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El turismo lastra las Bolsas y otros sectores siguen sus pasos

La pandemia ha provocado la recesión económica más profunda del último siglo a nivel mundial. Las economías desarrolladas llevan décadas en las que el sector servicios ha sustituido al sector industrial como principal motor de crecimiento económico, y precisamente debido a eso, esta crisis sanitaria está siendo devastadora para nuestras economías. 

Actualizado 5 febrero 2021  
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Pablo Gil, jefe de estrategia de XTB
  
Pablo Gil, jefe de estrategia de XTBEn España las cosas aún son más complicadas porque nos enfrentamos a varias peculiaridades que potencian los efectos adversos que se viven de forma global. Por un lado, el turismo, en este momento paralizado, representa un quince por ciento de nuestro modelo económico, y de forma indirecta un porcentaje mucho mayor. Además, arrastramos una lacra en el mercado laboral que nos sitúa sistemáticamente a la cola del desempleo siempre que nos comparamos con el resto de los países europeos, y muy en particular, cuando hablamos del paro juvenil, donde cuatro de cada diez están desempleados. Esta crisis ha hundido con especial dureza al sector turismo y a la hostelería, y por desgracia, para cuando se complete el proceso de vacunación, que nos permita volver a una cierta normalidad, muchos pequeños empresarios habrán desaparecido para siempre, obligados a cerrar sus negocios por falta de apoyos económicos que les permitan ganar el tiempo suficiente para sobrevivir a esta crisis. 

Nuestros países vecinos parecen haber entendido mejor que nosotros la importancia que tienen los empresarios en la futura recuperación económica. Las pymes representan una agrupación vital para evitar un descalabro en las cifras de desempleo presente y futuro, por lo que, si se las deja de lado y terminan quebrando, provocarán un fuerte aumento en la cifra de parados, y con ello, menos renta disponible, que se traducirá inexorablemente en un menor consumo e inversión, y sin esto último, no puede haber crecimiento económico. Durante 2020 España registro una de las peores crisis de nuestro entorno, solo sobrepasado por la profunda recesión de Reino Unido. Para este año partíamos con pronósticos alentadores, pero la mala evolución del Covid y un ritmo de vacunación muy inferior a lo que se esperaba en toda Europa han obligado a rebajar las expectativas por parte de los principales organismos internacionales, que retrasan la vuelta al crecimiento económico al segundo semestre de este año.
Y mientras el mundo se sumerge en una crisis económica que hace un año nos hubiera parecido sacada de una película de terror, las bolsas de forma generalizada cotizan en máximos históricos. Aunque como no, en esta comparativa España también sale perdiendo, ya que mientras las bolsas estadounidenses cotizan en su punto más alto de la historia, la bolsa japonesa alcanza niveles de precio no vistos desde hace más de una década y media, y el índice de referencia en Europa, el eurostoxx600 se encuentra a tan solo un seis por ciento de su mejor momento histórico, el IBEX35 tendría que subir más de un noventa por ciento para volver a los precios a los que cotizaba en 2007, antes de que se desatase la famosa crisis financiera que provocó un colapso en el sector bancario a nivel mundial. Pero antes de entrar en los detalles que han provocado el mal comportamiento del selectivo español en términos relativos, merece la pena reflexionar sobre los motivos que han provocado la disociación existente entre los niveles a los que cotizan los índices de renta variable y los fundamentos macroeconómicos, o dicho de otra forma más llana, porqué se está formando una burbuja histórica en la bolsa a nivel mundial.

En primer lugar, hay que entender que la bolsa hace tiempo que ya no cotiza en base a la evolución económica o los resultados de las compañías tal y como ocurría antaño. El motivo de este cambio es la irrupción de un nuevo jugador, que es tan potente, que ha cambiado las reglas del juego por completo. Hablo de los Bancos Centrales, esas instituciones que hace unas décadas se jactaban de ser independientes y que servían de moderadores de la economía, utilizando su principal herramienta monetaria para equilibrar la tasa de crecimiento económico, estimulando con bajadas de tipos de interés cuando surgían riesgos de recesión o enfriando los ánimos encareciendo el coste del dinero cuando detectaban sobrecalentamiento de las economías. Por desgracia, la crisis financiera que vivimos en 2008 marcó un antes y un después en su forma de aproximarse a los mercados. 

