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La impostura en la utilización del lenguaje

¿Es España una "Democracia" desde 1978?

Cada nueva generación va buscando su camino. Es vana la creencia de que se aprende de las generaciones pasadas, más allá de lo vivido los años más próximos. Lo más preocupante de la involución ideológica que se observa este principio del siglo XXI  es que recupera  las degradaciones humanas del primer tercio del siglo XX, todo ello a través de una impostura lingüística que degrada y falsea el significado de las palabras.

Actualizado 25 octubre 2017  
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Gonzalo Fernández de Navarrete G.V
  
El estudio de los hechos pasados implica un mínimo conocimiento de economía, de derecho, de historia, de filosofía, de matemáticas, del lenguaje…. Aquellos que pretenden arrogarse el monopolio del análisis de los hechos pasados suelen ser los que menos difusión alcanzan  en sus escritos, y los que menos elementos para la claridad semántica aportan.
 
En cualquier caso el volumen de información actual, en textos que se distribuyen en periódicos digitales online, en Whatsapp, en Facebook o resumidos hasta la extenuación en Twitter, hace que caduquen de modo casi instantáneo hasta que el siguiente mensaje opaque o haga olvidad al anterior.
 
Por eso es de la mayor importancia que aquellos que desde el aprendizaje han de asegurar la retransmisión de los conceptos a las generaciones futuras, no olviden que lo más importante es que los nuevos ciudadanos –adoctrinados por diferentes vías-  su voto y acción pueden facilitar vueltas atrás a modelos de inspiración totalitarios que niegan los derechos de los individuos . Pueden ser  antiliberalismos de izquierdas inspirados en el marxismo o el anarquismo, o bien antiliberalismos nacionalistas de derechas. Ambos anteponen unos supuestos derechos colectivos que una  dirección política se encarga de interpretar o imponer, sobre los derechos del individuo, que son aniquilados.
 
De hecho en muchos países se denomina “populismo” actualmente a esos movimientos difusos antiliberales que presentan en porciones estas dos características, por eso es muy importante que desde los poderes públicos, y los entes privados se repita sin cesar el significado de las palabras para que si en un momento dado se produce una vuelta a sistemas de imposición política que creíamos olvidados.
 
Uno de los mensajes más repetidos en los últimos años por los enemigos de la idea de una España organizada en la Transición como monarquía Constitucional – esos enemigos son fundamentalmente los nacionalismos periféricos exacerbados vasco y catalán, y los partidos de inspiración  marxista y anarquista totalitarios- es que en 1978 no hubo cambio de sistema político en España. Que hubo una continuidad con el sistema establecido tras la Guerra Civil.  Y eso supuestamente se debe a que las propias Cortes Franquistas aprobaron la ley para la reforma Política que permitió el paso a un sistema político de Democracia representativa neoliberal, equivalente a la que existe en Holanda, Reino Unido, Suecia o Noruega. En estos países existe la figura monárquica como Jefe del Estado, bajo el dicho tantas veces repetido de “el rey reina pero no gobierna”. Eso mismo sucede en España.
 
El pobre argumento de que al haber sido los representantes de las cortes “orgánicas” franquistas quienes  facilitaron la Transición desde un régimen político centralizado al nuevo sistema político de Monarquía Constitucional y descentralizado, y que ese “pecado original”  supondría una continuidad sistémica,  sin embargo ha cuajado en una parte poco instruida y muy dogmatizada de la población.
 
Ese argumento sería lo mismo que decir que como Vladimir Putin fue jefe del KGB, hoy en día la Rusia actual mantiene el sistema de colectivización soviética, por ejemplo. Evidentemente tanto lo de que España no es un Monarquía constitucional democrática, o que la Rusia actual sigue siendo como la URSS no dejan de ser simplonerías alejadas de la realidad de los hechos. 
 
En cualquier caso es mucho “más fácil criticar que hacer”, pero hay autores que han aportado elementos basados en hechos concretos, y no solo en creencias dogmatizadas. La argumentación de Josefina Cuesta en que realiza una detallada exposición en un libro reciente, parece más centrada en una interpretación certera de los hechos de la Transición española y de los años de Monarquía constitucional desde 1978, que niegan que se olvidara el trauma de la Guerra Civil y posterior franquismo en esos años desde 1975  hasta la actualidad:
          
“Las páginas precedentes y las que siguen pueden contribuir a rechazar la idea de una transición amnésica y a reforzar la de una    transición memoriosa, silenciosa en algunos campos, como el político o el de la justicia, pero alimentada por el recuerdo colectivo – social y político- de los traumas pasados, y por los recuerdos personales de un pasado reprimido, excluido o transterrado, o por el de las víctimas desaparecidas”
 
 La Transición fue hecha por movimientos que no eran monolíticos y que habían pasado muchas vicisitudes en los decenios previos, pero que tenían claro el objetivo de establecer un sistema propio de las democracias occidentales. La forma adoptada finalmente respetó la tradición monárquica española, no fue fácil el acuerdo. 
 
