante el periodo Berenguer-Aznar,   aunque ve en Primo de Rivera valores tradicionales de la derecha española, y sus escritos moralizantes “más propios de una sociedad mayoritariamente rural que de una sociedad industrial y moderna”, que entroncan con el regeneracionismo de Costa, Mallada y Macías Picavea.
 
Más recientemente, los análisis sobre el periodo han retomado los rasgos de la personalidad del dictador como parte esencial de su régimen. El perfil del dictador trazado por  Sueiro Seoane en 2002 es el siguiente:
Alegre, simpático y expansivo dio muestras de su constante locuacidad e incontinencia comunicativa […]. Bienintencionado, intuitivo su formación política no iba más allá de la aprendida en las tertulias de café. Imbuido de un regeneracionismo político ingenuo, optimista, superficial.” […]
 
“Espontáneo, pragmático, oportunista” […] aunque arbitrario, nunca fue cruel con sus adversarios, muy al contrario […] fue uno de los rasgos que más lo separaron del fascismo”
 
En cuanto a las visiones sobre la situación de la Restauración en 1923, el juicio de Sueiro no coincide con la visión optimista de Carr y Ben-Ami: “El régimen estaba tan desgastado que cualquier cambio con promesas de saneamiento político era visto con esperanza”. Pero sobre el periodo 1923-1930, Sueiro es clara y en ese sentido si coincide con Ben-Ami, -y con Calbet-: “La dictadura, concebida al principio como un “paréntesis” regeneracionista para “purgar” los vicios del sistema político restauracionista, había acabado siendo un período extraordinariamente fluido y cambiante, y en absoluto un mero paréntesis” .
 
En  obra reciente, Ramón Tamames  apunta muchas conclusiones coincidentes con Ben- Ami. E incide  en el carácter socialcristiano de la dictadura a pesar de cierta estética filofascista :
 
Por lo demás, el suyo no fue un duro régimen fascista, como el italiano, pues aparte de que el corporativismo primoriverista tenía una raíz propia de carácter socialcristiano, el dictador nunca tuvo ambiciones imperiales y se proclamó pacifista a ultranza, partidario del pacto antiguerra Briand Kellog
 
También refiere Tamames sobre el carácter de Primo de Rivera, que en la historiografía actual se considera  indisociable de su régimen, lo siguiente:

Tuvo también Primo un talante ajeno a la crueldad, que le diferenció claramente de Franco, por mucho que la dictadura de éste, de casi cuarenta años, se inspirara en su obra económica y social.”
Tamames menciona literalmente como “modernizaciones y progreso” del periodo, coincidiendo con la tesis de Ben-Ami de ciertos rasgos “modernos” :

“En resumen, cuando estamos abrumados por el acoso de la célebre memoria histórica, y por la nueva forma de reescribir la historia en función de criterios ideológicos más que de investigación de lo realmente sucedido, creo que traer a colación un período que duró más que la propia Segunda República en paz (seis años y cuatro meses frente a cinco años y tres meses), puede ser útil. Sobre todo si se subraya que Primo de Rivera dejó una estela de modernizaciones y progreso que históricamente se ha barrido casi de forma total; por el hecho de que no supo encontrar una salida democrática, aunque lo intentara en algún momento, a su mitigado régimen dictatorial.”
 
La obra de Ben-Ami, a pesar de la discutible visión optimista sobre una “democratización” de la Restauración  que supuestamente interrumpió la dictadura de 1923-1930 que no es compartida por muchos, si influye sin embargo con este postulado en que parte de la historiografía posterior viera los elementos originales y novedosos –eso sí, amalgamados con pensamientos muy presentes en el regeneracionismo español y en la idea de “revolución desde arriba” maurista-, que venían a combinarse con el pensamiento social cristiano, y desmiente por tanto la idea de “paréntesis” histórico evocada por otros autores. 
 
España siglo XXI: Miguel Primo de Rivera: la dictadura que “nunca” existió.
Los males actuales de la España del siglo XXI, con una educación muy deficiente y polarizada en extremos políticos de imposible conciliación –agravado por la descentralización en múltiples gobiernos regionales que en algunos casos buscan abiertamente denigrar el pasado de España, presentándolo a su vez como algo ajeno a su realidad “regional pretendidamente nacional”-  no es un caso único en el continente europeo. Todos los países europeos vecinos que en algún momento fueron potencias coloniales como Francia o Reino Unido experimentan en este siglo XXI una desubicación grande según se confirma la cada vez menor relevancia política mundial de los países europeos.
 