El colapso de Lehman puso en jaque al sector financiero de tal modo, que, por primera vez en mucho tiempo, fuimos consciente de lo vulnerable que era nuestro modelo económico si se perdía completamente la fe en el sistema financiero que lo sustenta. A partir de ahí empezamos a oír frases que nos han acompañado hasta ahora como “demasiado grande para dejar caer”, “haremos lo que haga falta, cueste lo que cueste”, “este sector o compañía debe ser rescatada porque son estratégicas para el país”, etc. 
Hablamos de conceptos que han dado carta blanca a los Bancos Centrales para hacer cualquier cosa con tal de evitar una nueva crisis. Y si fuesen medidas excepcionales, no habría nada que criticar, pero el problema es que las actuaciones de los Bancos Centrales se han convertido en algo permanente, y con su estímulo continuo han creado un mundo de inversores adictos a los tipos de interés al cero por ciento, a la inyección de liquidez sin límites, a la certeza de que el mercado de crédito no puede caer como lo hizo en 2008 gracias a las compras masivas que los Bancos Centrales hacen de bonos soberanos, corporativos, hipotecarios o incluso bonos basura, a la sensación de que nada malo puede ocurrir porque “harán lo que haga falta para evitar una nueva crisis financiera”, al aumento de las empresas zombis que no cubren con sus ganancias el coste financiero de su deuda, a gobiernos cuya deuda pública no para de aumentar y que ya rebasa niveles históricos, porque pudiendo acceder a una línea de financiación barata e infinita que proveen los Bancos Centrales, qué sentido tiene preocuparse de mantener un equilibrio presupuestario. Este tipo de conductas llevan al inversor a menospreciar el riesgo a la baja, y cuando uno percibe que tiene poco que perder suele tomar decisiones de inversión cada vez más agresivas. 

Y dentro de este mundo de desequilibrios cada vez mayores nos encontramos el IBEX35 todavía a años luz de como cotizaba en 2007. Hablamos del selectivo español, representado por las treinta y cinco empresas de mayor capitalización bursátil en España, pero que, en realidad, cuando analizamos su composición sectorial, descubrimos que todo gira en tono a tres o cuatro sectores. Nuestro selectivo siempre ha adolecido de una gran concentración de peso en pocos sectores. Hace quince años el sector financiero casi pesaba el cuarenta por ciento del índice frente al diecisiete actual. 
Hoy, es el sector energético el que representa el treinta por ciento del selectivo, con un papel muy destacado de Iberdrola, con casi un diecinueve por ciento de peso. Los otros dos sectores claves son el sector de tecnología y telecomunicaciones con un dieciocho por ciento y el sector de bienes de consumo con un diecisiete por ciento, si bien aquí, al igual que ocurre en el sector energético, el peso de Inditex es clave. 

El único consuelo que le queda al inversor español es que se produzca una rotación de apetencia del sector “growth” al sector “value” durante los próximos años, en cuyo caso podríamos ver como nuestro índice recupera algo del terreno perdido contra los índices de otros países. Pero al margen de esto, nadie debería ignorar la realidad absoluta de que vivimos un espejismo en las bolsas a nivel mundial, completamente alejadas de la realidad económica y sustentada en la intervención continua de los Bancos Centrales que promueven el endeudamiento como si se tratase de la medicina que cura todos los males. Con tanta liquidez en el sistema, cuando llegue la recuperación económica, y llegará, el riesgo de que surjan presiones inflacionistas será grande, y de ser así, veremos como se las ingenian los Bancos Centrales para comunicar a un mundo de inversores aleccionados y adictos al dinero ultra barato e ilimitado, que se cierra la barra libre que ha sustentado este mercado durante tantos años.
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