No había existido una “derecha política” homogénea en España que apoyara sin fisuras el régimen del general Franco. Parte de la derecha española también es la que participa en el Consejo privado de Don Juan que tras el Manifiesto de Lausana de Marzo de1945,  en que Don Juan de Borbón  promueve el regreso de la democracia, o la que tras el fin de la guerra hace que Gil Robles critique al régimen franquista, o la que participa en lo que el Régimen llama “el Contubernio de Múnich” con sus corriente Monárquica liberal y Democristiana. Fue una derecha diversa, como diversa es hoy en día, con diferentes corrientes, como lo es la izquierda, como lo fue la izquierda en 1936.
 
Lo mismo ocurrió con la Izquierda menos exaltada. Hubo diferentes sensibilidades, y se impuso en los años 60 y 70, tras muchos debates y divisiones, la parte más pragmática.
Quizás la insatisfacción de esa corriente de la recuperación de la memoria Histórica con el PSOE tiene el origen de su insatisfacción en ese mismo congreso de Múnich de 1962:
 
         “En el transcurso del congreso, Rodolfo Llopis le pidió a Joaquín Satrústegui que transmitiera al Conde de Barcelona:
         “El PSOE tiene un compromiso con la República que mantendrá hasta el final. Ahora bien, si la Corona logra establecer    pacíficamente una verdadera democracia, a partir de ese momento el PSOE respaldará lealmente a la Monarquía.”
 
Esa “República” cuya palabra es tantas veces repetida en el texto tiene sin embargo múltiples acepciones.
El concepto de República se define por la Real Academia de la Lengua Española en dos vertientes principales  “(Del lat. Respublĭca). [República etimológicamente significa “cosa pública”]
. f. Organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un período determinado.
. f. En algunos países, régimen no monárquico [...].”
 
 
En el caso de Wikipedia –que bien merece el principio de Asturias que recibió por comunicar de forma sencilla muchos conceptos esenciales en su web- define elementos que debe tener un gobierno para ser considerado ““República” occidental:
 
           I. La periodicidad en los cargos
           II. La publicidad de los actos de gobierno: no es posible el secreto de Estado
           III. La responsabilidad de políticos y funcionarios públicos
           IV. La separación y control entre los poderes
           V. La soberanía de la ley
           VI. El ejercicio de la ciudadanía, quien pone y depone
           VII. La práctica del respeto, y no la intolerancia, con las ideas opuestas
          VIII. La igualdad ante la ley
           IX: La idoneidad como condición de acceso a los cargos públicos”
           El Estado, que es el conjunto de instituciones que ejerce su gobierno y aplica sus leyes con soberanía sobre un territorio delimitado, necesita que ese poder de mando ejercido por el gobierno, se halle organizado de algún modo. Así puede ser monárquico o republicano.”
 
 
Por lo tanto, la democracia española actual, cuya Jefatura del Estado ostenta un rey de corte hereditario pero que no tiene poderes ejecutivos,  contiene las características descriptivas de una República Democrática, tal y como ocurre en otros países europeos que respeten su tradición y su historia monárquicas, que son las que más estabilidad le han aportado como Reino Unido, Países bajos o Suecia.
 
 
Otra cosa opuesta sería hablar de lo que se denominan llaman “Repúblicas socialistas”, o Repúblicas de inspiración Marxista, que tienen poco que ver en su contenido con las virtudes de una “República” que respete la democracia.El propio Wikipedia lo describe así lo que ocurrió con esas repúblicas socialistas, populares, marxistas: […] las estructuras de gobierno socialistas acabaron siendo, en la práctica, muy piramidales.” Una forma “fina” de decir que no fueron democracias sino tiranías que arrasaron con los derechos individuales y de las minorías.. No dejemos que 100 años después de la llegada de la URSS y de sus “democracias” populares, y de los exacerbados nacionalismos de primer tercio de siglo XX se vuelva secuestrar el término “democracia”.


Por último, aquellos  que también desde un nacionalismo periférico exacerbado  pretenden denostar o destruir la España actual no significan futuro alguno, sino que pretenden aportar “soluciones” cantonalistas o medievalistas falseadas de división o de rancio nacionalismo que cuando han sido ensayados en España no han traído más que atraso. Pocos saben tras la primera República española,  los barcos del cantón de Cartagena acabaron bombardeando a los cantones y ciudades como vecinas exigiendo impuestos por la fuerza de las armas en 1874…
 
Se dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. No regresemos a experimentos fallidos. No permitamos que ocurra. La historia debería servir para aprender algo.
 
No dejemos de repetir conceptos que aunque parezcan redundantes pueden asegurar que aquellos que atacan sin cesar nuestro sistema de libertades en la España que disfrutamos desde la Constitución de 1978. Las generaciones siguientes deben conocer los errores pasados para no repetirlos.
 
Algunos  se dicen profetas de la “nueva política” basando su ideología en movimientso anarco-marxistas que evidentemente no  muestran novedad conceptual alguna. Otros buscan crear Repúblicas imaginarias en viejos cantones y regiones,  basados en criterios de un nacionalismo trasnochado, cerrado y xenófobo contra los que no creen en sus historietas inventadas. Esto último es lo que sucede con el nacionalismo catalán actual y su torpe y totalitario “procés”. Solo pretenden el regreso a un pasado fallido,  de atraso, al mismo tiempo que se venden como “demócratas”. No lo son. Hay que contrarrestar de modo permanente sus mensajes para que las nuevas generaciones aprecien y defiendan el sistema en que viven y rechacen quimeras involucionistas.
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