Es cierto que en España el estudio de la historia en el siglo XX ha sido especialmente convulso por la larga duración de la dictadura franquista, con sus visiones oficiales impartidas a los alumnos, elaboradas por la historiografía oficial. La llegada de la Constitución de 1978 y la fragmentación de la educación en España en 17 comunidades autónomas que apenas sufren una mínima coordinación, y que utilizan especialmente en los casos de Cataluña y País Vasco la educación para sus propios “proyectos de construcción nacional” hacen que incluso en el siglo XXI muchos periodos de la historia española estén en la mente de los ciudadanos más en el ámbito de la creencia que en los datos o los hechos.
 
 
Por contrapuestas que a veces puedan ser la interpretaciones de unos mismos acontecimientos, sería recomendable que los habitantes de la unidad política llamada España tuvieran una mayor riqueza educacional- aunque fuera a base de facilitarle a los alumnos versiones contrapuestas historiográficas- para que incrementen su conocimiento y puedan “elegir” sus conclusiones sin dogmatismos, algo que en cualquier caso parece difícil en el actual estado de fragmentación territorial competencial e ideológico en España .
 
No considero tampoco que la población de España tenga buen conocimiento de periodos mucho más abordados en la educación, y repetidamente mencionados en medios de comunicación, blogs, sitios web y obras académicas de todo posicionamiento,  como la Segunda República o la Dictadura Franquista, donde los estereotipos de toda condición cabalgan, y con las redes sociales y Whatsapp se propagarán al infinito…
 
Sin embargo la Dictadura de Primo de Rivera es como si no hubiera existido, como si se hubiera borrado del recuerdo…
 
La característica fundamentalmente no violenta del régimen de Primo de Rivera, con su toma del poder incruenta, así como la partida en vida de Miguel Primo de Rivera a través de una dimisión –aunque fuera forzada-, ha contribuido a que sea poco estudiada. La guerra Civil de 1936-1939 y posterior dictadura franquista, -que costaron centenares de miles de muertos- han concentrado el interés de historiadores, periodistas y población en general sobre Franco y su dictadura, olvidando los claros antecedentes organizaciones e ideológicos que el periodo 1923-1930 presenta.
 
Se ha de añadir en este apartado la voluntad de Franco de mostrarse como original y “moderno” en sus planteamientos de organización del “Nuevo Estado” corporativo tras 1939, haciendo aparecer a Primo de Rivera como une impasse o simple precursor sin bagaje ideológico suficiente. Franco nunca reconoció que su régimen simplemente retomó gran parte de lo creado en 1923-1930. Según Ben-Ami: “Franco se refirió más tarde a la dictadura de Primo de Rivera como una etapa de transición entre la era de los pronunciamientos y la de los sistemas “orgánicos””
 
Por último, no pocas veces el apellido Primo de Rivera lleva al imaginario de quien lo escucha a pensar en el hijo del dictador: José Antonio, que tan utilizado fue en la propaganda franquista como “mártir de la cruzada”, algo que en mi opinión ha contribuido a opacar la figura de su padre, circunstancia irónica,  pues justamente algunos historiadores han señalado que uno de los motivos para entrar en política  de José Antonio Primo de Rivera fue reivindicar la figura de su padre, hoy prácticamente olvidada por la mayoría.
 
La dictadura de “José Antonio Primo de Rivera”
 
Hasta La Vanguardia y la Agencia Europa Press han confundido en fecha tan reciente como 2011 a Miguel con su hijo José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española.
 
Un periódico publicaba con asombro la siguiente noticia el Domingo 27 febrero de  2011
 
‘La Vanguardia’ y Europa Press confunden al dictador Miguel Primo de Rivera con su hijo José Antonio.
Según estos medios, ‘en 1928’ España estaba sometida a ‘la dictadura de José Antonio Primo de Rivera’.
 
Toda una muestra de que hasta medios supuestamente serios tienen personal que confunde  hechos muy relevantes de la historia de España. Es un indicio de la situación precaria de la educación histórica buena parte de los españoles en la actualidad.
 
Gaspar Melchor de Jovellanos veía un problema importante de “instrucción” en la España del siglo XVIII.
 
Parece que persiste
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